Home is where hell is. Interview with Manuela Jaramillo Jaramillo
Por : Jennifer Andrea Villa Valencia
Estudiante de Artes Plásticas I Universidad de caldas I jennifer.villa31073@ucaldas.edu.co

Figura 1. Jaramillo, Manuela. (2018). Home is where hell is. Space Dinámico Lab: Imagen cortesía de la artista.
Andrea: Manuela, tu obra Home is where hell is está compuesta por múltiples piezas: la casa como elemento recurrente, escritos, objetos personales y fotografías. Me interesa entender cómo se integran todos estos elementos y qué papel cumplen en tu proyecto. Además, quisiera saber si todo este proceso está motivado por alguna circunstancia personal que dio origen a la obra.
Manuela: Sí. Mi mamá murió cuando yo tenía 14 o 15 años. Yo realmente no recuerdo bien las fechas, y eso también aparece en la tesis: esos huecos en la memoria, esa necesidad de rellenarlos. Ella muere cuando yo era muy joven y crecí en un duelo constante. Entré a la universidad todavía en duelo. Para mí es un duelo inacabable.
Desde hace muchos años, tuve claro que quería hacer un libro sobre mi mamá. Pero cuando empecé la tesis, mi asesora me dijo que hacer un libro era complejo: ISBN, costos, muchas gestiones. Eso me desanimó y decidí seguir trabajando la memoria y el duelo, pero desde la plástica, no desde lo literario.
Yo nací, crecí y viví mucho tiempo en la misma casa donde mis papás vivieron juntos, donde crecieron mis hermanas. Para mí, la casa es el núcleo de todo. Yo no concibo a mi mamá, mi papá y mis hermanas por fuera de esa casa. Y justo cuando iba a empezar el proyecto, derribaron la casa.
Entonces me di cuenta de que no podía hacer una tesis sobre mi mamá si la casa ya no estaba. Empecé a investigar sobre dónde reposa la memoria, qué pasa cuando los recuerdos están anclados a un lugar físico, a un olor, a un objeto ¿Qué pasa cuando ese lugar desaparece?
La obra, entonces, es sobre mi mamá, pero también necesariamente sobre la casa: la casa como lugar emocional, como espacio de memoria; por eso, en la obra aparecen tantas casas.
Andrea: ¿Cómo fue ese proceso de investigación y recolección de materiales?
Manuela: Fue un proceso completamente intuitivo. Vacié una habitación de mi casa y la convertí en un laboratorio emocional: metí cartas, casetes, fotos, piedras, joyas, la casita original… todo lo que encontraba.
Y empecé una búsqueda muy intensa por fuera de mi familia, hablando con personas que conocieron a mi mamá. Recolecté cartas, traté de recordar cómo hablaba, qué hacía. Había perdido muchos recuerdos y sentía que al perder la casa también había perdido esos recuerdos.
Empecé a trazar mapas, cartografías de los lugares donde viví con ella, siempre en ciudades con mar. Encontré que ella cantaba, encontré una casita de pesebre que era de mi abuela, que mi mamá había guardado entre sus cosas. Esa casita se volvió el símbolo de la tesis. Saqué un molde y la empecé a reproducir en cemento, resina, piedras; esta aparece en la pieza principal: una roca con la casita encima… Se volvió todo para mí.


Figura 2-3. Jaramillo, Manuela. (2018). Home is where hell is. Space Dinámico Lab: Imagen cortesía de la artista.
Había perdido a mi mamá, perdí la casa. Empecé a comparar esas casas: la primera casa, que es la madre; la segunda, que es la casa física. Y luego tuve que preguntarme: ¿yo cómo estoy cómo casa? ¿Qué queda de mí cuando las otras dos casas desaparecen?
En la obra también aparece el cuerpo: huevos de madera como contenedores, la matrioska como metáfora de capas. Hice una pieza con Arduino y vidrios de colores que proyectaban casitas en las paredes. Incluí archivo literal: fotos, joyas, cartas. En el cementerio recolecté ramos fúnebres desechados para cubrir una pared.
Siento que todo terminó llevándome al mismo lugar: el cuerpo, la casa y la madre.


Figura 4-5. Jaramillo, Manuela. (2018). Home is where hell is. Space Dinámi: Imagen cortesía de la artista.
Andrea: ¿Cómo entendiste que la experiencia del duelo podría materializarse en obra?
Manuela: Yo no empecé pensando que iba a trabajar el duelo. Solo sabía que la tesis era sobre mi mamá. Pero en el proceso el duelo apareció por sí solo, como si estuviera esperando que yo por fin lo atendiera.
Siempre he trabajado desde lo autobiográfico, incluso cuando hablo de temas sociales o políticos. Esta vez no fue diferente. El proceso me llevó por un camino que no quise frenar: permití que saliera todo lo que tenía que salir.
Mi intención no fue «voy a hacer esto para superar esto», pues no, no había una intención más que graduarme realmente. Pero todo esto terminó siendo, sin buscarlo, super catártico. Después de hacer la obra pude leer el libro sin llorar y hablar del tema desde otro lugar. Pero mientras la hacía, sí sentía que estaba reviviendo el duelo desde cero.
Andrea: Al trabajar con algo tan íntimo, ¿pensaste en los límites entre lo privado y lo público?
Manuela: La verdad, no. Nunca me pregunté si quería mostrar esto o no. Para mí era más importante ser transparente. Y sentí mucha sensibilidad en quienes vieron la obra; nadie se acercó desde la lástima o el morbo.
En la inauguración preferí no quedarme adentro porque no quería enfrentar miradas de compasión. Pero no porque me avergonzara lo que estaba mostrando, sino porque necesitaba protegerme.
De resto, nunca dudé en exhibirlo. Ya había aprendido en la carrera a decir “esto soy yo, esto me pasó”, y mostrarlo sin filtros.

Figura 6. Jaramillo, Manuela. (2018). Home is where hell is. Space Dinámico Lab: Imagen cortesía de la artista.
Andrea: ¿Crees que el arte puede ser un espacio legítimo para la sanación?
Manuela: Sí. Aunque tengo que admitir que a mí no me gusta verlo desde la idea de “arte terapéutico”. Esa etiqueta me parece una hipeada horrible. Cada vez que veo cosas de arteterapia me produce resistencia; me parece aburridísimo. Pero, aun así, sé que tiene algo de cierto y que es necesario para mucha gente, así que no niego que exista, ni que funcione.
Lo que sí creo es que yo nací para esto. Desde chiquita vivía haciendo cosas con plastilina, dibujando, creando, haciendo cualquier cosa menos estudiar lo que se suponía que debía estudiar. Haber tenido la posibilidad —y el privilegio— de dedicarme a esto, de decir “voy a estudiar arte y de malas lo que piense el resto”, me cambió la vida. El arte me sostiene un montón. He pasado por situaciones muy difíciles y al final lo único que me queda es dibujar, escribir, pintar… incluso no hacer nada, porque a veces eso también es una forma de performance o de rebeldía en la vida.
Siento que mi vida ha sido una secuencia de pequeñas rebeldías: rebelarme contra mi familia para estudiar arte, rebelarme en la academia para hacer una obra, aunque al profesor no le gustara. Y en ese camino el arte siempre ha estado ahí, sin exigirme nada, disponible. Y sí, me ayuda muchísimo.
A veces pienso en mis familiares ingenieros, que no van a terapia. Me pregunto qué hacen cuando se sienten mal, de qué se agarran. No tengo idea. Pero el arte está ahí, abierto, sin pedirme nada. Por eso creo que sí puede ser un lugar legítimo de sanación. Al menos para mí lo ha sido profundamente.
En ese sentido, también creo que esta obra fue una catarsis enorme. Algo del duelo pasó, trascendió, se alivianó. No se va del todo —ese dolor no desaparece—, pero cambia. Hoy siento que podría hacer incluso una maestría y volver al tema de mi mamá, no necesariamente sobre ella como persona concreta, sino sobre la figura de la madre, y ya no desde el mismo dolor.
Y eso tiene que ver con que en esta obra y en esta tesis lo di todo. No me faltó entrevistar a nadie, ni buscar una carta más, ni revisar un recuerdo adicional. Saqué absolutamente todo y lo dejé ahí. Esa entrega total fue una clausura hermosa. Siento que se cumplió el cometido.
Podría hacer veinte tesis más sobre lo mismo y encontrar nuevos matices, pero ya no desde habitar el dolor, sino desde otro lugar. Desde otra postura. Desde otra orilla.

Figura 7. Jaramillo, Manuela. (2018). Home is where hell is. Space Dinámico Lab: Imagen cortesía de la artista.
Andrea: En el texto introductorio de la obra hablas de la casa y de colores como el azul claro, el blanco, el amarillo e incluso el violeta. ¿Por qué escogiste esos colores?
Manuela: Sí, creo que cada color tiene su propia simbología. Todo este proceso de la tesis terminó funcionando como ese tablero donde la policía conecta pistas con hilos rojos: todo se iba uniendo. En algún momento apareció mucho el tema del mar, así que necesariamente tenía que pensar en un color que me evocara el mar o incluso el tono de voz de mi mamá. Yo hubiera dado lo que fuera por tener algún registro donde pudiera escuchar su voz, pero eso era imposible: no había celulares y era muy difícil que existiera una grabación. Entonces tenía que imaginar colores que me conectaran con sensaciones o recuerdos, haciéndome preguntas más poéticas, convirtiendo muchas cosas en metáforas.
De alguna manera, volver metáfora todo ese material también era una forma de cubrirme ante la exposición pública. Aunque igual, siento que todas las metáforas se leyeron y la gente entendió absolutamente todo.
El violeta, por ejemplo, aparece muchísimo porque mi mamá era muy mística. Cuando supo que le quedaba poco tiempo de vida, empezó a leerse el tarot y a hacer muchas cosas espirituales. Descubrió que el color de su aura era el violeta y que, para trascender, necesitaba ser envuelta en un trapo de ese color en el momento de morir. Yo era muy pequeña y no recuerdo casi nada; mi memoria borró mucho para protegerme, pero sí recuerdo el trapo violeta porque lo pintamos juntas con técnica de tie-dye. Ese trapo siempre estuvo en un lugar visible porque mis hermanas y yo sabíamos que, si ella moría, había que envolverla inmediatamente para que pudiera cruzar “al otro lado”. Era una creencia de ella, más que algo que nosotras comprendiéramos del todo.
Por eso el violeta aparece tanto en la obra. Incluso le pusimos mariposas violetas a su ataúd, como una manera simbólica de hacerle más fácil ese tránsito. Yo espero que lo haya logrado.
Los demás colores también se conectan con cosas de la tesis y de la casa de mi mamá. La casa era naranja y en algún momento también fue azul claro, así que esos tonos empezaron a repetirse. Creo que uno en la vida cotidiana no se da cuenta de que repite patrones o colores, hasta que se vuelve consciente de ello. En ese sentido, los colores funcionan como pequeñas metáforas que se fueron entrelazando con toda la narrativa de la obra.
Andrea: ¿Por qué el nombre de tu obra?
Manuela: Bueno, el nombre fue algo que me costó muchísimo. Sentía que cualquier título quedaba corto frente a toda la información, los sentimientos y la carga que había detrás. De alguna manera, sabía que tenía que volver a la idea de “la casa”, porque la casa es el símbolo que recoge toda la tesis: la casa como mi mamá, la casa como yo misma, la casa literal… Pero también la casa atravesada por muchas historias dolorosas, incluso violentas.
No era solo que mi mamá hubiera muerto o que la casa se hubiera caído; era todo lo que había alrededor. El amor entre mi mamá y mi papá, por ejemplo, no era un amor bonito, era más bien infernal. Mi nacimiento, la convivencia, los años que recuerdo con ella… todo eso también atravesaba la obra. Por eso dejé el título para el final.
Cuando hice la pieza de la casita con la roca, empecé a estudiar mucho la piedra. Quería que fuera un tipo de roca volcánica y encontré esta piedra maní, que es de origen volcánico. Ahí comencé a hacer conexiones entre un volcán que está unido al centro de la tierra y esa idea cristiano-católica que tenemos de que el infierno está debajo de nuestros pies, ardiendo en lo profundo.
Entonces conecté directamente con esa imagen: la casa puesta sobre una roca que viene del centro de la Tierra, del “infierno”. De ahí empecé a trazar la idea de que mi casa estaba construida literalmente sobre el infierno. Y no solo mi casa, sino todos nosotros, porque “el infierno está abajo”. Empecé a leer a Dante Alighieri y me fui mucho por ese lado; curiosamente, esa visión se parecía mucho a cómo recuerdo esos años de vida de mi mamá.
Y aunque ahora me parece patético, hubo una frase que me influenció, esa que aparece en tapetes de entrada y adornos: “Home is where love is”. Yo veía esa frase por todas partes mientras estaba pensando en el infierno y fue como un choque. No era cierto que el lugar estuviera donde está el amor; el amor también puede ser confuso, contradictorio. Para mí, el lugar estaba donde estaba el infierno.
Entonces hice ese juego de palabras. No fue que yo quisiera poner el título en inglés, aunque mucha gente me preguntó eso. Fue simplemente que ese giro funcionaba para expresar lo que quería. Y al final también hubo un poco de afán: no tenía cabeza para inventar otro nombre y decidí soltarlo. Pero sí sentí que, a pesar de todo, logré conectarlo desde muchos lugares.
Andrea: ¿Qué lugar ocupa la obra Home is where Hell is dentro de tu trayectoria plástica y artística?
Manuela: Mira, ese trabajo —esa obra en particular— surgió de un proceso que incluyó muchos dibujos, escritos, cartas y objetos. La única pieza física que conservo es la roca con la casita; lo demás queda como archivo. Aun así, yo siempre he sentido que es mi trabajo más importante. No es con el que más convocatorias he ganado, ni el más “exitoso” en lo formal, pero sí marca un punto de quiebre en toda mi trayectoria.
Siempre he trabajado temas como la muerte, la casa, la memoria y lo autorreferencial, pero esta obra es, para mí, la más honesta de todas. No nació con la intención de hacer una exposición; de hecho, la exposición sucedió simplemente porque tenía que suceder. El proceso fue más bien sentarme a investigar sobre mí misma: de dónde vengo, quién soy, cómo me nombro. No fue el típico ejercicio de artista en el que eliges materiales, haces bocetos y te vas hacia la forma. Aquí no hubo nada de eso.
Por eso creo que es mi obra más importante. Es la que más quiero y la primera que muestro y menciono en todas partes, porque siento que después de hacerla entendí realmente quién soy y quién soy en el arte: qué tipo de artista quiero ser y a qué procesos estoy dispuesta a entregarme. Las demás obras terminan siendo ejercicios de clase o respuestas a convocatorias específicas, pero esta surgió pura y exclusivamente desde la intuición.
Andrea: Manuela, muchísimas gracias por tu tiempo y tu atención. Tu obra es preciosa; siento que eso también es un objetivo del arte: que las personas encuentren algo personal en la obra. Fue una entrevista muy enriquecedora.
Manuela: No, gracias a ti, me gustan estas dinámicas porque uno también se encuentra en los otros, y hay que estar abierto a eso. Me parece muy lindo.
Notas
[1] La exposición se realizó en el 9 de noviembre del 2018, Space Dinámico Lab. En el marco del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Manizales, en la versión dedicada al Arte y la alteridad.
Cómo citar:
Villa, A. (2026). Home is where hell is. Entrevista a Manuela Jaramillo. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 7 (11). Disponible en:https://portal-error-1913.com/2026/09/14/home-is-where-hell-is-/
Fecha de recibido: 27 de marzo de 2026 | Fecha de publicación: 15 de septiembre de 2026
Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.
ISSN: 2711-144
