Avatar de Desconocido

Entradas de Error 19-13

Error 19-13 es un portal que busca fortalecer la producción de crítica de arte y la formación de públicos. Se propone como un estímulo para reconocer las capacidades críticas y la libertad intelectual de estudiantes universitarios, investigadores y escritores en general. Se espera publicar ensayos, críticas, encuentros, manifiestos y textos literarios que se pregunten por las condiciones de producción y circulación de las prácticas artísticas en el circuito del arte regional de los últimos años y sus relaciones con el ámbito nacional e internacional. En este sentido, permite descentralizar la reflexión sobre arte en el país y crear un archivo en web, que aportará a la construcción histórica del arte en nuestras latitudes. Error 19-13, en definitiva, obedece a la necesidad de generar nuevos diálogos y debates, en la esfera pública, que nos permitan pensar las prácticas artísticas contemporáneas, sus interpelaciones a nuestras formas de vida y el lugar del error en los procesos de creación.

EL ARTE MÁS QUE PRODUCIR OBJETOS CREA LAZOS. Entrevista a Jennifer Rubio

Art creates relationships rather than producing objects. Interview with Jennifer Rubio

Por: Paula Bernal Roman

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

paula.11715058@ucaldas.edu.co

Figura 1. Rubio, J. (2018). Cosas de casas, [Escultura]. Armenia: Quinto Salón de aquí. Fotografía de Daniela Loaiza.

Jennifer Rubio es egresada de la Universidad de Caldas, en esta corta entrevista nos abrió las puertas de su intimidad, nos cuenta un poco de su vida y trayectoria artística. Una mujer llena de espiritualidad y sueños.

Paula: ¿Dónde resides actualmente?

Jennifer: Actualmente vivo en la Ciudad de México y me quedaré aquí hasta septiembre. Llegué en abril y el tiempo se ha ido muy rápido, no había vivido en una ciudad tan grande hasta ahora. Todo es con mayor volumen, siempre hay gente en todos lados, a todas horas.

Paula: ¿A qué te dedicas en este momento?

Jennifer: Podría decirse que en este momento, me dedico a esperar… Apliqué a varias convocatorias y ahora espero sus respuestas, mientras tanto trabajo en proyectos personales y de otros: Me encargaron hacer las ilustraciones para el rediseño de una etiqueta de cerveza artesanal y también tengo pendiente la ilustración de dos poemarios.

Paula: ¿Qué querías ser de pequeña?

Jennifer: Mi infancia podría decirse que fue movida; nos mudamos, cuando mi hermana y yo aún éramos pequeñas, de Bogotá a Ecuador. Ahí crecimos y aprendimos a montar bicicleta. Al comienzo vivimos en Quito, la capital y luego nos mudamos a las afueras a un lugar llamado Sangolquí. Todavía recuerdo la dirección, Teniente Hugo Ortiz y Cazadores de los Ríos, casa #2.

Disfruté mi infancia, inventábamos juegos con mi hermana y mis padres siempre nos llevaron a conocer lugares nuevos, esa es la ventaja de Ecuador, es pequeño y puedes recorrerlo con facilidad. Cuando era pequeña recuerdo que quería ser cantante, me grababa cantando sobre los casetes de mi mamá y los que nos enviaba mi tía con canciones infantiles.

Paula: ¿A qué edad supiste que querías ser artista plástica y cómo lo supiste?

Jennifer: Eso realmente ocurrió hace poco, yo no quería estudiar artes, yo solo quería una carrera que me enseñara a dibujar, con la idea, que aún sigue vigente, de ilustrar libros. Así que cuando entré a la universidad no tenía muchas expectativas. Solo quería dibujar. Tampoco entendía muy bien las posibilidades que ofrece el arte.

Figura 2. Rubio, J. (2017). Libreta de dibujo[Dibujo]. Manizales.Cortesía de la artista

Ahora soy más consciente de eso, que el arte más que producir objetos, crea lazos. Así que el proceso fue a la inversa, en este caso yo no quería saber nada de “Arte”, y el término de “artista” a veces me suena ostentoso, pero ahora lo veo como mi aliado más que como a un enemigo.

Paula: ¿Fue fácil tu ingreso a estudiar la carrera de artes plásticas?

Jennifer: Podría decirse que sí, el primer filtro cuando te inscribes es el resultado del ICFES, luego en aquel momento había una prueba de aptitud. Hoy creo que también hay una entrevista. Lo que fue más difícil, al menos para mí, fue empezar, creo que hasta quinto semestre logré sentirme cómoda con la carrera, en segundo quise desertar pero no lo hice. Hubo paro y huí. Tampoco entendía la ciudad, me resultaba gris y laberíntica. Cuando me enamoré de Manizales fue más fácil todo, pero pasa mucho, tejes una relación de amor-odio con la carrera.

Paula: ¿Has tenido apoyo de tu familia o ellos deseaban que estudiaras otra carrera?

Jennifer: Sí, desde el inicio hasta el final. Mi madre fue mi apoyo número uno durante el proceso de mi tesis, por ejemplo. Ellos siempre han estado ahí cada vez que he querido tirar la toalla. Tengo ese lujo.

Paula: ¿Cuál fue la materia que más te gustó en la academia y por qué?

Jennifer: Creo que fue “Arte Latinoamericano” con Pedro Rojas, bueno, creo que la mayoría de clases con Pedro son inspiradoras, siempre hace visible esos lazos que genera el arte. Creo que por eso me gustó esa clase.

Paula: ¿Cuál ha sido el trabajo más gratificante que has hecho hasta ahora?

Jennifer: Hay varios, el primero que me dio confianza en lo que hacía, fueron una serie de bordados que hice con la temática del postconflicto.

Hoy creo que es mi tesis Cosas de casa, fue un proceso algo largo, con sus altas y bajas, como todo pero ahora que lo veo en retrospectiva estoy orgullosa de lo que es, una investigación desde el arte sobre el hogar. La defino como un recorrido en la cual investigar fue sinónimo de transitar, volví a las casas en las que he vivido a través de la palabra y el recuerdo. Al final, el resultado de ese trayecto fue un libro.

Paula: ¿Qué técnica te gusta más? Pintura, dibujo, grabado, alguna otra

Jennifer: El dibujo y yo seguimos siendo aliados, entendiendo dibujo como ese rastro que se deja sobre una superficie, ya sea papel, tela… cualquier superficie. El mar dibuja, deja el rastro de las olas sobre la arena. Así que dibujo, a veces con lápiz, a veces con hilo, pero dibujo al final de cuentas.

Paula: ¿Qué haces para mejorar como artista?

Jennifer: Últimamente pienso más en el contenido que en la forma, siento que nuestras acciones repercuten para bien o para mal, en pequeñas y grandes escalas. Así que teniendo en cuenta eso, desde mi trabajo quiero contribuir a generar espacios de empatía y de comunidad, conscientes del momento en el que vivimos.

Paula: ¿Qué te inspira a diario?

Jennifer: Esta respuesta es fácil, lo que pasa a diario. El día a día, la rutina, la mía y la de otros. Afuera en la ventana, a dentro cuando pareciese que no pasa nada.

Paula: Tienes un trabajo llamado: Sobre cosas diminutas. ¿Qué te llevó a explorar este campo?

Jennifer: Creo que todo empezó con un diente de león, y preguntarme por el porqué de su nombre, de camino a la universidad siempre habían muchos, y a veces los recogía y soplaba. Más adelante pregunté a mis amigos en Facebook qué cosas diminutas conocían, y me dieron sus respuestas. Desde niña me han gustado las miniaturas, entre más diminutos más hermosos, creo que está ligado con la cantidad de detalles que pueden tener. Junté esas dos cosas y nació el fanzine.

Paula: ¿Qué piensas de las cosas pequeñas?

Jennifer: A mí siempre me han causado agrado, lo que te decía, esa cercanía que tienen con lo minucioso y detallado, también que tienes que acercar los ojos para verlas. Ese acto me parece importante.

Paula: ¿Qué opinas de la palabra insignificancia, piensas que tiene alguna relación con las cosas pequeñas?

Jennifer: No. Esa palabra está ligada a la importancia que tienen las cosas y que en este caso, algo sea pequeño, para mí, no le resta. Piensa en los átomos, son la partícula más pequeña del universo y aun así lo conforman todo. Así que no las asocio.

Paula: Si pudieras ser otra persona por un día. ¿Quién te gustaría ser?

Jennifer: No lo sé, tal vez no sería una persona sino un animal, un perro para estar feliz siempre o una tortuga marina para estar en el fondo del mar sin miedo a ahogarme.

Paula: ¿Con qué palabras definirías tu vida hasta el momento?

Jennifer: Movimiento e incertidumbre.

Paula: ¿Tienes algún amuleto?

Jennifer: Muchas libretas y animales miniaturas.

Paula: ¿Algún consejo para los nuevos artistas?

Jennifer: Yo también soy nueva artista y mi auto consejo siempre es que sea disciplinada y que no pierda la calma.

Como citar:
Bernal, P. (2019). El arte más que producir objetos crea lazos. Entrevista a Jennifer Rubio. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/07/21/el-arte-mas-que-producir-objetos-crea-lazos/

Fecha de recibido: 15 de Julio de 2019 | Fecha de publicación: 24 de Julio de 2019

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

VÍCTIMAS DE REPRESENTAR VÍCTIMAS

Victims of representing victims

 Por: Mishell Castaño

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

angie.11613207@ucaldas.edu.co

Infinitos son los debates que se irguen sobre las palabras arte y política, bajo la pregunta de si debería o no el arte ser político o si inevitablemente lo es. Sin querer detenerme en ninguna de estas premisas y usarlas para formar una nueva sobre estos temas, creo que es preciso cuestionarse sobre las formas que adquiere el recuerdo y la memoria en la realidad colombiana. Pretendo generar un ejercicio de reflexión y ofrecer una perspectiva dentro del actual posconflicto. Teniendo presente el auge de las artes y su compromiso con la transmisión del pasado en las diferentes vertientes que este momento histórico genera, en su exploración de la violencia, la memoria, la reconciliación, el olvido y ¿Cómo no? el futuro.

Las palabras arte y política pueden tener un vínculo en cuanto están inmersas en una realidad social, un juego (ludus) de presentación-representación (como el que llevaban a cabo los efebos espartanos ante la ciudad, que con los ojos de quien observa algo totalmente nuevo, disfrutaba de la precisa representación de ella misma). Puede argumentarse que todo arte es político porque contiene acotaciones sobre el mundo y también en su evolución ha estado marcado por la apropiación y la contrapropuesta a las imágenes de dominación, una vena subversiva acompaña las luchas sociales desde la manifestación plástica, aun así como paradoja propia de una tragicomedia, las artes comprenden lo difícil que es desenmascarar la mentira, cuando la ley que los gobierna es la que dirige el actuar del mentiroso, comparto con Jacques Ranciére sus comentarios en los Paradigmas del arte político, cuando afirma que la diversidad y la masificación de las técnicas y estrategias de las obras que se politizan demuestran una incertidumbre sobre lo que es la política y la finalidad del arte.


La memoria, por ejemplo, parece un campo de oportunidades para la creación artística en un momento donde se necesita desafiar las historias oficiales, esa amnesia plantada y manejada hace décadas por las instituciones desde las tácticas del olvido y la implantación de verdades. Las artes (desde su peculiar adaptación de los hechos) se convierten en una imagen que entreteje o divide relatos, sea de manera individual o colectiva ¿Por qué la frenética respuesta por parte del arte al actual proceso de paz y al posconflicto? Si somos lo que representamos, ¿tanto repinte sobre la misma línea no nos pone en un eterno bucle? Es lo que me pregunto ajena en gran parte a lo que la violencia significa para otras personas que sufren de este ejercicio ¿Por qué el afán de trascender estos hechos desde museos de la memoria?

La construcción simbólica del pasado se articula con las necesidades del presente y permite visualizar un futuro. En ocasiones somos selectivos, decidimos olvidar, suprimir o transformar lo ya ocurrido. Rememorar el tiempo en movimiento (ayer, hoy, ahora o mañana) solo puede ser un acto subjetivo e individual, cargado de millones de circunstancias y diferencias, aunque este acto se basen en la empatía y el dolor común, en un escenario como lo es un país, no puede medir su “realidad” desde una verdad o una historia oficial. Creo entonces que el artista no tiene la obligación de participar en la construcción de las memorias sociales, por lo menos no pretendiendo ofrecer una verdad detrás de una serie de hechos, ni imponiendo modelos de arte político. No tiene sentido entregar mensajes buscando cambiar modos de hacer y sentir inscritos en la cultura, porque el relato de la violencia es singular, por lo tanto, la memoria depende de la imagen que el autor figure y cómo se articula al cúmulo de narrativas que saturan el actual panorama Colombiano.

El arte legitima mentiras, mientras las cuenta con verdades, pienso que llamarlo político ya no puede ser la acción de derramar sobre la esfera pública un cúmulo de «bellas» películas con moralidades utópicas o por el contrario la reafirmación del dolor televisado y los sueños narcotizados. No se necesitan homenajes momentáneos y «solidaridades» amarillista, de esas que se siente hoy y que se pierden ante la nueva catástrofe del mañana. No se necesitan esas expresiones culturales estetizadas y frívolas que responden a una temática popular sin mayor investigación, sin una mirada crítica más allá de la representación artística. No se trata ahora de rendir culto o de facilitar a los ojos morbosos ajenos de la guerra. El oportunismo no es oportuno ahora, mucho menos si lo que pretende es imponer una posición política por inofensiva que parezca a la situación actual.

Si preguntamos por la finalidad del arte, cualquier intento de conclusión está dispuesta al debate, pero no está demás pensar la funcionalidad de este en su tiempo y contexto. Cuestionarnos, por ejemplo, si la personalidad protagonista del artista complejo y controversial es lo que se necesita en un sistema cojo que pide superar tanto como superarse. Ya no se trata de quién genera las experiencias estéticas más «sublimes» y «extraterrenales» porque el escenario es la tierra misma, aquí y ahora, así como el destino es quieran o no, educar.

En nuestro país el mediatismo demagógico es más que evidente y ha cumplido eficazmente su papel de desinformar y arrancarnos de lo que pudo ser una historia autóctona. El arte, por lo tanto, no puede prolongar esa manera -también violenta- de utilizar el conflicto, con expresiones superfluas, vacías y mercantiles, con testimonios falsos, víctimas cosificadas y cartas anónimas sedientas de polémica. Mímica puesta sin una pizca de guerra, rostros que en sí son solo eso, sin dispositivo, sin conexión, sin nada que interese a quienes realmente construyen esta historia con los pedazos arrancados de sus cuerpos, de sus vidas y derechos.

Hacer del pasado colombiano un espectáculo o ver en él simples oportunidades de visibilizar un trabajo artístico es algo odioso, está cargado de los mismos intereses con los que las autoridades opresoras nos han dicho por años quienes somos y hacia dónde vamos. Los invito a lo que yo considero es asertivo: a pensar el arte como un vehículo, un instrumento, más no como una respuesta y presentar con humildad los relatos que se superponen sobre el horizonte colombiano y su difícil tierra.

Lo que se encuentra en partida y el compromiso que el artista debe seguir, si pretende inmiscuirse en este proceso que sigue en cimentación, es la reflexión ante todo, porque hasta ahora se ha convertido en una víctima de representar víctimas. El artista debe ser un agente de la memoria, en este instante se trata, creo yo, de decidir qué tipo de sociedad queremos ser a través de lo que esas vidas significaron.

Cómo citar:
Castaño, M. (2019). Víctimas de representar víctimas. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/07/20/victimas-de-representar-victimas/

Fecha de recibido: 15 de Julio de 2019 | Fecha de publicación: 20 de Julio de 2019

ENCIERRO. Crónica de una reclusión en la San Juan de Dios

Confinement . Chronicle of a confinement at San Juan de Dios.

Por: Judy Alexandra Valencia

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

judy.11612675@ucaldas.edu.co

Figura 1. Valencia, J. (2019) Encierro [Fotograma del video]. Manizales. Cortesía de la autora

«Encierro: Reclusión de una persona en un lugar, en especial si es de forma voluntaria o si se hace como acto de protesta».

Diccionario

Esta es una historia, como muchas otras, que pasan en las sociedades actuales, donde los cambios provocan desequilibrios y las enfermedades son manifestaciones de nuestra existencia. Esta es una situación que se ha vuelto muy común, las estadísticas muestran que más de 4.7 de la población colombiana se encuentra afectada por enfermedades mentales. Las personas empiezan a recibir tratamiento farmacológico desde pequeñas, algunas con manifestaciones extremas de enfermedad, otras con simples cambios de comportamientos afectivos, sociales, cognitivos o emocionales.

A mediados del mes de marzo del 2014, por un error, digamos que un gran error, terminé recluida en el Hospital Mental San Juan de Dios de Manizales. No fue la experiencia más placentera, ni la más reflexiva de mi vida, pero me dejó un temor: la pérdida de mis sentidos.

Todo comenzó con una sobredosis accidental de ansiolíticos y digo accidental porque realmente nunca lo pensé, simplemente sucedió. Entré al baño, después de una discusión espantosa y me tomé una botella entera de Clonazepam. Quien no ha probado medicamentos psiquiátricos, debe saber que este es uno de los más fuertes, solo 20 gotas producen sueño, 30 gotas te noquean. Así que terminé en el hospital psiquiátrico, con un lavado de estómago y una orden de hospitalización.

Recuerdo las voces en mi cabeza regañándome por haberlo hecho, por preocupar a mis seres queridos, por haber fallado. Sucedió un sábado en la tarde, mi madre me acompañaba, trajo con ella un bolso con ropa y utensilios de aseo. Era lo único permitido, ni libros, ni relojes, ni lápices, ni celular, solo un pijama, dos blusas, un pintalabios, ropa interior, cepillo de dientes y de cabello, shampoo, jabón y una toalla. Me acompañó en la ambulancia donde una enfermera conversaba con ella, mientras yo estaba amarrada a una camilla.

El viaje no duró más de 20 minutos y fue tranquilo. Llegamos, entramos por la reja y me bajaron de la ambulancia. Pasamos por una puerta pequeña, me dejaron esperando, el personal de ingreso me registraba. Mientras me lamentaba en silencio, una joven se sentó a mi lado, 22 años, pequeña y muy delgada. Me saludó, me contó que estaba muy feliz, que por fin iba a ver a su novio, hablaba, hablaba y hablaba… solo para que en medio de una oración, vomitara a mi lado. Me alejé, ella empezó a gritar y a golpearse mientras un enfermero la arrastraba hasta una habitación acolchada.

Vinieron por mí y me llevaron por largos pasillos y varias puertas cerradas hasta la Unidad de Agudos, donde una enfermera mayor me recibió. Me despedí de mi madre, entré por una puerta de cristal y una reja. Me presentaron a una interna, una chica mona, de unos 25 años, alta, trigueña, me saludó y me llevó a nuestra habitación. La habitación era un espacio mediano, de paredes blancas y baldosas cafés, tenía tres camas de hospital pequeñas, alineadas en paralelo, con una almohada y una cobija, también tenía un baño con ducha. Entró la enfermera, me dio tres pastillas y un vaso de avena, me tomé el medicamento, me cambié, guardé mis cosas y me acosté. Parpadeo, parpadeo, parpadeo, dormí toda la noche seguida, mis ojos me pesan, mi cabeza está embobada, siento que alguien me toca el brazo, me estremezco, enfoco la visión y veo a la enfermera de la noche anterior.

Buenos días, con voz melodiosa me dice que debo levantarme y bañarme porque solo tengo una hora para que sirvan el desayuno. Así que me levanto, tiendo la cama y saludo a Erika, mi compañera de habitación, que ya está arreglada, me dice que sostenga la puerta del baño mientras me baño, ya que no tiene chapa, me baño y me visto lo más rápido que puedo. Erika se despide mientras guardo todo en el armario, cuando salgo de la habitación me encuentro el caos: la mayoría de las mujeres están desnudas, las enfermeras las obligan a entrar al baño, jalándolas y gritando hasta que todas las habitaciones son cerradas. Erika me ve desde una silla y se ríe, yo solo abro los ojos, niego con la cabeza, camino y me siento junto a ella.

Me pregunta la razón de mi internación, le cuento y se ríe, con gesto melancólico, me dice que ella ya ha estado hospitalizada varias veces. Entra y sale varias veces en el año y, por ser tan frecuente, la castigaron y la mandaron para agudos. Ella casi siempre se encuentra en residencias, que es un espacio más calmado. Me distraigo, hay ruido en el pasillo, miro y están abriendo el comedor, comentan que solo tenemos una hora para comer, voy y recibo el desayuno. Es un huevo duro, un pan tajado, una arepa y chocolate, como rápidamente, entregó los platos.

No puedo volver a la pieza debido a que cerraron las puertas, me arrastro y me siento en un rincón en la sala que poco a poco se llena. Pasa el tiempo, no miro a nadie, no quiero hablar con nadie, pero algo capta mi atención. En el piso debajo de la mesa de plástico se encuentra una muchacha acurrucada, la sigo mirando hasta que ella se sale y se para al lado, me pregunta por qué estoy ahí y como no quiero contar la historia le muestro mis muñecas con cortes. Ella toma mis brazos, los observa y me dice que me corté mal, que debe ser vertical y con un cuchillo más filoso, que como lo hice no sirve para nada. Se va y se acurruca debajo de la silla hasta que una enfermera, la obliga a levantarse y sentarse en una silla.

El día sigue pasando y yo perdida en mis pensamientos, hasta que llega el almuerzo, como, tomo mi medicamento y vuelvo a la sala. En la tarde viene la trabajadora social, nos entrega un lápiz y una hoja con un dibujo, comenta que podemos colorear hasta las cuatro que es la hora de las visitas, así que rayo la hoja solo por hacer algo. A las cuatro llega mi padre, abren la reja y la puerta, le dicen que debo volver a las cinco y media, él me lleva a la cafetería, me pregunta cómo estoy y si ya me vio el médico. Respondo que me encuentro bien, aunque lloro un poco, que no he hecho nada y que no veré al doctor hasta el otro día, seguimos conversando a nuestra manera hasta las 5:25 pm, me despido de él. Entonces, voy a la sala y espero, a las 6:30 pm abren los cuartos, me cambio, tomo el medicamento y me acuesto. Esa noche despierto, cuando la enfermera está haciendo la ronda, escucho gritos a los lejos, pero me vuelvo a dormir.

Sé que es lunes, es mi primer pensamiento del día, me levanto y estoy sola en la habitación, Erika fue trasladada a otra área. Entro al baño y me arreglo lo más rápido posible, siempre vigilando la puerta. Pero una vez bañada espero que no haya ruido afuera y salgo. Me voy a la sala, converso con la gente que hay ahí, paso a desayunar, solo como la mitad, no tengo hambre. De regreso a la sala conozco a otra residente, ella se ríe mucho, tiene 50 años, me dice que ha estado internada por 10 años, nadie la visita, la familia la abandonó, me muestra el estómago dónde de la mordió una serpiente, la pierna donde la atropelló un carro, me cuenta todos sobre ella y yo solo la escuchó, no tengo nada más que hacer.

Después del almuerzo me pasa algo que me altera, estoy sentada en una silla y una señora empieza a tocarme el brazo de arriba abajo mientras me dice muñeca, me pongo ansiosa y me alejo lo más rápido que puedo. Ella se vuelve a acercar, pero me salva una enfermera diciéndome que debo pasar con el psiquiatra. Me alegro, camino rápido después de ella.

Al entrar en el consultorio me encuentro un médico, canoso y amable, ya había tenido consultas con él. Me hace las preguntas habituales y me comenta que me ve ansiosa, aprovechó la oportunidad y le cuento las cosas que me han alterado en la estancia que llevo. Me dice que después de las visitas me va a trasladar a residencias, que yo no estoy lo suficientemente alterada anímicamente para estar en agudos. Le agradezco y cuando salgo del consultorio me encuentro a mi madre, converso y le cuento las buenas nuevas. Cuando son las 5:30 pm, una enfermera me acompaña a sacar mis cosas para realizar el traslado. Pero cuando estoy en la puerta me detengo, una de las residentes está agarrada de la reja insultando a mi madre, me asustó y me quedo quieta. Las enfermeras van y la retienen, le aplican un tranquilizante, aprovecho y salgo de ahí.

Salimos del edificio y caminamos lentamente hacia la parte trasera de la clínica, encima de las puertas se lee «Residencias de mujeres», entro por las puertas y me encuentro a una enfermera que me recibe con una sonrisa, me despido de mi madre. La enfermera me saluda, envía por mi receta y me acompaña al cuarto, tiene las paredes pintadas de azul claro y solo dos camas, no tiene armario, ni baño. La enfermera me muestra unos casilleros grandes donde debo guardar mis cosas, me muestra la sala, tiene sofás de cuero oscuro, grandes ventanas y un televisor pequeño, también hay un comedor y una terraza con mesas y sombrillas. Después de tomar el medicamento, me acuesto.

Me despierto a las 6:30 am, arreglo mi cama, saludo a mi compañera, recojo la toalla y voy a bañarme, como solo hay tres baños con duchas debo hacer cola. Mientras espero, me saludan las demás residentes, algunas con abrazos y apretones de mano. Entro al baño, cierro la puerta y me arreglo, salgo y voy al comedor, ahí me entregan mi desayuno, huevos revueltos, queso y chocolate, me entregan el medicamento, me voy a la terraza.

La terraza está rodeada de una valla metálica y flores, voy y respiro. Una señora llama mi atención, necesita algo de ayuda para caminar y me pide que la acompañe. La tomo del brazo, la ayudo a sentarse y me pasa un libro con sopas de letras y un lapicero, el cual empiezo a utilizar, lleno uno y luego otro. Pasan unas estudiantes de enfermería que me preguntan mi nombre, la fecha y como me siento, les doy mi nombre, solo les doy el día ya que no me acuerdo de la fecha, les digo que estoy menos ansiosa, feliz de que me trasladaron, toman nota y se despiden.

Son las diez de la mañana, cuando viene un profesor de educación física y nos lleva al gimnasio, un salón grande con aparatos viejos, destartalados. Trotamos, usamos máquinas, saltamos de un lado para otro, lo hacemos lentamente, la mayoría de las residentes son adultas mayores. Cuando regresamos nos dan una mandarina y me siento en la sala a ver televisión, hasta el almuerzo.

En la tarde me siento en la terraza con una señora, me comenta que la vida es preciosa mientras me hace una trenza espiga, me cuenta que es peluquera especializada en trenzas, que solo está ahí mientras le consiguen cupo en el hospital del corazón ya que hace poco sufrió un infarto. Después a las 4:00 pm, es la hora de visitas y me visitan mis amigas de la universidad, pasamos una hora en la cafetería y media paseando, vemos los jardines y la fuente, conversamos sobre las clases.

A las 5:30 pm regreso y guardo los dulces y frutas que me trajeron, ceno y tomo mi medicamento, voy a ver televisión y me acuesto. Los próximos cinco días pasan igual, me levanto a las 7:00 am, me baño a las 7:30 am, desayuno a las 8:00 am, tomo el medicamento a las 9:00 am, hay alguna actividad ya sea por el profesor de educación física o por los estudiantes. Los domingos hay misa, tomo el algo, almuerzo a las 12m, tomo el medicamento, me siento a conversar, juego sopa de letras, vienen las enfermeras, algunas veces les digo bien la fecha, veo al doctor, salgo a las visitas a las 4:00 pm, veo televisión, leo o dibujo, ceno a las 6:00 pm, tomo el medicamento y me acuesto.

El lunes siguiente entran dos nuevas pacientes, una muchacha que se pega a mí, joven, morena y crespa; la otra es una señora de 40 años, tímida y melancólica. Jessica es coordinadora de un call center en Manizales, me dice que es una de las mejores, que es trabajadora, linda, alegre, inteligente y demás virtudes. La miro raro y le pregunto por qué la internaron, me cuenta que está super enamorada de su novio, bueno -replica- ex novio, que él le terminó porque ella lo celaba mucho, pero ella lo amaba, que todavía le revisa las redes sociales y lo llama a todas horas, lo visitaba de sorpresa y le manda regalos. Me cuenta que está un poquito obsesionada con él, lo tiene siempre en pensamientos y que se enoja si sale con alguien.

Como me ve dibujando, me dice que le haga un dibujo bonito para ella hacerle una carta, con muchos corazones, yo le sigo la corriente y termino haciendo como 10 dibujos para ella y para otras residentes. Cuando son las 10:00 am pasa al médico y yo me quedo en la actividad del día, hablan del cuidado de la piel y nos hacen mascarillas. Jessica regresa y almorzamos juntas, me cuenta que le van a aumentar el medicamento y restringir el cigarrillo, lo cual la enoja, pero se contenta con la visita.

A las 11:00 pm me despierto, mi compañera está gritando, las enfermeras vienen y se la llevan, al otro día su cama está vacía, se la llevaron a la UCI.

Hoy martes discuto con el médico, me dice que me comporto como Peter pan, que debo ser como una mujer de veinte años, vestir como una mujer de veinte años y actuar como una, me deprimo el resto del día. El miércoles le pregunto a Jessica que hace una mujer de 20 años, me comenta que vestirse bien, salir a citas, tener novio, trabajar, estudiar y otras cosas que no hago.

Ya pasaron 10 días, estoy cansada de estar en este lugar, estoy cansada del huevo y del pescado, de las novelas y de perder clases. Así que hablo con Erika que apareció por aquí, estuvo en la UCI y luego en agudos porque la vieron pasándole cartas a un muchacho de residencias masculinas durante la misa y como está prohibida la interacción con ellos la castigaron. Ella me comenta que la única forma es mostrarse siempre feliz y decir que todo está bien, así no lo esté, decir siempre la fecha e ir interactuando con todos. Jessica y Erika se llevan bien y me arrastran a sus conversaciones, voy a misa para pasar los mensajes de Erika a su “novio”.

Así pasan otros cuatro días entre rutina, medicamentos y charlas, entra una nueva paciente en silla de ruedas, con la mirada perdida, muy quieta, joven y bonita. Erika me dice que la conoce, que entró a la UCI por intento de suicidio porque el novio la dejó, que intentó atacar al médico y la sedaron. La dejamos de mirar y vamos a la terraza a comer la fruta del día, cuando pasa una sombra rápidamente y se estrella contra la malla que separa la terraza, es la chica nueva intentando escalar, las alarmas suenan, una enfermera viene con sedantes, la inmovilizan y se la llevan a la UCI. Una señora nos cuenta que alguien ya se había escapado por la terraza antes y por eso está la malla, fue un muchacho de 18 años que saltó y se metió por un cafetal, mandaron a la policía a rastrearlo y traerlo de vuelta, lo encontraron el día después, en una finca que cerca de la clínica, mordido por perros.

El 31 de marzo del 2014 es mi último día en la clínica, me despierto, desayuno, voy donde el doctor que me indica cual es la receta final que debo seguir de ahora en adelante. Arreglo el bolso, todos se despiden, me anotan los números de contacto, me hacen un moño español. Hablo con Jessica, la remitieron a 12 sesiones de electrochoques con anestesia porque no le ha servido ningún medicamento, la calmo un poco porque está asustada, me despido, le regalo a Erika los dulces que me sobran. Cuando mi padre viene a la hora de visita le entregan la orden de salida, ambos pasamos caminando por los edificios y los jardines hasta que llegamos a la reja, me quitan una manilla, revisan por radio y salimos.

El hospital psiquiátrico es un centro de historias, donde grandes y pequeñas vidas han pasado, muchas de ellas solo por instantes, otras están condenadas a estar encerradas entre muros para siempre, no solo por su condición peligrosa sino también por abandono. Son seres que si no tienen a nadie, se tienen entre ellos, olvidando el resto del mundo, son personas que cuentan sus historias una y otra vez hasta al silencio, pero sus palabras son poco conocidas. Son mujeres, hombres, niños, jóvenes, adultos, ancianos, madres y padres solitarios que no encuentran su lugar en el mundo.

Muchas personas están encerradas por sus creencias masoquistas, otras por hábitos fuera de control, adicciones y decisiones momentáneas mal tomadas. Decisiones que no concuerdan con la sociedad occidental en que vivimos. «Locos», «dementes», «suicidas» o solamente «tontos», son etiquetas que cargamos para siempre en nuestras mentes, solo por una decisión, solo una decisión que te puede llevar de tu existencia normal al encierro.

Cómo citar:
Valencia, J-A. (2019). Encierro. crónica. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. Recuperado de: https://portalerror1913.com/2019/07/20/encierro/

Fecha de recibido: 15 de Junio de 2019 | Fecha de publicación: 20 de Julio de 2019

LA MALDICIÓN DEL BARCO

The curse of the boat

Por: Nicolás Alvarado Castro

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

nicolas.11615198@ucaldas.edu.co

El Palacio de Bellas Artes emerge dentro de la gama de obsequios a la ciudad de Manizales, en la celebración de su primer siglo de existencia. Este edificio “está inspirado en un barco”, específicamente, en la coraza de un barco de la Segunda Guerra Mundial. Este es el rumor del cual la mayoría de habitantes del edificio tienen certeza y, aunque no tenga un documento de soporte, es una información que ha sobrevivido al paso del tiempo y aún persiste.

Pareciera que inventar historias y creerlas como reales, fuese una habilidad que dominan a la perfección todas las personas que frecuentan este edificio. Y, tal vez, sea ello el motivo por el cual se puede comparar el funcionamiento de todo el espacio que representa el Palacio de Bellas Artes, con su reputación de Barco.

Quizá la marea alta y la marea baja sean la dinámica por la que este edificio ha logrado mantenerse a flote. La turbulencia a la que se enfrenta a diario es la responsable de los mareos que sentimos todos los tripulantes. No es necesario hablar de la poca vocación de los tripulantes por explorar otros mares, porque creen que saber nadar es suficiente y terminan haciendo barcos de papel que se hunden a la primera tormenta.

Pocos tripulantes son los que salen con mástiles y velas que se ven a la distancia y dan nuevos rumbos al itinerante barco. El resto de ellos, solo aprendieron a fundir las propias anclas que los hundirá. Y como a una buena historia de barcos no pueden faltarle los piratas, en este barco resultan la atracción principal. Como en una buena escena de Juego de Tronos, el pirata bueno deja de serlo dependiendo la marea y el pirata malo promete ver en el horizonte nublado la tierra firme a donde llegar.

Casualmente me afecta un problema de oído hace unos meses. Quizá se deba a los ruidos que se escuchan en el barco. Son ruidos de navegantes en contra de piratas que no llevan la madera en alguna de sus piernas, sino en los ábacos con los que aprendieron a sumar. El norte de este barco está guiado por el pirata con la pata de madera más larga y, sin embargo, no son conscientes de que sus patas son hechas con la misma madera que las marionetas.

Tal vez yo no sea nadie para hablar de navegación, pero a veces la marea es tan fuerte que termino balanceándome por los estrechos pasillos de este barco de un lado a otro, mirando la débil artillería con que los navegantes se enfrentarán después a los otros barcos. En ello no encuentro consuelo, sino decepción. Y en medio de este paisaje desolador, para este barco que no encuentra un puerto donde arribar, los piratas buscan como aliviar el olvido y la soledad inventando muestras de artillerías que están hechas para aplaudirse y celebrarse entre ellos, porque nadie más lo haría. Quizá si encuentren quien los alague, quizá otro barco más grande e igual de desolado, con pasillos más amplios pero aún mucho más desorientado, hecho de la misma madera, en una escala mayor.

Lo que no saben muchos navegantes y muchos piratas, es que su teoría terraplanista, no funcionará. Tal vez lo hará, pero solo adentro de este barco. Por esto es bueno conocer otras rutas de navegación o por lo menos saber que navegar es un arte que ha evolucionado durante muchos años. Navegar, en este tiempo, en un barco de la Segunda Guerra Mundial ya no es la mejor opción; más tarde que temprano terminaremos saltando desde la popa del barco urgidos por ayuda.

¿Quién tiene el timón?

¿El navegante o el pirata hp?

Cómo citar:
Castro, N. (2019). La maldición del barco. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portal-error-1913.com/2019/07/19/la-maldicion-del-barco/

Fecha de recibido: 10 de Junio de 2019 | Fecha de publicación: 19 de Julio de 2019

CARTA DE DESAMOR

Letter of heartbreak

Por: Mateo Valencia Florez


Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas

mateo.11513589@ucaldas.edu.co

Querida Bellas Artes,

Principalmente remito estas palabras en forma de profunda tristeza, pues en mi yace una pena debido a la desilusión que vive mi espíritu a causa de tu deterioro; es triste recordar varias cosas, recurrir a esos recuerdos solo me genera nostalgia o tal vez indignación, rencor, desagrado, un sentimiento pedante, repudio y malestar.

Es difícil no pensarlo, recordar cómo te deseaba, esas ansias locas de estar en ti viviéndote, sintiéndote, ese placer que recorría en mí de solo imaginar que serias real, que te podía tocar con mis manos y con mi pensamiento…

Me indigna ver lo nefasta, triste y apagada que te han vuelto, lo burda y fácil que te han convertido, ya no hueles a sensación ni a libertad, eres un fósil que con el pasar del tiempo te vuelves dura y obsoleta, estas desgatada… ¡Si! Estás desgastada, han abusado de ti, han jurado en vano miles de veces tu nombre, han pecado en tu templo y han hecho de ti una prostituta.

Ya no me seduce habitarte, ni pensarte, pero es doloroso sentir todo eso hacia ti, debido a que muy dentro de mi hay algo que te aclama y es consciente de tu desdicha. Culpo a cada quien que no sea consciente de lo que eres y hay en ti, culpo a cada individuo que te habita y te piensa como una obligación más y no como el goce y disfrute de vivir. Son culpables todos aquellos que te utilizan mal intencionadamente y quienes a ti no ofrecen un respeto con sus actos y sus palabras blasfemas; quienes solo abusan de ti para salvar su pellejo, no es de obviar que en tus entrañas durante mucho tiempo habitan personas que te dañan, te quitan vitalidad y tiempo ¡Qué vacía te sientes! Ahora solo eres cemento y polvo, orines en los baños y un puñado de acéfalos corriendo sin sentido en búsqueda de la “verdad”.

Es triste saber cómo me siento, me duele mi cerebro de pensarte y mi corazón de no sentirte, tener esa decepción de lo que yo imaginaba y pretendía de ti antes de tenerte, el poco tiempo que mantuve la fe puesta en tus argumentos. La blancura de tus pasillos es el reflejo de la poca visión que hay en ti por parte de quienes se suponen dirigir tu cabina, a causa de ello te has vuelto fría, estática, obsoleta, absurda, innecesaria, lo que cuelga de tus paredes no tiene un aliento a rebeldía y libertad; más bien tienen un adoctrinamiento de lo que pretenden con su idea reforzada de contemporaneidad o sus rencauches de conceptos e ideas desgastadas por el pensamiento eurocéntrico. Te convertiste en un ser sin espíritu, sin causa, sin nada, eres solo el juego inútil de muchos niños jugando a ser grandes artistas o el infame acto de los mayores puliendo su pedestal y llenándose la boca de materia fecal con la que profesan en tus aulas, son ellos culpables de tus desgracias, de tu nefasta existencia.

En ti ya no hay deseos, deseos de crear, de fomentar y de generar espacios que estén a tu altura, a lo que a ti se te debe. Todos los que habitan en ti no se dan cuenta del potencial que tienes, de la magia que hay solo en tu nombre, de todo lo que conlleva y las infinitas posibilidades que nos das para visionarnos, para soñar. Me enfurece ver a todos estos individuos llenando su ego y sus libretas de mediocridad (y no por si lo saben hacer o no, al fin y al cabo, lo técnico es algo que puede lograr cualquiera) sino por lo escueta que es su visión de lo que pueden lograr y transmitir, por su triste juego de pretenciosidades y la falta de amor por lo que viven y sienten.

Yo soy un loco enamorado por producir, por hacer, fallar y volverlo a intentar, explorar las infinitas formas de cómo hacerlo, descubrirlas y experimentar de ellas; por eso me derrumba la forma en que permiten estos atroces atropellos, saber que eres inservible para esta sociedad escondida entre montañas, que no brindas nada hacia ella. No encuentro más términos peyorativos para acusar estos actos y para describir tu nauseabunda existencia, todo esto me destruye por que esperaba más de ti, tal vez yo no te he dado lo suficiente, pero en ocasiones pienso que no lo mereces, que serían inútiles, pues ya no me generas ningún tipo de esperanza, ni de necesidad…

Creo que deben haber más como yo que sienten esto por ti y por lo que nos brindan en ti, pero callan, agachan su cabeza y aceptan todo tal cual se los sirvan, se tapan los ojos y la boca cuando se meten con sus bolsillos y chequeras, o, a los pobres inconscientes de la vida real quienes entran sin saber nada de ti y con una expectativa, los derrumban con argumentos vacíos y ejemplos desgastados fuera de su alcance. A esos sujetos sin escrúpulos los invito a repensarse, observarse y rescatarse de ese letargo que invade su profesión, su producción y la proyección que están dando al campo. A los que están atravesando su trayectoria y que respeten su profesión, lo que hacen y estudian, los invito a que lo sientan, que lo vivan, que lo sufran, que sea su obsesión, que dejen de lado el ego y lo pretenciosos que pueden llegar a ser y que, ante todo, sean humanos y no intentos de seres superiores. También a aquellos que inician esta etapa de la vida que traten de no perder su rumbo, que se nutran para defender su posición, que se visionen y se proyecten, sé que es difícil alcanzar una constancia y disciplina, pero eso es solo el primer paso para iniciar este largo camino.

No queda más para decirte, sino que aun guardo alguna esperanza en ti, que espero como aquel viejo en su sillón esperando el momento, ya sea de dar esperanza a su vida o de quitarle la ilusión y el color a la misma. Espero con ansias de saber que te sucederá después, espero que tú, uno de mis amores, no dejes de existir, espero que perdures en el tiempo y que te asegures que los tiempos venideros sean mejores para ti, que te respeten y valoren, qué sería de la vida sin arte, sin música, sin la imagen, sin el poder maravilloso de traer los sueños a la materia, los pensamientos a percepciones corporales y darle vida a la vida.

Con estas cortas líneas me despido, con un sentimiento de amargura y desconcierto, con un horizonte incierto y con la leve esperanza de verte crecer y ser mejor, pero ya sin mí, porque no puedo esperarte, no puedo bajar mi guardia, debo seguir luchando y avanzando. Este camino es complejo y largo, solo cruzarlo te dará la razón del porqué de las cosas y las verdades de la vida, lo real que es vivir y lo complejo que es perdurar…

Atentamente: Un estudiante despechado que ya no te ve sentido alguno….

Cráneo.

Cómo citar:
Valencia, M. (2019). Carta de desamor. Portal Error 19-13. Revista de Arte contemporáneo. 1 (1). Recuperado de: https://portal-error-1913.com/2019/07/17/carta-de-desamor/

Fecha de recibido: 10 de Junio de 2019 | Fecha de publicación: 17 de Julio de 2019