Figura 1. Bueno, Luna (2026). Manifiesto a mi territorio. Rostro fundido, Museo de la Universidad Nacional.
No vengo a contar la historia bonita, vengo a hablar de mi historia y de lo que no se dice.
De las historias no contadas.
De los hechos que incomodan.
De la memoria que quisieron enterrar.
Porque no, no todo es tan maravilloso como lo pintan, Aquí hubo guerra, aquí hay lucha, aquí seguimos resistiendo. Y mientras muestran la versión limpia, la versión digerible, la versión que cabe en los libros, nosotros cargamos lo que no cabe:
La herida,
La pérdida,
La memoria.
Más de 500 años.
Más de 500 años de violencia, de intentos por deshumanizarnos
de arrancarnos del territorio de romper el vínculo con la tierra y
de robarnos el conocimiento a mi territorio y muchos mas.
533 años de resistencia.
No fue un encuentro, fue despojo.
No fue unión, fue violencia.
Aquí nos nombraron “minoría”,
“sin alma”,
“indios”,
“negros”.
Palabras inventadas
Para justificar el saqueo.
Y aún hoy,
La herida sigue abierta.
Nos quitaron la lengua, nos arrebataron la cultura.
Nos convirtieron en lo exótico en nuestra propia tierra.
Nuestra historia no empezó hace 500 años.
Nuestra historia tiene miles, miles de años de existencia,
miles de años de lucha, miles de años diciendo:
Escuchen.
Respeten.
No nos borren.
Hoy hablo desde lo que vivieron mis ancestros, desde lo que vivió mi territorio, mi comunidad.
Desde la toma.
Desde la invasión.
Desde la sangre que corría en mi territorio.
Una falsa protección
Para evangelizar,
Para imponer,
Para borrar.
Y no fue solo una historia.
Fueron muchas violencias juntas: guerrilla, paramilitares,
Miedo sembrado, raíces arrancadas.
Nos quitaron lo nuestro
Y nos obligaron a creer en lo ajeno.
Pero aquí seguimos.
Mi tierra.
Mi pueblo.
Mi historia.
Y en el centro de todo:
La mujer indígena, la que resiste, la que sostiene,
La que teje.
Teje memoria.
Teje pensamiento.
Teje vida.
En cada hilo hay conocimiento.
En cada tejido hay territorio.
En cada símbolo hay historia.
Medicina ancestral, guardada por generaciones y cuidada por quienes realmente saben y ahora vienen otros a jugar a ser lo que no son.
Una espiritualidad vacía, sin raíz, sin historia, sin respeto.
No puedes hacer un curso
Y llamarte chamán.
No puedes tomar medicina una vez
Y creerte superior.
No puedes apropiarte
De lo que no te pertenece.
Los verdaderos sabedores
No se nombran así.
Ellos viven el conocimiento.
Lo cuidan.
Lo protegen.
Lo honran.
Vinieron a “civilizarnos”.
Y lo que hicieron fue saquear.
Nos quitaron la lengua.
Nos esclavizaron.
Nos vendieron.
Y aún así,
Aquí estamos.
Pero hay pérdidas que duelen distinto.
Mi lengua.
Hoy casi no existe.
Quedan fragmentos.
Palabras sueltas.
Ecos.
Y entonces pregunto:
¿qué es lo que celebran?
¿qué es lo bonito que cuentan
Sin mirar lo que hay detrás?
Porque detrás hay ausencia.
Hay ruptura.
Hay silencio.
También nos quitaron el arte o lo nombraron distinto.
Nuestros tejidos
No son arte, dicen.
Son “artesanías” aunque quien soy para nombrar algo como arte sí fue una
Palabra impuesta a mi territorio, una palabra pequeña para algo inmenso.
Nuestro territorio
No es discurso.
Nuestros pueblos
No son símbolo.
Somos vida.
Somos historia.
Somos presente.
No soy raza, no soy etiqueta, no soy clasificación.
Recital of the Word: Poetry at the Voices of the Earth Festival in San Lorenzo
Alejandra Cardona Gañan
Escritoria | alebania93@gmail.com
Fernando Antonio Gañán Largo
Coordinador Festival Voces de la terra |fernandoganan16al@hotmail.com
Efrén de Jesús Zamora
Escritor |culturasanlorenzo@gmail.com
Andrés Felipe Melchor Tapasco
Escritor |andres.melchor24@gmail.com
José Darío Bueno Bueno
Escritor
Figura 1. Colectivo de comunicaciones Tejiendo Voces. (2025). Fotografía de participantes de Recital de la Palbra. Cortesía del Festival Voces de la tierra.
El Festival Voces de la Tierra nace con la finalidad de generar espacios de expresión artística dentro del territorio ancestral indígena de San Lorenzo. Su primera edición se realizó el 5 de diciembre de 2015, con la participación de diversos grupos musicales tanto del territorio como de otras regiones del país. Este encuentro surge como respuesta a la necesidad de hermanamiento entre los pueblos aborígenes del mundo, quienes, a través del arte, transmiten saberes milenarios y ritmos que evidencian la riqueza cultural y artística de numerosos pueblos del planeta. Se trata de comunidades que resisten —desde las artes— el avasallante avance industrial y la pérdida de sus territorios. En este sentido, se propone la confluencia en torno a la creación y el disfrute del arte como un acto de emancipación y resistencia colectiva.
Con el paso del tiempo, el evento se ha consolidado como un escenario artístico en el que los grupos musicales y de danza del territorio ancestral indígena de San Lorenzo pueden dar muestra de sus expresiones culturales y, al mismo tiempo, compartir e interactuar con artistas de otras regiones del país. En la actualidad, Voces de la Tierra continúa proyectándose como un espacio digno para las diversas manifestaciones artísticas del territorio, promoviendo la generación de procesos creativos y la formación de artistas a lo largo del tiempo, con el objetivo de fortalecer el arraigo de la identidad cultural en relación con la identidad territorial.
En 2025 se abrió, dentro de Voces de la Tierra, el espacio Recital de la Palabra, un lugar reservado para el cuento, la historia, las narraciones, los versos, la poesía y demás expresiones en las que la palabra también encarna el arte de los territorios rurales. Este momento surge al reconocer que, en muchas de las expresiones artísticas vividas en el territorio, se manifestaba igualmente una dimensión emancipadora del arte: el arte como rebeldía frente a todo poder establecido, con una única premisa: ser en el arte el hermanamiento de los pueblos, sin otra intervención que el respeto y el disfrute humano, en responsabilidad con los ecosistemas, la ruralidad, la territorialidad y todas las formas de vida.
Figura 2. Andrés González Reyes. (2025). Cartel Festival Voces de la tierra.
Las escuelas propias, organizadoras de este proceso, continúan caminando con la finalidad de impulsar un festival de arte nacido en la ruralidad de San Lorenzo, que se expresa desde el territorio y, al mismo tiempo, acoge otras manifestaciones artísticas que deciden hermanar en estas montañas su canto, su pintura y su palabra. En este marco, compartimos una selección de los textos literarios que participaron en el Recital de la Palabra, como testimonio de las voces que hicieron parte de este encuentro.
Recordando ando
Alejandra Cardona Gañan
Recordando ando A las semillas de mis ancestros: bisabuelos, tatarabuelos… a mis abuelos. ¿Quién, que fuera Grillo, no recuerda al abuelo Juan? ¿No rememora su semilla y agradece la existencia de su niño, su bello niño? Su infancia transitada por las plantas de sus pies descalzos, abonando la tierra con sus pasos, llenándola de vida y cuido con su trabajo. Manos curanderas en su pasado, tejedores y sembradores de porvenires mejores. ¿Quién, que sea Grillo, no se atrevería a beber de la savia fresca de la memoria, para abrazar ferozmente, sin reparo, la esencia misma de nuestro barro, de la tierrita mama que nos presta el camino y permite la vida; que nos ha parido desde su candente vientre, con fuego, agua y cantos?
¿Quién, que sea remotamente Grillo, semilla, maíz, humano, frijol, canto, rezo, tacto…, no hablaría del amor y el arraigo que sembró el abuelo? En cada cañaduzal, en cada mazorca, en cada palo de café, en cada baile, en la chichita bendita que nos refresca el alma, o en el guarapito fuerte con el que curarse y purgarse los dolores viejos, las penas profundas de la memoria y del pecho, para ofrendarlas a la tierra mama que nos vio nacer. ¿Quién, que sea Grillo o Grilla, no ofrendaría un verso, un canto, un aplauso a la memoria viva de nuestros antepasados? Recordando, en el devenir implacable del tiempo en este plano: resistir pensando, caminar sintiendo. Pues son ya nuestra riqueza, hecha ahora carne, huesos, agüita bendita, semilla y canto. A los abuelos.
El Colibrí
José Darío Bueno Bueno
Me llaman el colibrí, pero ancestralmente soy el tominejo, vuelo con velocidad. Ansioso de llegar a saludar mis princesas, reinas flores. Porque con sus dulces mieles y perfumes; mi plumaje es mas brilloso y reluciente. Bajo la brisa de la lluvia soy muy feliz, muevo mis alas deleitando esta humedad fresca, me paseo de un lado a otro lado, dando mas vueltas y mas vueltas a mis princesa reinas flores; me detengo en una rama a mirar esos capullos y a pensar que ese ser sagrado que hizo esas reinas flores muy hermosas; si me voy no tardo en llegar a chupar la miel que mis reinas recogen de lo mas profundo de la tierra y de este bello paisaje, soy el tominejo afortunado porque solo le ofrezco afecto y mis reinas flores me llenan de miel; el viento no me detiene para llegar a la hora puntual ya que sus colores y su miel me conquistan y así me puedo alimentar; me preocupa lo del ser humano destruyendo mi paisaje donde esta el museo de flores. Sin ella son puedo vivir, seria el tominejo pobre sin poderme enamorar mis alas no volverían a volar, mis coyonturas se pegarían y nada podría visitar. Con este mensaje poético del tominejo me quiero despedir.
Canto al cerro
Efrén de Jesús Zamora
Al cerro de Buenos Aires hermoso un cantar, una canción no sencilla en el paisaje esplendido grandioso el cerro es encanto, es maravilla.
Oh cerro lindo eres tan imponente, los vientos te saludan al pasar también el sol desde el oriente muy de mañanita te quiere saludar.
Cuando ya llega el invierno las nubes se bajan del cielo y como un manto tan tierno al cerro cubre con su velo.
Al comenzar el lindo amanecer el cerro ofrenda su hermosura a su belleza un canto debe nacer en las mañanas desde el alba pura.
En las bonitas tardes lluviales el arcoíris aparece reluciente como un carro de ofrendas florales que al cerro adorna permanente.
Imponente desafía a las alturas las aves vuelan, lindo se elevan con sus coloridas vestiduras plumaje bello en su cuerpo llevan.
Bonito en verano y en invierno el cerro no deja de relucir el fulgor de las estrellas, sereno en las noches al cerro va a cubrir.
En las bellas noches de luna llena el cerro de la luna se deja acariciar en esas noches llenas de luna plena al cerro un canto se debe tonar.
Madre Tierra
Andrés Felipe Melchor Tapasco
Energías con los principios En una unión que hace la fuerza, Conectando con el ser divino, Estrellas somos, afianzar la seguridad hace que brillar desaparezca temores, Salir sin miedo a luchar por lo que nos genera vida, Disfrutamos estar en ti, pero no te cuidamos, Qué irónico, Quedarnos y no escuchar esos gritos, cuando ella siente más lento respirar.
Conviertes aquel que busca la paz estando en guerra, Abrázame Abrázame, Antes que corten mis brazos, No quiero que la asfixia cargue con tu calma, Y te comprendo por el amor que nos tienes.
Lloro, porque somos conscientes y aun así al cien no actuamos, Pero hay una 10 que busca una espalda, Agotado por la consecuencia del daño, Agotamiento mismo llevándome a tenerla puesta, Encontrando Serenidad en sus telas, tranquilidad en cada borde, Arcoíris en cada hilo, Vestiduras encantadoras en voces llenas de armonía, Resalta la diversidad en los coros cada madrugada.
Despiertas imaginación al hablar sobre tí, Transparencia en cada fruto, Permites alimentarme, reposando vitalidad en cada latido, Expresiones únicas al conversar contigo, Himnos en honor a cada verbo trasado por el viento, imperfección no rosa su piel, Agradecimiento infinito por todo lo que haces en nosotros madre tierra.
Cierro mis ojos y Soy consciente de lo que observo, Ahora La mirada fluye con el sentir.
No es cultura, no es identidad
Fernando Antonio Gañán Largo
Y que culpa tiene la guitarra Que mires desde arriba al tambor y la caña, Que culpa tiene la guitarra Si ella igual con amor acompaña tus melodías Clasistas y colonizadas. Y que culpa tiene la guitarra de ser andaluza, Ibérica o europea, Si con ella titubeas tus afanes de capital. No es la cultura, No es la identidad Es poder, es arribismo, es políticamente correcto. No vengas pues a mí con el presupuesto, Si es obvio que, para ti el Buen vivir es un supuesto Y solo es pretexto para devengar y seguir alimentando la pedigüeña estatal. Y que culpa tiene la guitarra de como espada ser forjada en el viejo mundo por vez primera, si me hace la primera y la segunda al acompañar mi canto. Y hoy Canto y rezo por amor a estas montañas pues hoy me enfrento con palabra a la magia malvada y a la codicia, a las ganas de poder, al deseo de extracción. Que mi voz retumbe hoy en este cerro majestuoso, que ese plan incestuoso caduque pues es tenebroso. Y entonces que culpa tiene la guitarra Si en su travesía por la vida, Es vigilante de la comedia matutina De la discusión miope y flojitamente argumentada.
Que si es propio, que si es apropiado, Que si la quena o el violín, Que si la saya es polvorín, Que los tinkus hay que erradicar Y que encostalados hoy tenemos que jugar, Que hay que cambiar el ritmo de la cordillera por un son cubanizao, Por un apacible pasillo, una lunita consentida, una musiquita de hacendao, Un tufillo aristocrático del siglo pasao. Pero si la montaña suena a sur, Si la montaña se pinta de whipala, Si las comunidades se hermanan, Entonces es un arte importado. ¿Por qué la danza de salón? -Es que es mejor la aristocracia y el socavón. Pues que es más nativo recordar A los godos en estas montañas haciéndose respetar. Y por tanto quiero aclarar frente a los colores del pabellón: Que mi danza es colectiva, Que mi danza no es de salón. Que es innegable que en estas tierras retumbó, primero el crujido del fuego y un tambor, El viento de un siku y un carrizo; Antes que las desafinadas cuerdas de un violín, llorando por una cruda interpretación. Que mi danza es colectiva Que mi danza es multicolor.
Cómo citar:
Cardona Gañan, A., Gañán Largo, F. A., Zamora, E. de J., Melchor Tapasco, A. F., & Bueno Bueno, J. D. (2025). Recital de la Palabra: poesía en el Festival Voces de la tierra de San Lorenzo. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 6 (10). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2026/02/17/recital-de-la-palabra/
Fecha de recibido: 3 de Julio de 2025 | Fecha de publicación: 15 de febrero de 2026
Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.
Estudiante de Artes Plásticas y Derecho | Universidad de Caldas | moises.coral4376@ucaldas.edu.co
Figura 1. Casimblanco, Laura, (2025). Sin título (Dibujo). Manizales. Cortesía de la artista.
Querida Amelia:
Espero que todo en tu vida esté marchando bien, que tu estancia en el hospital esta vez no sea larga y que pronto puedas venir a casa. Te cuento que por aquí todo está muy bien; el trabajo es pesado y casi no puedo dormir bien por el verano, pero los vecinos siempre son buenos. Esta tarde, la señora Luz me invitó a comer, había preparado una sopita tan buena como la que hacía la abuela.
No he dejado de pensar en la abuela, justo la recordé tanto como para escribirte esta carta después de mucho tiempo. Y sí, me acordé de la silla, de su silla de planchar.
¿Recuerdas? Esa tarde previa a navidad, cuando jugábamos a ir de vacaciones a conocer el mar y surfeábamos en esa silla, una ola imaginaria nos tiró al piso y su silla de planchar terminó con una pata menos de las que antes tenía.
Me acordé de nuestra alcancía, en la que guardamos por meses esas monedas que de vez en cuando nos daba la abuela; monedas que no alcanzaba para comprar una silla nueva, pero nos ayudaría a que don José, el artesano del pueblo pudiera, como por arte de magia, devolverle la pata a esa pobre silla siniestrada.
Esa tarde corrimos con la silla en hombros atravesando el pueblo hasta el taller de don José. Al llegar, un hombre de edad nos saludó; sentado en su mecedora bromeó sobre el paciente que traíamos en hombros, diciendo que si era un carro el que nos había atropellado debíamos esperar a la policía. Explicamos que era un objeto preciado para mi abuela y que si la vía así, nos dañaría profundamente su tristeza. Recuerdo tanto que le rogamos que jamás le contara lo sucedido y, con un tono jocoso, él prometió que se llevaría el secreto a la tumba y que la silla quedaría mejor que antes.
Era un 24 de diciembre y, como siempre, las familias del pueblo se reunían a celebrarlo. Nosotros dos, con la abuela, íbamos a la casa de la vecina a rezar y cantar villancicos, pero esa noche unos tiros alertaron a todos y nos obligaron a quedarnos en casa. Al día siguiente se rumoreaba que eran guerrilleros; otros decían que eran paracos, pero lo cierto es que ese 25 de diciembre el niño dios en vez de traernos algo, se había llevado algo de nosotros.
Cuando escuché que fue en casa de don José, sentí que debía recuperar la silla. ¿Recuerdas que me escapé de mi abuela esa tarde? El pueblo era pequeño y, cruzando el río, podía llegar al patio trasero de la casa de don José, así que corrí hasta allí. Grité su nombre, pero nunca contestó. La silla seguro seguía en su taller, me dije, mientras pensaba que la abuela iba a estar muy triste si perdía su silla, pero don José muy diligente ya la había arreglado. Emocionado, no dudé dos veces en tomarla y dejar sobre la mesa todas las monedas que había sacado de nuestra alcancía. Yo estaba feliz.
Llegué a la casa, dejé la silla en la salita y corrí a verte, estabas con la abuela, recuerdo ver que ambas lloraban, pensé habías caído en la presión y habías confesado nuestro crimen, pero al abrazar a la abuela para decirle que viniera a revisar la silla, miré a la calle y supe que la conmoción era por otra cosa.
Don José había cumplido su palabra, la silla estaba perfecta, y si, se había llevado el secreto a la tumba.
Referencias
Molano, A. (2001). Desterrados, crónicas del desarraigo. Bogotá: Áncora Editores.