MIJA, POUR SOME MORE WATER INTO THE SOUP. The women who sustain and weave together the bonds of affection in a patriarchal system.
Por: Yenifer Ocampo
Estudiante de Artes Plásticas I Universidad de Caldas I yenifer.ocampo69920@ucaldas.edu.co

Figura 1. Ilustración. «Mija, échele mas agua a la sopa». María, 2026.
Al primer cántico del gallo en la madrugada me despertaba. Una ventaja de vivir en el campo, no necesitábamos despertador; el gallo anunciaba que una nueva aurora llegaba, luego mi madre se levantaba y ponía a hacer aguapanela, porque claro, no se puede empezar un nuevo día sin tomar los «tragos», como ella y mi abuela me decían. Día tras día vivía esta escena tan cotidiana que en mi familia y entorno la tenían completamente normalizada.
De este contexto me llevó a cuestionarme: ¿Qué sostienen las mujeres?
Bajo la estructura de una sociedad patriarcal, las mujeres han estado sometidas al trabajo de cuidado, visto como una labor deshumanizante y no remunerada. Las mujeres sostienen el hogar, los niños, las amistades y el trabajo, el trabajo del mundo. Tejen los afectos y la memoria, construyen comunidad, sostienen el sistema. Sin este papel tan importante, la sociedad no tendría los cimientos para mantenerse en pie.
Cocinar, lavar, planchar, limpiar, cuidar; acciones que se vuelven poesía. Ver a mi madre realizar estos actos cotidianamente era un ritual.
Sus manos agotadas, curtidas por el sol, la lluvia y la tierra. Ver que su día iniciaba con las labores domésticas y, aún así, sacaba fuerzas para ir a trabajar el campo y luego preparar los alimentos.
El mundo ha decidido que lo que no produce dinero no produce valor. Así, generación tras generación, hemos aprendido a invisibilizar el trabajo que sostiene la vida misma. Si el quehacer no se acaba, y si no lo hacen las cuidadoras, ¿quién?. Lo que antes era una incomodidad me ha enseñado a nombrar ese susurro en mi conciencia, a no quedarme en la burbuja de la sociedad tradicionalista. Me ha dado palabras para entender que ese trabajo invisible no es amor incondicional, es explotación disfrazada de vocación. Es la trampa perfecta del patriarcado: hacernos creer que nacemos con una inclinación natural hacia el cuidado, que es nuestro destino biológico, nuestra realización como mujeres.
El trabajo de cuidado no remunerado es la herida abierta del capitalismo.
«Mija, échele más agua a la sopa», me decía mi abuela. Y yo lo entendía como un dicho culinario. Ahora sé que era una metáfora de la vida; siempre hay que estirar lo que tenemos para que alcance para todos, dar un poco más, siempre hay que seguir cocinando aunque no haya suficientes ingredientes. Pero sé que ese dicho tiene un costo. El agua que le echamos a la sopa es el agua de nuestra propia vida, y cuando la repartimos toda, no queda nada para nosotras.
Queda lo que decidamos que quede; nuestro tiempo, nuestros sueños. La posibilidad de decir hasta aquí y desde aquí. El derecho a que el cuidado sea compartido, reconocido, valorado, y la utopía de un mundo donde nadie tenga que elegir entre cuidar y vivir. El trabajo de cuidado sostiene la vida, es un acto político y revolucionario.
Reconocer el trabajo de cuidado como lo que realmente es, el sostén invisible de todo lo demás; no es solo un acto de justicia, es el primer paso para redistribuirlo, valorarlo y, sobre todo, dejar de sacrificar vidas . Porque la utopía no está en que las mujeres dejemos de cuidar, sino en que el cuidado deje de ser una condena y se convierta en una construcción colectiva.
Echarle más agua a la sopa no debería significar vaciarnos nosotras; es aprender a cocinar juntos, para que al sentarnos a la mesa nadie se quede con hambre y nadie se quede sin vida.
Y en esa toma de conciencia está también la semilla del cambio. Porque si el cuidado ha sido históricamente una tarea femenina, no es porque la naturaleza lo haya dispuesto, sino porque el sistema ha encontrado en nosotras un ejército gratuito y silencioso. Pero nombrarlo ya es desobedecer. Y cuando las mujeres empezamos a soltar la cuchara, a pedir que otros también cocinen, entonces la sopa deja de ser un mandato y se convierte en un ritual compartido. No se trata de dejar de cuidar porque cuidar es humano y necesario, sino de dejar de hacerlo solas, y a costa de nosotras mismas. Entender que el agua que echamos no tiene por qué ser siempre la nuestra; que hay otros grifos, otras manos, otros cuerpos que también pueden sostener la olla.
El mundo no se sostiene con sacrificio, se sostiene en comunidad, con igualdad, con amor y ternura; esa es la verdadera receta del cuidado.
Cómo citar:
Ocampo, Y. (2026). Mija, échele mas agua a la sopa, Las mujeres que sostienen y tejen los afectos en un sistema patriarcal.. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 7 (11). Disponible en:https://portal-error-1913.com/2026/09/14/Mija-échele-mas-agua-a-la-sopa/
Fecha de recibido: 6 de septiembre de 2026 I Fecha de publicación: 2 de octubre de 2026
Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.
ISSN: 2711-144
