Seriously, I’m an Artist: On the Practice of Vania Caro Melo.
Andrea Ospina Santamaría
Profesora del Departamento de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | andrea.ospina@ucaldas.edu.co
Alexandra Aguirre Corrales
Magister en Artes | Universidad de Caldas | yury.2621719007@ucaldas.edu.co

Figura 1. Vania Caro Melo (2025). En serio, soy artista Instalación/casa de galletas/60 cm x 60 cm x 100 cm. Exposición de la colectiva La Porfía, Iquique, Chile. Imagen cortesía de la artista.
En una obra de la artista chilena Vania Caro Melo [1], aparece reiteradamente una frase sobre galletas rectangulares, de esas con bordes curvos que recuerdan la infancia. Cada galleta es un ladrillo que construye una pequeña casa. Entre el juego y el espacio doméstico surge una afirmación que, cuanto más sencilla parece, más preguntas abre: «En serio, soy artista».
Al leerla, es inevitable preguntarse: ¿cuántas profesiones necesitan reafirmarse de esa manera? ¿Un odontólogo o un contador sienten que dejan de ser profesionales cuando maternan, enferman o cuidan de otrxs? Esto hace visible un punto que abordan los proyectos de Vania: el arte aún hoy en día sigue necesitando legitimarse constantemente, reafirmar que produce conocimiento, qué es un trabajo y que merece un lugar importante.
Quizá el problema no sea buscar legitimidad, sino los lugares donde solemos buscarla: las grandes exposiciones, la hiperproducción de imágenes o la necesidad de permanecer visibles dentro de un sistema que rara vez se pregunta desde dónde se crea. Pensar si en serio somos artistas también implica preguntarnos desde dónde medimos el éxito y dónde buscamos aquello que reconocemos como arte en nuestra vida diaria.
Esa pregunta también habla de lo que significa sostener una práctica artística en el tiempo. Ahí aparecen todas esas labores que casi nunca entran en una exposición: cuidar, trabajar, impartir clases o talleres, cocinar, conseguir becas, llenar formularios, pagar el arriendo. Y claro, nada de esto se ve en las muestras que priorizan el resultado y no lo que lo sostiene, como si la legitimidad no la dieran la trayectoria o la propia práctica, sino por la capacidad de mantenerse visible ¿Qué significa sostener una práctica artística durante décadas? ¿Qué ocurre cuando una artista cuida de otrxs, necesita otro trabajo o decide dedicar tiempo a procesos que quizá nunca se traduzcan en reconocimiento individual?
La respuesta no aparece como una declaración, sino en la manera se construyen sus proyectos. Ahí es donde la práctica de Vania se vuelve especialmente pertinente: Esas actividades no son incluídas como aquello que interrumpe la práctica para dar paso a la «vida real», sino que son el lugar desde donde ocurre la creación, su materia prima. La casa deja de ser el espacio al que una artista regresa después de trabajar; es el lugar donde jugar con su hijo o responder un correo también forman parte de una manera de hacer arte.
Por eso sus proyectos insisten en permanecer cerca de la vida de las personas, retomando sus archivos y lugares cotidianos, como el espacio público donde se hacen visibles las formas de pertenencia y las exclusiones que atraviesan una comunidad. Por ejemplo, en El horror se aprende la obra emerge desde una cancha de barrio, donde un mismo material —la cal con la que se marcan las líneas del juego y con la que también se cubren los cuerpos para retrasar su descomposición— une el espacio cotidiano con la memoria de la violencia. Al escribir sobre esa cancha la frase: «Aquí se mató, como se mataba en dictadura», la obra recuerda que el horror no pertenece únicamente al pasado; también se aprende, se normaliza y encuentra formas de replicarse en la vida diaria. La cotidianidad no es un espacio inocente ni transparente. Es allí donde se deciden las formas de habitar, de recordar, de alimentarse, de convivir y de olvidar.
Figura 2. Vania Caro Melo (2023). Acción, cal sobre tierra. Cancha “Los Halcones” Población El Triángulo. Hualpén, 2023 Acción para 50 años/50 acciones de Colectivo Mesa Ocho. Imagen cortesía de la artista.
Estos archivos no aparecen como un lugar donde el pasado permanece inmóvil y conservado. Funcionan, más bien, como dispositivos que activan conversaciones, reabren conflictos y permiten que una comunidad vuelva a preguntarse por su propia historia. La memoria se entiende como una práctica viva, capaz de transformar la manera en que imaginamos el presente y el porvenir. Pero esa transformación difícilmente ocurre en soledad: surge en el encuentro con otras personas, en los desacuerdos, en las decisiones compartidas y en los cambios que el propio proceso va produciendo en quienes participan en él. Trabajar con otrxs convierte inevitablemente la pregunta estética en una pregunta ética. Ya no es suficiente con anunciar que una práctica es comunitaria o situada. Se vuelve necesario preguntarse cómo se entra a un territorio, qué lugar se ocupa dentro de él, qué historias se escuchan, cuáles se reproducen y cuáles se dejan por fuera. La escucha deja entonces de ser un gesto metodológico para convertirse en una responsabilidad.
Otro ejemplo de ello es El Dominio, donde la pregunta aparece en una huerta. La instalación de un invernadero clausurado por utilizar «semillas no permitidas» desplaza la discusión hacia algo que, a primera vista, podría parecer ajeno al arte: ¿quién decide qué puede crecer en un territorio y qué debe desaparecer? ¿Qué se puede comprar con el dinero que se tiene hoy en el bolsillo y por qué? De pronto, hacer mercado, sembrar una semilla o cocinar dejan de ser gestos neutros y revelan las decisiones económicas, políticas y culturales que atraviesan la vida de una comunidad. La práctica no busca resolver esas tensiones: las vuelve visibles, abre preguntas que quizá la comunidad no había formulado, hace que dejen de parecer escenarios conocidos para convertirse en lugares desde los que es posible mirar de otra manera.
Cuando Vania inicia un proyecto, permanece en el espacio el tiempo suficiente para que ese proceso transforme sus preguntas, su mirada y también a quienes participan en él. La investigación no antecede a la experiencia, sino que ocurre durante ella. Es como si pensara con el lugar, desde una mirada sensible. Por eso, en su trabajo, el territorio nunca es solamente geográfico, es también afectivo, político y material: una trama de relaciones y memorias desde la cual la práctica artística encuentra sentido y puede sostenerse en el tiempo con otras voces, otros ritmos y otras maneras de habitar. En ese proceso, el cuerpo deja de ser un observador distante para convertirse en el primer lugar donde ocurre el encuentro: es el cuerpo el que camina, escucha, conversa, recuerda y reconoce las huellas del territorio.
Figura 3. Vania Caro Melo (2017). Instalación. Invernadero 3 mts x 1,80 mts. Madera, pvc, nylon y tela térmica aluminizada. Exposición Ejemplos a Seguir. Expediciones en estética y sostenibilidad Parque Cultural de Valparaíso.Imagen cortesía de la artista.
La casa, la cancha y la huerta tienen algo en común: son lugares donde normalmente no esperamos encontrar una práctica artística. Y, sin embargo, es allí donde surgen las preguntas que la movilizan, porque descubre que esos lugares ya estaban atravesados por tensiones, memorias y relaciones que organizan la vida compartida.
En la práctica de Vania, la obra deja de ser el centro del proceso para convertirse en uno de sus momentos: el objeto que se exhibe no agota la creación. La práctica artística se expande hacia los vínculos que la hacen posible, las preguntas que provoca, los contextos desde los cuales emerge y las memorias que pone en circulación. Crear se convierte en una disposición para construir relaciones donde resulta difícil distinguir dónde termina la investigación, dónde comienza la autogestión o cuándo un encuentro termina convirtiéndose en creación. Estas acciones se convierten en una misma forma de hacer que reconoce que el conocimiento también emerge de lo que ocurre fuera de los espacios tradicionalmente legitimados para visibilizar el arte: una conversación mientras se come, caminar por un mercado o una reunión comunitaria.
Cada proceso compartido termina encontrando una forma particular de hacer parte de lo que denominamos arte: a veces será una exposición; otras, un taller, una publicación o una intervención en el espacio público. Ninguna de esas formas agota la práctica. Son apenas distintas maneras de hacer visible un proceso que comenzó mucho antes, cuando una manera de habitar el mundo convierte lo cotidiano en una pregunta compartida.
La creación aparece entonces menos como un ejercicio de representación y más como una forma de habitar el mundo desde una experiencia compartida. La práctica situada no consiste en trabajar con una comunidad o para ella, tampoco en convertir el territorio en escenario ni las comunidades en objeto de representación de una idea previa, sino en construir un proceso capaz de dejarse modificar por las relaciones que va tejiendo. La creación deja de entenderse como un acto aislado y en ese gesto hay una decisión ética que atraviesa toda su práctica: no instrumentalizar, ni romantizar.
La obra En serio, soy artista, aquella pequeña casa hecha con galletas, ya no parece preguntarse quién tiene derecho a llamarse artista sino en cómo seguir siéndolo. Después de recorrer el resto de su trabajo, entendemos que esa casa se sostiene por la misma razón que se sostienen sus proyectos: porque hay vínculos con los territorios, las memorias y las personas que les dan sentido. Cada galleta sostiene a la otra en un proceso de interdependencia que se construye poco a poco. Como ocurre con los cuidados, los archivos y las personas que aparecen en el camino, ninguna práctica artística existe aislada de la vida que la hace posible. Lo que mantiene la estructura en pie no es la fuerza de un elemento aislado, sino aquellos gestos que casi nunca ocupan el centro de la escena y que nos permiten seguir dejándonos transformar por el mundo que habitamos.
Notas
[1] Vania Caro Melo fue una de las personas invitadas en el evento Arraigos y desarraigos, correspondiente a la novena sesión del Ciclo de Conferencias de Estética y Teorías del arte CCETA. del Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Caldas. El miércoles 17 de junio del 2026.
Cómo citar:
Aguirre, A. y Ospina, A. (2026). En serio, soy artista: Sobre la practica de Vania Caro Melo. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 7 (11). Disponible en:https://portal-error-1913.com/2026/09/22/en-serio-soy-artista/
Fecha de recibido: 29 de julio de 2026 | Fecha de publicación: 22 de septiembre de 2026.
Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.
ISSN: 2711-144



