Error 19-13 es un portal que busca fortalecer la producción de crítica de arte y la formación de públicos. Se propone como un estímulo para reconocer las capacidades críticas y la libertad intelectual de estudiantes universitarios, investigadores y escritores en general. Se espera publicar ensayos, críticas, encuentros, manifiestos y textos literarios que se pregunten por las condiciones de producción y circulación de las prácticas artísticas en el circuito del arte regional de los últimos años y sus relaciones con el ámbito nacional e internacional. En este sentido, permite descentralizar la reflexión sobre arte en el país y crear un archivo en web, que aportará a la construcción histórica del arte en nuestras latitudes. Error 19-13, en definitiva, obedece a la necesidad de generar nuevos diálogos y debates, en la esfera pública, que nos permitan pensar las prácticas artísticas contemporáneas, sus interpelaciones a nuestras formas de vida y el lugar del error en los procesos de creación.
Muchas personas piensan que tengo una vida perfecta, esto es absurdo porque la perfección es inalcanzable. En ocasiones me he sentido mal e impotente por aquellos que no lo entienden. Ellos son quienes se encargan de crear un modelo de vida que solo se sustenta en la apariencia, ciertos aspectos de la vida se convierten en una «ficción», cumpliendo todo lo que socialmente se ha impuesto como “bueno”. Se supone que cada uno de nosotros debe tener una vida llena de alegría, paz, tranquilidad, cosas que aparentemente asimilamos para mantener el control y la cordura. Es como si fuera un sueño, en el que se quisiera estar ensimismado y cuando se despierta la realidad es otra. Casi nadie nunca nos habla de qué es lo que hay qué hacer para poder llegar a cumplir a “plenitud” esta vida buena, nadie nos dice que esto no es tan fácil como parece. Mucho menos, nos enseñan a reírnos de nuestras tragedias, cuestión que sí podemos aprender en los memes.
Figura 1. Estoy teniendo un año doloroso [Meme de Pharrael Williams]
La vida es un bucle constante de tragedias. A nadie se le puede negar que la tragedia está presente en todo. Hay tragedias absurdas, unas las he vivido a causa de mi torpeza, como aquel día en que se me resbaló la pizza de las manos (no tenía dinero para pedir más comida) y justo cayó en la parte del queso.
Figura 2.Tragedia absurda [Meme]. Disponible en plandyland.net
También hay tragedias mucho más difíciles de vivir como el duelo o la muerte. Esta palabra es compleja, uno la menciona y la gente se horroriza, por eso hay que hablar de ella. Porque a fin de cuentas esto no es la cosa del otro mundo, solo hay que aprender a asumirla «sin pesar alguno». Los artistas sabemos lidiar muy bien con esto. Es muy curioso que sepamos llevar las ideas a tal punto que sean funcionales ante un público. Sabemos convertir la palabra en imagen. Hasta el momento no conozco el primero o la primera que no haya tenido que pasar por algún tipo de crisis y no haya sacado un resultado creativo a partir de ella. En este campo artístico hay muchas maneras de expresar este concepto. La existencia misma es trágica y cruel, entonces, ¿por qué no sacar provecho de eso?
Figura 3. No quiero que me tomen en serio [Cómic].
Hay muchos caminos para trabajar la tragedia cuando uno es artista. Me imagino una serie de derivas, a lo menos hago una selección porque se podría decir que son infinitas. Aquellas con las que generalmente más me identifico, parten de experiencias personales, que al tiempo se convierten en impersonales porque yo no soy la única que ha experimentado estas sensaciones. Para mencionarlas muy someramente son: la muerte, la ausencia, el vacío y la inconformidad. Probablemente surjan muchas más y esto es solo una pequeñísima parte de lo que pienso a la hora de producir.
Figura 4. La vida es un absurdo [Meme].
Estas cuatro bases son mis premisas, pero generalmente no son mis resultados. Cuando hablamos sobre estas problemáticas no necesariamente debe ser literal, porque para qué entregarle al espectador o espectadora todo ya meticulosamente pensado, sí él o ella también puede razonar por sí mismo o sí misma. Es darles la oportunidad de crear su propia ficción a partir de esa creación.
Figura 5. Decidiendo con qué voy a estar triste hoy: mis traumas infantiles, mi cuenta bancaria, mi salud mental, mi peso, etc.[Meme]
Soy una de las más pequeñas en mi familia, es decir, la más joven. Ellos creen que soy fuerte y que tengo muchísima energía. De alguna manera, soy el reflejo de la «estabilidad emocional» que necesitan, no puedo decepcionar a nadie. Tristemente esto también es una apariencia que todos nos hemos creado para mantener un equilibrio, pero no es del todo cierta. Creen que porque tengo un carácter fuerte, tengo la valentía de asumir todos mis problemas.
Figura 6:Gatito valiente [Meme]
Como artistas también nos hemos encargado de crear estas ficciones, todos sabemos que no somos tan estables como lo pueden aparentar nuestras obras. Los mismos medios de comunicación, gremios o colegas se encargan de crear historias que nosotros ni sabíamos que existían.
Figura 7. Andersen, S. (2018). Artista en los medios [Tira de cómic].
Nuestra estabilidad emocional y creativa es como una montaña rusa. Llena de adrenalina, temor, y muchos altibajos. Cuando estamos empezando a crear una idea, todo está perfecto, creemos que ha sido lo mejor que hemos hecho hasta el momento, luego llega la etapa de la frustración, esa creación se estanca en medio de todo y, a veces, se queda mucho tiempo ahí. Por último, cuando ya creemos que está lista, nos quitamos un peso de encima. Ser artista es muy agotador.
Figura 8. Anderson, S. Mi autoestima [Cómic]
La tragedia parte de un punto muy particular que es una sensación o acontecimiento que luego se expande a lo universal porque hay un punto de encuentro entre las personas y esa particularidad. Todos sabemos que nuestra vida no le interesa a nadie y mucho menos se preocupan por ella. Cada quien está muy ocupado tratando de arreglar sus problemas, pero nadie se da cuenta que todo esto se trata de un asunto colectivo: todos estamos intentando superar nuestras crisis. Por esto, es que hay que considerar a la tragedia como un baile, una pseudocomedia, algo dinámico que ayuda a superar lo pasado.
Figura 9. Lo que yo siento, lo que a los otros les importa [Meme diagrama de Venn].
Muchos me tratan de exagerada o dramática por estar hablando de mis situaciones dolorosas de manera muy abierta. Pero siento que a veces es necesario, tampoco uno tiene que sobrepasar el límite de la «vida privada», solo con revelar un par de detalles es suficiente para dejar eso a un lado y superar situaciones cuya descripción más extensa causarían un hueco gigante en nosotros. La tragedia es algo muy normal, además, ¿quién no se reiría de las desgracias del otro? Nadie puede negar que en algún momento se ha burlado de alguien que se tropieza o realiza una acción que uno sabe que es absurda.
Figura 10.Monsters Inc. Musical [Meme]
El arte funciona como un método catártico para sanar los dolores, funciona como una terapia para no caer en pensamientos, que en este caso, puedan llegar a hacerme daño. Finalmente es esa cura, que permite el desahogo de todos los males. Así mismo la tragedia es esa que anuncia todo lo que parece ir en picada hacia un lugar inesperado, le enseña a una a reconciliarse consigo misma.
Figura 11. Ansiedad [Memes]
Académicamente todo lo mencionado hasta el momento es llamado como lo “autobiográfico” o lo “autorreferencial”. Y aunque parezcan iguales, no lo son. La una narra la vida del artista y la otra expande esa narración a algo tan supremamente general que se llega a comprender que se comparte esa experiencia con el otro. Se vuelve algo dinámico, empático o interactivo. Hacer parte del mundo del arte tiene que ver con tener el valor de hablar en público sobre estos temas que quizá otros no se atreven a mencionar. A veces odio ser artista, la alta sensibilidad ante todo me afecta mucho emocional y mentalmente, pero no puedo dejar de serlo, es como si esto se me hubiese convertido en una adicción. La tragedia se me ha convertido en un estilo de vida.
A manera de conclusión, realicé una pequeña definición de la tragedia.
Figura 12. Hincapié, S. (2019). Mi definición de tragedia. Manizales. Cortesía de la autora
Figura 1. Montoya, J. (2019). Crónicas de un cuerpo testigo [Pintura]. Manizales: Centro de Museos Universidad de Caldas. Fotografía cortesía del Festival Internacional de Arte Contemporáneo
Muerte, muerte, muerte
que te presentas lenta
Blanca y roja
Siempre indiferente,
En la lejanía que nos llegas
¡En el silencio o grito nos esperas!
Misterio que levitas
Murmurio que silente invitas,
A no mirar más y callar,
A no mirar más,
A no mirar.
¡Ay, memoria del desahuciado! ¿Por qué si todos somos testigos, víctimas y verdugos, nos negamos el hablar, el recordar? Un cuerpo extendido yace inmóvil, en ningún lugar. Plácido, sin vida, el dolor es mucho, como si soportara el sufrimiento de todos los exiliados de este mundo. En la retórica del mundo nos persuadimos con la huida, sea fortuita o desesperanzada. En la negación suponemos librarnos del pecado. El mutismo es la enfermedad de nuestro desamparo, como todo náufrago alucinamos y hasta esto nos fatiga. Creemos que el consuelo consiste en desaparecer, que el olvido nos será grata redención de la inopia. La condena al parecer es repetir toda desgracia, flagelo histórico.
Una pincelada ligera, casi etérea, invisible, un cuerpo que reposa en un ocre de tierra blanda que nos nombra. Sin rostro la figura estoica, una manta, así el sudario del nazareno de Sion, no solo nos habla de la muerte del hombre sino de lo divino ¡Crepuscular huida! Como todo en lo baldío, nuestra herida es de todos y de nadie. Así el ídolo muerto, aquí enterramos a los santos a machete y llamamos gobernantes a los verdugos.
Hablar del Medellín de los 80-90’s es reconocer una de las épocas más sangrientas de la historia del país, cuyos fantasmas aún se asoman, en los rincones indómitos de este platanal labriego, a bala y sangre. Ese umbral de carmesí azabache es una crónica que no se puede tomar a la ligera. Lo ominoso murmura su aparición, en la posición “decúbito”.
John Mario Montoya nos invita al silencio, al recordar. No reproduce la sevicia de la brutalidad -esta nos es condición intrínseca- sino que murmura el luto de la pérdida confusa, murmura la pérdida del luto. Si bien es una obra compuesta por un archivo colectivo -la apuesta por la memoria nacional desde una mirada en particular- es preciso recalcar su valor alegórico, en la disyuntiva de un discurso otro, cuya metáfora nos hace pensar en la naturaleza humana, en el ocaso, pensamiento crepuscular del cataclismo y el colapso. Aquí siempre son los últimos días.
Figura 2. Montoya, J. (2019). Crónicas de un cuerpo testigo [Fotografía Sala]. Manizales: Centro de Museos Universidad de Caldas. Fotografía cortesía del Festival Internacional de Arte Contemporáneo
Por
eso sus cuerpos -más que figura humana o condición histórica- son un paisaje
onírico, horizonte en ruinas y premonición desolada, fatum terrible. Veo
en sus formas la narrativa no solo de las comunas en danzas de metralla, un
monte de minas y sombras, urbe magnicida sumida en el caos y el terror; veo la
incertidumbre que siempre acecha -por tardía que parezca- una naturaleza muerta
que se extiende con la muerte como hecho irrefutable, mirada prófuga, nos da
conciencia de lo irremediable por casual y causal; un vanitas del cual somos los ácigos frutos de todo los deicidios y
los genocidios de lo humano, el territorio que nos respecta es la Babilonia de
rameras y corsarios, el infierno que nos alberga, en la ciega fe de un paraíso
de amargados.
Por eso su pintura es un agudo augurio, una visión fehaciente de lo que fue y es, una palabra muda, sin punto aparte que preceda.
Nota: La exposición de John Mario Montoya se presentó en el Centro de Museos de la Universidad de Caldas, en el marco del cuarto Festival Internacional de Arte Contemporáneo, del 16 al 20 de septiembre del 2019. Crónicas de un cuerpo testigo es un proyecto de investigación-creación realizado en la Maestría en Artes de la Universidad de Caldas. Les compartimos el texto curatorial de la exposición:
“Las crónicas de John Mario Montoya están escritas en su cuerpo, la violencia colombiana logró atravesar su piel, su carne, sus pinceladas y sus huesos. Su obra es un testimonio, un testimonio de la más cruel de nuestras costumbres, pasiones y apetitos; nos recuerda que, en Medellín, en 1990, la muerte estaba en todas partes, siete mil personas fueron asesinadas y la cabeza de un policía valía dos millones de pesos. El primer recuerdo que tiene de su barrio es el cuerpo de un hombre que se estremecía por las puñaladas, hasta caer al suelo. En San Pío la muerte era algo tan cotidiano que los niños jugaban en los velorios, salir a la calle o a la iglesia podía terminar en disparos y un grito de sicario “a volar hijueputas”. En una ocasión tuvo que buscar a su hermana entre los cuerpos de una masacre, cuerpos dispuestos horizontalmente por el suelo del bar que frecuentaba las quincenas. Se enteró de la toma del palacio de justicia mientras esperaba el bus para ir al colegio, trabajaba repartiendo periódicos, sabía que era el portador de las malas noticias. Cuando cumplió la mayoría de edad tres candidatos a la presidencia fueron asesinados, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro Leongómez, mejor no votar, país de mierda. El artista nos recuerda que en Colombia la violencia se repite, la esperanza suele ir acompañada de espectros, de fantasmas, de cuerpos en posición horizontal, cuerpos que representan no solo a las víctimas, sino a quienes cargamos con el peso de haber sobrevivido, la herida sigue abierta, no se puede dejar de ser testigo de la muerte” Pedro Antonio Rojas Valencia.
Figura 1. Álvarez, M. (2018). Acción de duelo [Performance] Manizales: Festival Internacional de Arte Contemporáneo. Fotografía cortesía del Festival Internacional de Arte Contemporáneo
Angélica: Para comenzar, nos
gustaría que nos contaras ¿cuándo surgió tu interés por el arte?
Manuela: Yo creo que nací artista, siempre me he sentido artista. No tengo claro cuando fue, porque desde chiquitica me gustaba pintar, me encantaba dibujar. Siempre he sido una persona muy sensible, incluso eso me trajo como algunas dificultades en la adolescencia porque nadie me entendía en el colegio, era distinta, sentía el mundo de formas distintas. Mi interés por el arte ha estado siempre y siempre he tenido el apoyo de mis padres, eso ha sido muy importante; ellos no son artistas, pero me regalaban los vinilos, mi abuelo tenía una papelería, me regalaba pinturitas y cosas; mi abuela era artista, creo que mi interés viene de ahí. Creo que nací siendo artista.
Angélica: Cuéntanos sobre tus
estudios ¿dónde has estudiado artes?
Manuela: Estudié en la Universidad Javeriana Artes visuales, la carrera tiene tres énfasis: énfasis audiovisual, para hacer cine o animación; énfasis gráfico, para hacer grabado y dibujo (no diseño sino la parte gráfica de las artes); y el énfasis plástico. Hice doble énfasis, es como si hubiera hecho dos carreras: el énfasis gráfico y el énfasis plástico. Tengo una doble titulación, maestra en artes visuales con énfasis gráfico, maestra en arte visuales con énfasis plástico. Ahora estoy haciendo la maestría en arte, también hice un curso online en la Universidad de Edimburgo sobre Andy Warhol y en la Universidad de Harvard sobre arte y educación, estos dos cursos han sido gratuitos ¿Conocen Coursera? se trata de una plataforma que ofrece cursos en internet, hay cursos en inglés y en español.
Angélica: ¿Cómo fue tu vida en Bogotá?
Manuela: Me fui a estudiar artes en la Universidad Javeriana a los dieciocho años. Esta historia me llena de orgullo, porque estudiar artes fue la decisión que tomé cuando salí del colegio. A mi papá económicamente le iba bien, él me pagaba la universidad, me mandaba una mensualidad y con esa mensualidad yo vivía en un apartamento, pagaba los servicios y los materiales. Cuando tenía veinte, estaba en cuarto semestre, mi papá se quebró, entró en una crisis económica horrible y me dijo: “Manu, ya no te puedo pagar todo, te sigo pagando el semestre, pero tu sola por tu cuenta, miraras que haces para tu arriendo y tus servicios. La otra opción es que te devuelvas a Manizales a estudiar en la Universidad de Caldas y vives en la casa”. Entonces yo le dije que no, “me voy a quedar en Bogotá”. Estudiar en Bogotá, en semejante ciudad tan cara, con los precios de los materiales, en la Javeriana no sirve el óleo medio, no, tiene que ser el óleo francés, marca “tal”. Comencé a trabajar en un jardín infantil como profe de arte y, al mismo tiempo, estudiaba. Me pagué el sostenimiento, eso es para mí un motivo de orgullo, yo estaba por mi cuenta. Se puede estudiar y trabajar, se puede tener un buen promedio y seguir trabajando, con mucha disciplina. Para mí era más cómodo regresar donde mis papás, pero no lo hice, fue una forma de demostrarme a mí misma que yo podía seguir adelante. Esta experiencia me sirvió mucho para afrontar la viudez siendo tan joven, me di cuenta de que soy una persona valiente.
Angélica: ¿Has trabajado la pintura?
Manuela: Sí, he trabajado la pintura, pero yo no me considero una pintora. Admiro mucho a los pintores, se pintar, se cómo funciona teóricamente la pintura, a veces pinto, pero no me considero una pintora para nada. Hay algo muy importante, creo que uno no debe ser nada y ser todo. Casarse con una sola cosa es chévere, porque uno es disciplinado con eso, pero también es importante explorar, pensar, mirar diferentes medios ¿por qué no? Hacer varias cosas, quién le dice a uno que no, puedo hacer fotos, hacer dibujos, ser pintora, ser performer, escritora si quiero, eso no importa, los límites se perdieron. Me parece muy aburrido ser solo dibujante, amando al dibujo como lo amo.
Yudy: ¿Qué obras has hecho desde el dibujo?
Manuela: Mi primera libreta de dibujo fue a los 15 años, considero las libretas como obras, porque uno encuentra cosas muy chéveres. He hecho varias, hice una que se llamaba La amante imperfecta y era una serie de dibujos, autorretratos. Estaba fracasando mucho en el amor, entonces dibujaba a cada uno de esos novios que tuve, todos esos amores, y los eliminaba, los representaba como unos venados a esos hombres. El venado me parece un animal muy tierno, pero me parece que esos cuernos peluditos, igual te pueden hacer mucho daño, son unos cuernos tiernos, pero te pueden envestir. Me parecía que así era como comprendía a los hombres, era una cosa muy dual, el último dibujo de esa serie es un video en el que yo me hacía un tatuaje que decía “yo mate a bambi”.
Figura 2. Álvarez, M. (2021). I killed Bambi [Dibujo]. Colección particular. Fotografía cortesía de la artista
Después hice una sobre el amor, me ha encantado dibujar sobre el amor y era una serie de cartografías en las que yo representaba todas las posibles situaciones amorosas con nodos, como icebergs y unas islas, una decía tiempo y otra decía espacio, formando una especie de plano cartesiano y las islas así, entonces, se encontraban el mismo tiempo, pero no en el mismo espacio, todas estas imágenes eran reflexiones sobre el amor. Hice otra serie sobre la meditación y el ego, a mí me encantan las series porque uno puede reflexionar y reflexionar sobre un mismo tema, cuando salí de la universidad dibujaba muy bien, es una cosa que afecta el ego, cuando uno dibuja muy bien. Entonces empecé a meditar y empecé a entender que yo no necesito demostrarle a nadie que yo dibujo muy bien, eso simplemente lo sé, cierto, pero no necesito demostrárselo a nadie, entonces, hice una serie sobre esa pérdida de ego y cambio totalmente de estilo.
Figura 3. Álvarez, M. (2014). Los pesos del ego [Dibujo Serie Relativo y absoluto]. Manizales Fuente: Fotografía cortesía de la artista
Ahora hago unos dibujos sin esa pretensión de “mírenme yo lo hago súper bien”, ahora son dibujos de unas siluetas completamente negras y no importa si son hombre o mujer, renunciando un poco a la identidad y a ser más como un ser espiritual.
Figura 4. Álvarez, M. (2014). “At a far distance is seen the indweller of the house reverberating.” (Rik Veda 7.1.1) [Serie Relativo y absoluto]. Manizales: Casa Badillo. Fuente: Fotografía cortesía de la artista
Yudy: Quería preguntarte sobre su trabajo de grado.
Manuela: Sí, mi tesis se llama Tensiones entre luz y sombra. La obra nace de recordar que cuando era chiquita me llevaba muy bien con los niños y a mí me encantaba jugar con ellos, jugar con palos, piedras y ensuciarme. No me gustaban las muñecas y eso me trajo muchos conflictos. Pero no tenía nada que ver con mi identidad, no era que yo quisiera ser un niño, ni que a mí me gustaran las niñas. No tenía nada que ver con eso, sino que me gustaba el juego de los niños. Toda la vida me la he llevado bien con los niños, con los hombres más que con las mujeres. Precisamente porque nunca he tenido un interés en las muñecas, ni he tenido un interés en el maquillaje, ni a las fiestas, ni los vestidos, eso me traía conflictos. Entonces, decidí hacer la tesis sobre esas experiencias, empecé a crear un alterego que se llamé Simón. Mis papás no sabían si iba a ser niña o niño, Simón era el nombre que me iban a poner si era niño.
A mi alterego Simón lo convertí en fotógrafo y a Manuela le creé un “flicker”, todo el mundo creía que yo era él. Sin embargo, me empecé a sentir mal porque sentía que seguían distanciados y quería era reconciliar esas dos partes en mí, una parte que es muy femenina y otra parte que es muy masculina. Me acordé que cuando era niña siempre quería orinar parada, porque es muy cómodo, entonces, eso es lo que yo hago al final. Realizo una performance en la que orino parada en la laguna del Neusa, completamente desnuda, mirando a la laguna, no de frente a la cámara porque siempre que uno ve a un hombre orinando, uno lo ve de espaldas. Tenía una rosa en la cabeza, era una acción completamente femenina, no quería tratar de imitar a los hombres, sino de ser una mujer orinando parada. Pienso que así me libero de esta dualidad y reconcilio estas dos cosas en mí. Esa fue mi tesis de la universidad, me fue muy bien con ese trabajo, fue una tesis laureada.
Yudy: Quisiera hacerte una pregunta muy abierta ¿Qué piensas cuando escuchas la palabra interior?
Manuela: Responderé esa pregunta abiertamente, en el arte lo interior está relacionado con lo íntimo, para mí es algo muy potente, algo en lo que yo he trabajado siempre como artista. Hablo de esa manta imperfecta que soy. Hablo, por ejemplo, del amor, pero ¿qué habla de manera más íntima que el amor? También hablo sobre la meditación y la pérdida del ego, es un trabajo muy íntimo porque reconocerse en el ego no es fácil. La última serie que estoy haciendo que se llama Yo Duelo, se trata de una serie de performance que surgen a raíz de la muerte de mi esposo ¿Qué más íntimo que hacer el duelo público? Cuando pienso en la palabra “interior” en el arte y en mi propia obra, la relaciono con la intimidad y la conexión de uno con uno mismo, con la conexión de uno con sus propios sentimientos y pensamientos, para llevarlos al exterior, por eso me parece que el arte es muy potente.
Figura 5. Álvarez, M. (2018). Sin título [Dibujo]. Manizales: Colección particular. Fotografía cortesía de la artista
En la universidad, cuando hacía mis trabajos los profesores me decían “eso está muy personal”, yo contestaba ¿de qué más puedo hablar? Si, yo sé, puedo hablar de política, me encanta el arte político, pero no es el que yo quiero hacer; el arte puede hablar del medio ambiente, pero no es lo que quiero hacer, el arte puede hablar de género, pero no es lo que quiero hacer. Quiero hablar de mí vida y los artistas que más me gustan hablan de ellos mismos, no se trata de “ego” sino de las situaciones más íntimas, más interiores, las que nos conectan como humanos. Así digamos que mi duelo es mi propio duelo, todos hemos tenido un duelo por algo (la abuelita se murió o el perrito que se murió), solo el hecho de pensar el día que mi papá se muera, por ejemplo, nos hace sentir un escalofrío. Nos conectamos en esas experiencias tan íntimas y tan interiores. Los artistas que más me gustan son los que hablan de su interior que son Sophie Calle, Tracey Emin, Marina Abramovic, Felix Gonzalez Torres, todas esas personas habla de sí mismas, de sus dolores, de sus amores. Sí, a mí me dijeron que eso estaba mal, pero no me importa, no lo estoy haciendo para que este “bien” o “mal”, se trata de poder sacarlo, poder expresarlo y permitir que otros se conecten.
Angélica: ¿Cuáles son las obras de la serie Duelo?
Manuela: Hice un performance en Bellas Artes en el que doblaba la ropa de Mateo, mi esposo. Me interesa que los performance sean muy sencillos, me conecto más con los performance no que tiene un montón de luces y de sonido. Me conecto con las cosas sencillas. Decido doblar ropa porque las acciones domesticas para mí son acciones de amor, son acciones de amor silenciosas. Cuando uno le dobla la ropa a alguien a veces ese alguien ni se da cuenta que uno le dobló la ropa, pero uno lo hace con mucho amor, son acciones de amor completamente silenciosas. Lo que hice fue sacar toda la ropa de Mateo, yo la tenía guardada, cuando Mateo se murió yo dije “voy a guardar la ropa”. La guardé, la saqué el día del performance, nunca la había sacado, fue un impacto, ver después de un año y medio su ropa otra vez. Estaba haciendo un morro y cogía prenda por prenda, la olía, porque Mateo no usaba ningún perfume, a mí se me olvidó a que olía porque no puedo ir a oler su perfume y había prendas que todavía olían a él, las olía. Ponía la ropa en la mesa, doblada, como para quien va a llegar, pero como sé que él nunca va a volver, entonces ahí mismo la desdoblaba y la tiraba con rabia, doblar para perder el tiempo, algo que ya no sirve para nada porque él nunca va a volver. Hice eso con cada prenda y fue muy duro, porque en esa ropa salió la camisa que se puso el día que nació nuestro hijo, duro, con la que me propuso matrimonio, ahí estaba, venían muchos recuerdos, era algo muy emotivo, hice este performance llorando, era algo inevitable, pero no dejé de doblar, duró 45 minutos.
Figura 6. Álvarez, M. (2018). Acción de duelo [Performance] Manizales: Festival Internacional de Arte Contemporáneo. Fotografía cortesía de la artista.
Realicé otro y tengo otro planeado. Mateo se mató en un accidente de tránsito en una moto, voy a ir a lavar el lugar del accidente con un cepillo de la casa, como una acción simbólica, quitarle esa connotación, lavarlo. Todas estas acciones son acciones de duelo, pero son sencillas, doblar ropa, lavar el piso, nada necesita muchos recursos, ni necesita mucho dinero, ni mucha gente, todo muy íntimo.
Angélica: ¿La obra duelo te ha servido con tu duelo?
Manuela: Me parece una pregunta muy bonita, en realidad cuando decido empezar a hacer la obra no la hice con una intención de sanar, solo lo hice con la intención de sacar, sin saber si iba a sanar o no, pero lo tenía que sacar. Mi forma de entender el mundo, de entender el dolor, de entender lo que estoy sintiendo es el arte. Entiendo el mundo a través del arte. Habito el mundo con el arte, lo empecé a hacer de esa manera sin la pretensión de sanar, pero en la medida en la que hacia los performances salía más sana, más liviana, más tranquila, empecé a ver que sí me servían para sanar. Eso fue un descubrimiento muy bonito para mí, porque si bien no era la pretensión, comenzó a ser la forma más importante de sanación y esos descubrimientos que uno hace como artista son importantes. A ustedes seguro también les pasa, uno en el proceso descubre cosas que no sabía, sean emotivas o de la propia técnica.
Acción de duelo. Video cortesía de la artista
Angélica: ¿En qué aspectos podríamos relacionar tu trabajo con la situación que vive actualmente Colombia?
Manuela: Nunca he tenido una pretensión de realizar arte político, pero hay dos formas en las que puedo relacionar mi trabajo y la situación colombiana: Colombia es un país que está permanentemente en duelo, nosotros teneos muchos muertos encima. No conozco a nadie en Colombia que una situación violenta no lo haya afectado de alguna u otra manera. Uno siempre conoce a alguien que tiene una situación de dolor y de tragedia encima por culpa de la violencia. Todas las situaciones de tragedia y de dolor generan duelo. A pesar de que mi duelo no es un duelo por una muerte violenta y mis acciones no son acciones políticas, sí son acciones universales de duelo. Entonces me conecto, sea por la muerte que sea y creo que una obra como la mía es pertinente en Colombia y que todo el mundo se puede conectar con ella, sea por la situación que sea. Hablar de duelo en Colombia, sea duelo íntimo, duelo social, duelo colectivo, es un acto que está relacionado con la situación colombiana de este momento.
Por otro lado, debo decir que amo ser profesora, me encanta ser profesora, tanto como ser artista. No soy profesora ni porque me toco ni porque con eso es con lo que voy a conseguir plata. No, voy a dar clase completamente convencida de que eso es algo que a mí me hace feliz, así la clase sea a las 7am de la mañana y me dé pereza levantarme, pero llego completamente feliz, tengo otra metodología, no soy la profesora policía. Relaciono mi práctica de profesora con mi práctica artística, es decir, soy una artista que va a compartir con otros artistas a clase, para aprender entre todos. Por eso les pregunto siempre, porque no creo que yo sepa más. Creo que tengo más años y que he podido ver más cosas, pero eso no hace que yo tenga el conocimiento. Voy a relacionarme con unas personas que son tan artistas como yo, voy a compartir, voy a verlos trabajar, porque para mí es un placer verlos trabajar y eso me parece que es una decisión política en Colombia, decidir ser profesora y ser artista eso habla de uno, del compromiso que uno tiene con la sociedad como persona, estoy completamente convencida que el arte y la educación son el camino. Así es como relaciono mi trabajo con la situación de Colombia, esa es mi posición política: ser profesora y ser artista, estoy convencida de que estoy haciendo algo bueno, para mí y para los otros escogiendo este camino.
Como citar: Campos, A. & Hoyos, Y. (2019). Quiero hablar de mí vida y los artistas que más me gustan hablan de ellos mismos. Entrevista a Manuela Álvarez. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/09/24/arte-intimidad-y-duelo/
Fecha de recibido: 1 de Septiembre de 2019 | Fecha de publicación: 24 de Septiembre de 2019
Figura 1. López, J. (2016). Calle somos todos. [Exposición individual]. Armenia: Calle Bohemia. Espacio para la Plástica. Fotografía cortesía del artista.
Pedro: Quisiera comenzar esta entrevista preguntándole ¿cómo fueron sus inicios en el mundo del arte?
Jorge: No puedo hablar de un momento exacto, recuerdo un cuadro de la última cena en la casa y una réplica de la monalisa que me perseguía con la mirada. Siempre me gustó dibujar, el dibujo fue muy importante durante mi niñez, era la mayor forma de expresión a la que tenía acceso, porque me permitía acercarme a lo que sentía. Dibujaba en las paredes de mi casa y con el tiempo comencé a dibujar en las calles con tiza y a pintar murales de manera empírica. También realizaba unos fanzines en los que plasmaba las historias de mi barrio, el barrio Guayaquil. Tiempo después comencé a estudiar en Bellas Artes y realicé las primeras exposiciones. En la carrera de artes visuales conocí personas maravillosas y comenzamos a trabajar en colectivo, creando espacios como el Salón de Aquí y Casaparte.
Figura 2. López, J. (2016). Nadie puede escapar a la ley del sembrado [Intervención en espacio urbano]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
Pedro: Teniendo en cuenta su experiencia en la calle y en la carrera de artes visuales ¿piensa que para realizar arte se necesita estudiar en la universidad?
Jorge: Me fascina hacer arte, porque es una de las pocas carreras que puedes ejercer sin la necesidad de tener un título, un cartón. Pienso que he sido muy reacio a la academia, sin embargo, he comprendido mi vida en la universidad desde lo que llamo la metáfora de la “esquina”. Las ciudades suelen estar distribuidas en un plano ortogonal, en unas cuadrículas, las carreras van de sur a norte y las calles de oriente a occidente. La esquina es el punto de encuentro, donde todo converge, donde todo sucede (la tienda de la esquina es la que más vende, el dealer se para en la esquina, la señora de la esquina es más conocida). Mantenía parchado en la “calle”, trasnochando, con perros callejeros, viendo los personajes del mundo de la noche. Después me encontré con la “carrera” de artes, entonces, me propuse fusionar la calle con la carrera y la carrera con la calle. Esto lo hago llevando la calle a los espacios académicos y llevando la academia a la calle, haciendo intervenciones en el barrio, gracias a esto personas que antes no conocían nada de arte, ahora me hablan de pintura, de música y de arte contemporáneo.
Pedro: Siguiendo con esa metáfora de la esquina, que según comprendo es la manera en que usted articula los conocimientos que adquiere en la carrera y los que adquiere en la calle, quisiera que nos contara ¿cómo ha sido esa experiencia de realizar intervenciones artísticas en la calle?
Jorge: Ha sido maravilloso llevar el arte a la calle, porque el arte en todas sus manifestaciones permea, penetra, no tiene muchos obstáculos. He encontrado más obstáculos en la academia, allí he encontrado más “trabas” que las que he encontrado en las esquinas. Pienso que en las calles uno debe tener mucho cuidado con lo que hace, me parece muy conveniente hacer una lectura de los espacios, no se trata solo de mostrar un arte decorativo o contemplativo (estoy cansado de ver tanta heliconia y tanto guadual, con ese cuento del paisaje cultural cafetero). Entonces me parece importante ver las personas de la calle, el transeúnte, la señora que vende minutos y el señor que vende loterías, los rostros y los rastros de nuestro entorno y que pasan desapercibidos. Llevar el arte a este medio que es salvaje, diverso, que tienen reglas implícitas, escritas casi siempre con sangre, dónde existen líneas invisibles, donde hay otras jerarquías, ese mundo de la calle que pasa inadvertido poblado de fantasmas, sombras, penumbras. Me parece muy bello ver como las personas comienzan a hacer parte de los procesos de creación, como se sienten parte de las obras, como las interpretan y asimilan, como las cuidan, recuerdo esa idea de Joseph Boys según la cual cualquier hombre puede ser un artista.
Pedro: Me gustaría que nos contara un poco más sobre sus intervenciones en espacio público, en especial, recuerdo la obra “La recicla” que presentó en el Segundo Salón de Aquí.
Jorge: La recicla surge de la lectura del entorno en el que
vivo, en donde se encuentra la concentración más grande de habitantes de calle
de la ciudad, los cuales cumplen con una función muy importante: reciclar.
Ellos cumplen con algo que nosotros no hacemos y que es un ejemplo a seguir.
“La recicla” es una intervención en una señal de tránsito de peatones, trabajé
con una de las señales amarillas que son preventivas (las rojas son órdenes,
las azules son informativas y las naranjas son restrictivas). Lo que hice fue
transformar el “peatón” de la señal de tránsito en un habitante de calle,
teniendo en cuenta que a los recicladores no se le permite el acceso a la calle
14. Le puse una gorrita al personaje para que se protegiera del sol y un costal
en sus hombros, con un símbolo de reciclaje, en vinilo reflectivo. Me gusta trabajar
con las señales porque tienen un lenguaje muy directo, casi no dejan espacio a
la interpretación, un pare es un pare; me gusta jugar con estas imágenes,
pensar, por ejemplo, que ese monigote tiene vida y que la gorrita lo aliviaba
del calor.
Figura 3. López, J. (2016). La re-cicla [Intervención a señal de tránsito] Armenia. II Salón de Aquí. Retorno a la TierraFotografía cortesía del artista.
Para realizar las intervenciones me visto como un servidor público, por arte de magia, adquiero la “autoridad” para realizar las intervenciones, siempre haciéndome la pregunta hasta qué punto las señales son de alguien o qué tan peligrosa puede ser la intervención. Mis intervenciones son críticas y en ocasiones educativas, una vez pinté una cebra (el animal), en la calle, como un juego para enseñarles a los niños a respetar las cebras de tránsito, para que aprendan a tener cuidado con los vehículos. Me han pasado muchas cosas con estos trabajos a veces los quitan a veces los aprecian. Recuerdo que una vez estaba haciendo una intervención y una señora se asomaba mucho a la ventana, pensé que me iba a tirar a la policía, pero al final me dijo “muchacho le quedó muy bonita”. También recuerdo que una vez pinté unos murales y unas vecinas un poco “chismosas”, con las que tenía algunas diferencias, no les gustó y taparon mi trabajo. Entonces realicé una de mis primeras intervenciones a señales de tránsito, escribí “oreja”, en el pare de la esquina y quedó “pare oreja”.
Figura 4. López, J. (2008). La re-cicla [Intervención a señal de tránsito] Armenia. Fotografía cortesía del artista..
En ocasiones, varias personas me han dicho que han reconocido mi trabajo, pero no lo firmo, renuncio a eso que sucede en el mundo del arte que es puro ego. También realicé una intervención en pintura que se llamó “Hotel casa calle”, en un puente en La cejita, en un lugar en el que duermen muchos habitantes de calle. Cuando leí el espacio, me di cuenta de que estaba cargado de muchos símbolos oscuros, como cruces invertidas, pentagramas, machos cabríos y cosas así. Entonces pinté una señal de hotel encima de esos símbolos, para resignificar el lugar, los habitantes comenzaron a sentir otra atmósfera, comenzaron a sentir que ese símbolo era para ellos, que esa era su casa, el espacio se comenzó a transformar.
Figura 5. López, J. (2017). Hotel-casa-calle [Intervención en espacio urbano]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
Figura 6. López, J. (2017). Hotel-casa-calle [Intervención en espacio urbano]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
Pedro: ¿Además de las intervenciones a partir de las señales de tránsito que otro tipo de trabajo realizas en las calles?
Jorge: Recuerdo una intervención cerca del barrio Guayaquil, en la frontera entre el colegio Las Capuchinas y el colegio Ciudad Armenia. El lado de la calle del colegio privado mantenía limpio y el otro lado de la calle se había convertido en un basurero, en un baño público. Con los niños pintamos unas señales, pero la prohibición en nuestra sociedad no funciona, es como decir “hágalo más”. Me pregunté ¿cómo hacer que este lugar no fuera más un sanitario? Entonces surgió la idea de pintar un orinal, con un letrero que decía “fuera de servicio”. Esta intervención fue muy impactante porque el espacio se comenzó a limpiar y se mantiene hasta hoy, casi cinco años después. Este mural se ha convertido en un vigía, pero nadie les está diciendo a las personas “no orinen ahí”, simplemente la gente comenzó a utilizar otros espacios.
Figura 7. López, J. (2017). Fuera de servicio [Intervención en espacio urbano]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
También realizo intervenciones que llamo de arte efímero, utilizando tiza y carbón en las calles. Entonces comencé una serie que se llama crucigramas, en los recuadros de las calles. Otra intervención con tiza fue en el paradero del barrio, en donde escribí “oficina del parche”, como si fuera un banco técnico de un estadio de futbol. También comencé a hacer los croquis, las siluetas, de los animales que morían en la avenida. En una ocasión fui a entrevistar las chicas del CAM, para una propuesta que estaba realizando con Lwdin Franco. Les pedí permiso para marcar su espacio con una línea segmentada, delimitarlo y escribí “zona de rebusque”, después pude sacarle una foto, ellas me posaron en topless, fue un encuentro muy jocoso.
Figura 8. López, J. (2016). Zona de rebusque [Intervención en espacio urbano]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
Hacer
arte en la calle ha sido un juego constante, un juego que me ha permitido la
irrupción en las dinámicas habituales de los ciudadanos. Se trata
de una línea muy delgada, entre hacer una obra de arte o salir en las páginas
de los noticieros capturado por hacer cosas vandálicas. Me ha caído la policía
cuando estoy haciendo las intervenciones, una vez pinté un minión en un
bolardo, ese día me dijeron “usted no puede hacer eso”, en ese entonces estaban
comenzando a implementar el actual código de policía. Entonces les explique que
era para transformar el espacio, para resignificarlo, para que las personas lo
vieran de otra manera. De alguna forma, el arte me ha permitido esquivar la
autoridad para hacer “fechorías” y salirme con la mía.
Figura 9. López, J. (2018). Minion [Intervención en espacio urbano]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
Pedro: Hablamos de lo que pasa cuando llevas el arte a la calle, conocimos algunas de las intervenciones que has realizado en espacio urbano, tomando roles, trabajando desde el anonimato, parodiando la autoridad, ahora quisiera que me contaras sobre las obras de sala, ¿cómo ha sido ese ejercicio de llevar la calle a la carrera de artes visuales?
Jorge: Irrumpir en los espacios académicos, en ese cubo blanco, me parece muy divertido, por las reacciones que genera. Una vez tuve una exposición en un centro comercial y vetaron mi obra. Había realizado intervenciones en señales de tránsito y una de ellas decía “doble vía”, le agregué unas palabras y quedó “doble moral en la vía”, estaba cerca de unos almacenes muy reconocidos, cuando leyeron lo que decía allí la quitaron. También me gusta mucho tomarme espacios sin permiso, son pulsaciones, cosas que me nace hacerlas y siento que debo hacerlas en ese momento. En la universidad instalaba ramas de palmas en módulos, teníamos un programa de radio y nos vetaron, hicimos un performance en un partido de futbol universitario. Me gusta mucho generar irrupciones en esos lugares tan sacralizados, quitarles ese halo de impecabilidad.
Figura 10. López, J. 2016). La calle somos todos [Intervención en espacio urbano]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
Pedro: Recuerdo una serie de pinturas que presentó en el primer Salón de Aquí, titulada “Precolombianos”, en la que hacía referencia a las experiencias en su barrio ¿cómo fue el proceso de creación de estas pinturas?
Jorge: La cultura precolombina me ha llamado mucho la atención, en una ocasión en el Museo Quimbaya observé unas figuras y me enteré que los indígenas eran precursores de las modificaciones corporales, se afilaban los dientes y se ponían objetos muy apretados en las manos, para generar zanjas y diferenciarse de otras comunidades. Entonces me miré las manos y me di cuenta que tenía una zanja, porque tengo muchas manillas, me causó mucho asombro esa marca que compartía con nuestros ancestros. También recuerdo una visita al museo arqueológico, en la que había una imagen de un emberá chamí, un nukak makú, un catío y un espejo, verme allí reflejado me hizo pensar en que compartimos creencias, costumbres, territorio. Comencé a pintar una pieza de orfebrería precolombina y no puede evitar compararla con la gente de la calle, encontré que tenían características similares, en contextos muy diferentes. La primera pintura se llama “Indi-gente”, se trata de un cacique que tenía unos ornamentos ensortijados en la cabeza y unos collares, entonces, decidí pedirle el consentimiento a un habitante de calle para tomarle una foto, le pasé una cartulina y le dije que escribiera lo que quisiera y escribió grande “soy de la calle”.
Figura 11. López, J. (2015). Indigente [Pintura al óleo]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
También pinté un vendedor ambulante de gafas y a un cacique precolombino que tenía unas patenas, mi amigo vendedor también es un “cacique” porque no hay otro que se pare en su esquina, porque ese es su lugar, su territorio lo llamé “Calle-jerarquías”. Después pinté un amigo que canta rap, que tiene la cara tatuada y pinté una máscara de Tierradentro que está tallada, se llama “Reflejos”. Hace poco hice otro que se llama “Una monedita”, una imagen precolombina que tiene una postura como de mendigo, con una manito levantada y la otra esperando, haciendo referencia a la mendicidad en la ciudad de Armenia.
Figura 12. López, J. (Año). Calle-jerarquías [Pintura al óleo]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
Pedro: También podemos hablar “La olla”, esta obra recibió un reconocimiento
en el proyecto “Quindío sí crea”, el año pasado. Recuerdo que allí narrabas a
través de unos elementos muy simple las historias de tu barrio, convirtiéndote en
una especie de cronista.
Jorge: El Guayaquil es uno de los barrios más antiguos de Armenia, era la entrada de los camiones que llegaban de Bogotá, tiene espacios muy particulares: la curva del diablo, el alto de las brujas, el zacatín, en donde había una destilería. Suele contarse que allí se hizo la primera piscina de Armenia y la primera plaza de toros que se llamaba la Giralda. También hay historias sobre una banda que se llamaba “los descolgadores”, porque la calle era empedrada, era un camino de herradura y como los camiones debían pasar muy lentamente, ellos se trepaban a bajar todo lo que había allí para las personas del sector: racimos de plátanos, marranos, arroz, cualquier cosa. En el barrio hay muchas historias, también hay historias de muertes, ha sido conocido como una olla, rodeado por barrios marginales, con población vulnerable como Patio bonito, Buenos Aires, en ocasiones las ollas tienen nombre de prócer como Santander, Sucre o Colón, a veces me pregunto si desde la palabra se puede influir en los lugares.
En esta ocasión, realicé una instalación utilizando literalmente una “olla”, en la calle se dice que la olla entre más caliente mejor, relaciono mi barrio con la olla de la cocina que es donde nos reunimos, alrededor de fuego, para conversar. Pero en la “cocina” también es donde se hace la droga, para que haya cocción y preparar los alimentos, debe haber fuego y el fuego es caliente, por eso la olla es caliente y entre más adentro estás es más caliente. En el barrio debes seguir otros códigos, leyes y dinámicas, que son a su manera otro universo, se trata de una especie de ciudad dentro de la ciudad, condicionada por otras relaciones de poder, de miedo, de imposición y violencia. Lo que quise presentar allí fue una radiografía de mi barrio, con personajes y situaciones que normalmente no nos gusta ver y que se suele estigmatizar, olvidamos que muchas personas no tienen oportunidades, muchos nacen allí, crecen allí, mueren allí, sin más opciones, sin más salidas.
Figura 13. López, J. (2018). La olla [Instalación sonora]. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
No quería ser como los artistas que se aprovechan de estos lugares, que realizan su obra y no le regresan nada a la comunidad, solo logran mostrarla como un circo. Entonces comencé a recolectar historias, testimonios, dibujos, bocetos y grabaciones, caractericé objetos y realicé una breve clasificación: cuatro niveles que representaban las esquinas de mi barrio: la primera entre el billar y la plancha, la segunda es la esquina de las mujeres, la tercera es la esquina del parche, donde se reúnen los muchachos a dialogar y hacer sus cosas, finalmente, la esquina de la pipa, que está más al fondo de la olla. Entre las esquinas había unas intersecciones, donde podemos ver los cocheros, que roban los vehículos, otra donde esta el jibaro el que vende sustancias, incorporé elementos como las bolsas en las que se vende la cocaína. También hay otra intersección que se llama “los lances”, que es el espacio donde se juega a pelear sin matarse, un juego que te puede salvar la vida, primero se juega con gelatinas blancas y gana el que salga menos untado, después con palos, navajas y machetes. Tengo otra intersección donde está la “captura”, la mayoría de caminos de la olla conducen a la cárcel, al hospital, o el cementerio, suele decirse “vive rápido y muere joven”. Presenté esta instalación con un audio, contando esta historia. Pienso que vivir en la “olla”, me enseñó a compartir, el ser humano tiende a reunirse en torno al fuego, la olla nos permite sentirnos parte de algo, se trata de ese compartir así sea cosas tan sencillas como un saludo, como tu tiempo.
Pedro: Para finalizar, quisiera que habláramos de una de las características más particulares de estos espacios: el lenguaje. No solemos estar familiarizados con las palabras de las personas que viven en las “ollas”, pienso que ese juego con el lenguaje también define tu trabajo, quisiera que nos contaras un poco de tu última obra titulada “La neal academia de la sinhueso”, que se presentó en el Quinto Salón de Aquí.
Jorge: Se trata de una parodia de la Real Academia de la Lengua, institución que de alguna manera rige el idioma español, el castellano. La obra surge de una postura crítica y política que asumo desde el arte. Realicé una recolección de “gerga” y generé juegos desde el “parlache”. La palabra “neal”, viene de la “nea” que se refiere a “gononea” a alguien que es muy “nea”, muy “liendra”, muy “piraña”, muy de la calle. La palabra “sinhueso” hace referencia a la lengua, la «invertebrada». El Quindío al ser un lugar de tránsito y de convergencia, ha adoptado todo tipo de palabras, tenemos el “parcero” que es una palabra que llegó de Medellín, el “mai” de Manizales, el “ñero” de Bogotá. Me gusta mucho, como se incorporan esas palabras en nuestra cotidianidad, por ejemplo, la palabra “visaje”, que viene de rostro en francés, pero que nos permite llamar “visaje” a cualquier cosa, se trata de un comodín.
Figura 14. López, J. (2018). La neal academia de la sinhueso [Instalación participativa. Armenia. Fotografía cortesía del artista.
En el barrio también se habla al revés, dicen “docuan”, “dedon”, “nosva pal orri con las ñanis, póngase la misaca”, las personas hablan en esos lenguajes encriptados, justamente para que no se sepa que es lo que están diciendo y, por ejemplo, para hablar delante de las autoridades sin que estas los entiendan, se trata de una práctica contracultural, que surge de la necesidad de comunicarse, de la necesidad de no ser capturados. La policía también habla en código, la misma policía te dice “55 le copio, 3916 tratando cometer 904 en el 20”, queriendo decir algo así como que varios sospechosos están intentando robar a alguien en un lugar determinado. El “botón” es el policía porque atrapa, el “botón”, cuando se repite muchas veces se convierte en la palabra “tombo”. Con esta búsqueda encontré más de 1500 palabras y propuse distintos juegos, en los que cada persona que asistía a la exposición podía crear frases e historias, podría leer y escribir con esas palabras. Este ejercicio ha sido muy divertido, porque genera nuevos textos, allí las palabras se van transformando y se renuevan. Esta obra es un homenaje a mi papá porque cuando hablaba muy pasito me decía “contá el cuento”, estoy convencido de que todos tenemos algo que contar, por eso recorro ese espacio entre la calle y la carrera de artes.
Loba Blanca: A veces pienso en la funcionalidad de nuestro cuerpo. Por ejemplo, me pregunto por las garras, no me gustan las garras largas. Ahora que somos una manada sedentaria y cultivamos nuestro propio alimento, no sé, considero que son muy improductivas, casi un estorbo —de no ser por su adecuación tan placentera para rascarnos—, porque es obvio que ya perdimos su función biológica que otrora permitía la caza; preferiría, por ejemplo, que las almohadillas de nuestras patas fuesen más dóciles e independientes y que nuestro dedo interior fuese tan prensil como el de los monos, tal vez así tardaríamos menos en construir cercados y podríamos dejar de tomar todo con el hocico. ¿Usted se ha preguntado por esos asuntos de nuestro cuerpo?
Figura 1. Ocampo, L. (2019). Dos lobos frente a una colina [Ilustración]. Armenia. Cortesía del artista
Lobo negro: Hace un tiempo, cuando presencié cómo le leían las cartas, supe de su afinidad con lo funcional. También sé lo importante que es para una loba como usted lo verificable, las razones y las respuestas sustentadas. Este mundo no tiene mucho espacio para lo improbable y entiendo que se le haga difícil tan solo considerarlo, por eso le pido hacer una excepción por esta vez e intentar divisar juntos un panorama distinto.
Particularmente, no puedo dejar de pensar que el motivo esencial de las cosas es profundamente estético. Si le preguntáramos a un Alfa sobre las razones por las que aullamos al cielo en la noche, podría responderlo enumerando características: como las necesidades comunicativas en la manada, la ubicación individual y el conocimiento de nuestras distancias; además de saber descifrar los tipos de aullidos desde sus frecuencias reconocibles y advertir a otros lobos de nuestra presencia. Eso es innegable, son razones que he experimentado desde cachorro. Pero también creo que, a veces, cuando un lobo alza la cabeza al cielo y le aúlla a la luna, lo hace por placer; como un poeta que decide unas palabras muy precisas a la lluvia, o nuestros antepasados que cantaban juntos como una forma vivificante para el espíritu, antes de encaminarse por la montaña en busca de alimento. Podría ser que, en algún momento determinado, uno de esos antecesores cánidos, se vio superado por las luces de una noche despejada y decidió aullar a la luna como un acto estético, como una especie de ritual hacia ella.
Después, el aullido se ramificó por una corriente específica que configuró nuestra especie. Ese sonido se aferró tan profundo en nuestra sociedad, que se configuró como centro de comunicación y modeló los demás asuntos que nos detallaría el alfa. Por eso, creo que las transformaciones y la evolución de nuestro cuerpo, no solo corresponden a las necesidades del ambiente hostil que nos obliga a adaptarnos, puede ser que también se moldeen por unos asuntos muy particulares, de cada especie, de cada comunidad y de cada lobo, procedentes de sus relaciones estéticas y del espíritu.
Figura 2. Ocampo, L. (2019). Dos lobos frente a una colina [Ilustración]. Armenia. Cortesía del artista
Loba Blanca: Se me hace un poco preocupante haber dado la impresión de ser tan objetiva, me parece muy raro, porque no me considero una loba así. De hecho, me encanta la idea que me propone, precisamente porque es un mundo que se aleja saludablemente de lo práctico. Me encuentro en el campo de la biología, porque me permite escudriñar las cosas y los cuerpos; en este mundo científico, encuentro un hilo, entre muchos posibles, que se va entrelazando con otros y da forma a un gran tejido sobre nuestro comportamiento y el de los demás animales. Me gusta sentir que se añaden nuevos hilos a esa trama amorfa en movimiento. Qué le parece si en vez de pensar en la separación de mi idea sobre lo práctico y la suya sobre lo estético, lo concebimos en un sentido más holístico, en el que esa separación solo podría considerarse en la teoría, pues en el mundo sensible, parece un asunto que se anuda y se corresponde.
Siempre me parecieron encantadores los aros de burbujas que salen de las ballenas y emergen flotando hasta la superficie del mar; cuando estaba cachorra creía que las ballenas lo hacían para saludarme y yo les respondía metiendo la cabeza en el agua y burbujeando también. Hace poco supe que las ballenas crean con las burbujas una especie de red colectiva enorme, en ella encierran las bancadas de peces y las obligan a subir hasta la superficie para, así, cazarlos con mayor efectividad. Pero recordé también, que la experiencia que tenía de cachorra, sucedía con una sola ballena; por eso, me gusta creer que sus burbujas no solo corresponden a la caza, tal vez esa ballena comprendía mi emoción y, al verme, decidía hacerme feliz soplando un gran aro de aire hacia mí. Puede ser que un ballenato, en sus pequeños escapes de aire cotidianos, descubra las burbujas; después (entre juegos y sensaciones), encuentre reflejado en sus mayores, una forma efectiva de cazar y burbujear a la vez.
Figura 3. Ocampo, L. (2019). Dos lobos frente a una colina [Ilustración]. Armenia. Cortesía del artista
Lobo negro: Anoche leí en un libro viejo de Fernando Gonzáles la palabra “poéticofisiológico”, tal vez en ese concepto podríamos encontrar un lugar de congregación entre los mecanismos que funcionan dentro de un sistema vivo y sus relaciones rituales o estéticas con el mundo. Como ya usted lo había mencionado, no se trata de jerarquizar posiciones, sino de conocer la forma en que esas experiencias poéticofisiológicas metamorfosean los cuerpos y las formas de coexistir.
Es probable que nuestras garras y almohadillas se modifiquen y coincidan de a poco con nuestro actual estilo de vida, pues este parece reclamarlo. Cuando pase, esos lobos (si es que aún se identifican así) descubrirán contiguamente sus propias alegrías fisiológicas; yo esperaría que no promovieran una inmovilidad tan ceñida como la nuestra, a veces me aburre quedarme tanto en casa, ¿a usted no le pasa que amanece con un deseo incontenible de salir y alejarse de todo lo suficiente como para sentirse forastera? Hoy podría ser uno de esos días de extrañamiento, ¿qué le parece si subimos esa colina que se levanta entre los árboles?
Figura 4. Ocampo, L. (2019). Dos lobos frente a una colina [Ilustración]. Armenia. Cortesía del artista
Agradecimientos:
Gracias a Gina Jiménez y a Nathalia Montenegro por conversar conmigo