IMPRESIONES DE LA MEMORIA

Memory impressions

Por: Yury Alexandra Aguirre Corrales  

Estudiante MaestrĂ­a en Artes | Universidad de Caldas |yury.2621719007@ucaldas.edu.co

Figura 1. Kumanday. Desde el mirador de San MartĂ­n Herveo Tolima. Fuente: Yury Alexandra Aguirre Corrales

La presencia de Mnemosyne en el juego mitográfico de mi existir, instala en el tiempo presente fragmentos de un pasado preciado, viaja por caminos anchos y extensos habitados por las añoranzas de una niña sin su padre. Aquí inicia el viaje de sanación, a través de la memoria y sus múltiples soportes. Empiezo entonces la senda por mi propia existencia, que lleva a la búsqueda de las experiencias personales y familiares que marcan de forma indeleble mi existir.

Recuerdo esta época como si fuera ayer. Ver el gran jardín colgando del balcón, las texturas, los colores, los aromas, las majestuosas cascadas que brotaban de la tierra cuando llovía. Ver a mi padre acercarse a mí para envolverme en una ruana finamente confeccionada con lana de ovejo. Perseguir los saltamontes para quitarles la cola, dibujar en el cielo con el algodón blanco de las nubes mientras navegaba en un mar verde césped. Crear carreteras con una camioneta roja sujetada de un cordón, dar vueltas y vueltas en mi motocicleta. Abrir los brazos para un abrazo de mamá, la música de mi hermana colgando de un radio negro que programaba moviendo la antena. El calor del fogón de las tardes heladas en la “tierra fría” como le llamaban los abuelos. Cosechar papas en el jardín y llevarle la cosecha a mi madre. Comer arepas en la tarde acostada en el sofá, mientras miraba por la ventana y tomaba tetero de aguapanela con leche. Escuchar las historias de mi padre y pedirle que me contara nuevamente de Policarpa. La vida entre la casa, el jardín, la familia y las nubes.

Figura 2. El Balcón. Vereda la Alejandría Herveo-Tolima. Fuente: Archivo familia Aguirre Corrales

Me gusta habitar el tiempo en presencia de documentos, archivos personales y familiares. Me interesa dialogar extensamente con las personas de la comunidad sobre su pasado, la relación con lo histórico, lo cual, me lleva a lo que para Para Le Goff sería “la materia prima de los historiadores”. Quizás sin darme cuenta he estado jugando a ser historiadora a recolectar fragmentos de mi propio pasado. Diseñando las preguntas exactas para las tías, encontrando las fuentes que me lleven escudriñar su pasado y por qué este es tan arraigado y sentido, como si las entrañas se quisieran salir cada vez que evocamos las experiencias vividas y compartidas, la forma en que habitaron su vereda, la relación con la montaña, con sus padres y en especial con ellas mismas. La mayoría del tiempo experimento emociones de tristeza y frustración al saber el contexto trágico y doloroso al que estaban sometidas. Debo aclarar que las encuentro más conversadoras de lo que fue mi padre. El cual, la mayoría de tiempo fue un enigma, pues, siempre se paseaba con su figura corpulenta y reservada, concentrado en su trabajo inagotable. Esta costumbre de trabajo del campo, es una respuesta a las tradiciones campesinas heredadas de los procesos de colonización de vertientes de la región antioqueña colombiana, desde finales de la Colonia y lo que llamaría James J. Parsons ocupación de la zona de tierras libres, personas pujantes y trabajadoras que sin duda enriquecieron el famoso “mito paisa”, este pasado antecede a mi familia. 

Mi familia fue quien con esfuerzo tumbó el monte en la tierra fría para fabricar sus propias casas. Cuentan las tías que el abuelo Julio, desbarató su casa en la finca y la trasladó hasta Herveo. Armaba, desarmaba y reconstruía las casas de Tabla parada, ese era su trabajo, el cual acompañaba siempre de café y cigarrillos. Fueron trabajadores sin descanso: recuerdo salir con mi padre desde las cinco y media de la mañana a la preparación del ordeño antes de ir a la escuela. Sin duda, sus trabajos junto con los de mi madre no cesaban hasta que llegaba la noche. Fuimos herederos de costumbres serviles, un lugar común de las anteriores generaciones. Estas memorias son manifestadas y recreadas a partir de creencias, mitos y ritos. 

Este es un pasado melancólico que no quiero olvidar, que a pesar de los años intento conservar por medio de la escritura, de las imágenes y de los objetos. Recordar mi lugar en ese paisaje verde y gris neblinoso, un intento de eterno retorno. La pérdida de mi padre me ha permitido hacer preguntas, cuestionamientos y vivir la memoria de formas distintas. Me intereso en la relación de los otros con ella, en los lugares que compartimos sin darnos cuenta. Los tejidos que se van creando de forma silenciosa, los cuales terminan por colectivizarla. Habilitarla implica regresar a los lugares, los aromas, los sonidos y los objetos, sentirlos y vivir a través de ellos. 

El pensadero

Dentro de las experiencias de retorno al pasado, tengo algunos escritos sobre aquel hueco inmenso en mi pecho que dejó la pérdida trágica de mi padre, y sobre esos lugares y objetos que marcaron mi niñez. Estos textos los escribí en mi diario, en unas cápsulas del tiempo que llamo El pensadero:

 Querer no olvidar la casa 

“AquĂ­ sentada en mi sofá, siento como llueve y como se levanta la cortina con un leve viento frĂ­o acompañada del sonido del laĂşd, mi casa en Herveo. La habitaciĂłn de mi padre: una cama de madera antigua, con pequeños barrotes, tendida de una base roja y sobre ella un pavo real, al lado, la pequeña habitaciĂłn forrada de un papel azul con flores pequeñas, ahĂ­ una marca para ganado, alcohol con alacrán, botas de cuero viejas, botas de caucho, unas sandalias sin usar, las mismas que le obsequiĂ© cuando fui a Cartagena por primera vez. Me asomo a la ventana y veo cĂłmo baja la lluvia, cargada de barro desde el parque ¡Se siente el frĂ­o! Voy a su cama y me envuelvo en una cobija que traje de mi habitaciĂłn, es una cobija pequeña, la de la infancia, color rosa. 

De la cama cuelga un radio y una linterna pequeña. Me dispongo a ver HBO, nuevamente una película de Harry Potter, y si, las “Reliquias de la muerte”. Veo como se levantan las cortinas blancas por el viento frío y me dispongo a cerrar la ventana, siempre que las cierro sueño que estoy en otra época; en ese instante observo caballos pasar arriados por sus amos, los perros en manada detrás de alguna perra y yo cierro las dos alas de la ventana y en ellas dos mini ventanitas.

Me voy a la cama nuevamente, concentrada en la muerte de Albus Dumbledore y mi padre entra de la tienda, como siempre sin avisar y me incomoda un poco, viste una camisa azul claro, jeans y botas cafĂ©s -va para el baño-.  Me dispongo a ir a la cocina a prepararle el algo, paso por el gran armario, el cual nos ha acompañado desde su matrimonio con mi madre. Sobre el armario: trofeos de tejo, una coca roja con medicamentos, sus lociones y algunas cosas olvidadas. En ese caminar paso por la sala donde hay un bife justo despuĂ©s de la puerta de mi habitaciĂłn, allĂ­ se encuentran las fotos de la graduaciĂłn de mi hermana; tambiĂ©n las fotos de mi sobrina y las nuestras el dĂ­a en que cumplĂ­ quince años.

Al frente está la lavadora, la cual ya sabe usar mi padre, pues luego de la separaciĂłn con mi madre tuvo que aprender los quehaceres domĂ©sticos. Justo en la mitad del bife y la lavadora existen unas escaleras y una puerta que da a un pequeño patio donde solo cabe el lavadero y el tanque. Pero tiene una gran vista a los amaneceres, justo a las 5:30 de la mañana sabe posarse el alba, echa fuego. Sobre la lavadora unas láminas precolombinas de mi viaje a San AgustĂ­n y Tierradentro. Luego los grandes ventanales de vidrio, mi adoraciĂłn en esa casa, elegantes muy elegantes y bellos, cubiertos por tres cortinas verdes, los muebles color rosa obsequio de bodas de mis padres, un cajĂłn de color barniz claro donde está el televisor negro, el dvd, un espacio vacĂ­o donde puse hace unos dĂ­as el tv pequeño donde veĂ­amos las novelas en la finca, en sus gavetas los álbumes de familia, agendas, cartas de mis amigas en un sobre de regalo verde brillante. En medio de Ă©l dos matas grandes de hojas verdes y justo al frente el comedor con un mantel rojo y sillas rojas. 

A la izquierda la cocina, al lado derecho un lavadero con dos llaves, la estufa en un cajĂłn rojo de metal y luego un gran mesĂłn, con dos compartimentos al aire libre y los dos siguientes sellados con un pequeño cuartĂłn de madera los cuales giran para cerrar. Sobre el mesĂłn hay una alacena de barniz oscuro. Al fondo una puerta que da al baño, una pequeña sala y dos habitaciones, una muy pequeña pues fue adaptada justo luego de crearse esta casa inferior, antes era un zaguán por donde entraban los caballos al patio. El baño muy antiguo y lleno de moscos, nunca pude erradicarlos. 

Finalmente, mi habitaciĂłn, dos camas, una pequeña, la mĂ­a, camita hecha por mi abuelo y una base donde siempre duerme mi hermana y mi sobrina cuando vienen de paseo. AquĂ­ solo hay una ventana grande, sin tribunas, luce una cortina blanca, un armario cafĂ© adherido a la pared, allĂ­ en un lado los sacos y camisas de mi padre, junto con cobijas, sabanas y trapillos de limpiar. Al otro lado mis libros, cuadernos viejos y mi ropa, un pequeño cuadro rosa con la foto de mi hermana muy aseñorada, algunas barbies de frozen de la sobrina, del año que descubriĂł quien era el niño dios, un espejo pequeño en un cuadro de osito” 

Figura 3. Casa familiar Herveo – Tolima. Sistema construcción bahareque y Tabla Parada. Fuente: Archivo familia Aguirre

Viajes oníricos 

“Anoche despertaste en mi sueño, caminaste de regreso a casa y nos abrigaste con tu loco sentido del humor. Observe cĂłmo ocupabas nuevamente tu rol en la tienda. Pude ver cĂłmo entraba un pequeño rayo de luz y sonido por una hendija, estabas abajo escuchando mĂşsica y muy feliz. Arriba mi madre estaba en la habitaciĂłn de nosotras y yo observaba desde la escalera a mi hermana caminar con el álbum de familia hacia allá. 

¡Estaba fascinada con el efecto del sueño! 

Fui a donde ellas, mi hermana abriĂł el álbum, retirĂł una foto, esta tenĂ­a movimiento. 

Era yo con un vestido de jean, quizás tenĂ­a uno o dos años, vi el amor de mi hermana por mĂ­, sonreĂ­a. 

En la foto estaba cantando en la montaña, le cantaba a mi padre. Luego corría a un gran árbol donde estaba mi madre y me subía a sus ramas. Este árbol colgaba del cielo con unas ramas muy anchas y fuertes, de color gris con una gran cantidad de musgo.

Mi madre estaba sentada y yo parada sobre dos ramas haciendo mover el árbol, reía y cantaba; lo sentí real. Tenía emociones que solo sentía cuando vivía en casa con mis padres, como si estuviera recordando desde allí.

Cuando estaba culminando mi sueño, emití una frase a mi padre cómo si estuviera escribiendo una carta en la que decía: Duerme por siempre, mi amor”

Figura 4. Don Ricardo ordeñando. Vereda la Lejandria Herveo-Tolima. Fuente: Archivo familia Aguirre.

Figura 5. Convite con vista al Kumanday. Fuente: Archivo familia Aguirre

ÂżDĂłnde reposan las grietas de la memoria?

Figura 6. Taller Imágenes como impresiones del tiempo: de la memoria al documento y de ahí al archivo. Fuente: Sara Gómez

Todo esto son solo piezas de búsquedas que se han hecho permanentes, lugares de la memoria que conducen a múltiples imágenes y cuestionamientos. Para mi fortuna, no camino en soledad, desde el año 2018 he podido participar en un colectivo de encuentros y desencuentros llamado Ciudad Impresa-Proyecto de Imagen y Fotografía Documental, iniciativa de interacción social de la ciudad de Manizales Caldas que ha dejado que sea en esencia lo que he deseado ser en calma y en pausa. Una búsqueda constante entre el polvo de los archivos privados como los álbumes y diarios personales, documentos y objetos que finalmente son compartidos con otras personas a través de gigantografías y talleres expuestos para que sean reinterpretados y habitados en múltiples formatos, capas sobre capas de narrativas individuales y colectivas. Habitarnos a partir de las imágenes de archivo, por medio de ejercicios prácticos que permitan acercarnos a la memoria. Comprendiendo que la imagen que tenemos de nuestro territorio, define nuestra forma de crear y visibilizar estas narrativas con comunidades. Las memorias de mi padre, de mi casa, son solo un fragmento agrietado de una superficie profunda y dispersa. Cada integrante del colectivo sigue, en esencia, un viaje propio, siendo esto tan solo una parte de la vida de una integrante del colectivo, que lleva en el corazón a la comunidad de Herveo Tolima, municipio abrazado por el volcán Tulaymá y el nevado Kumanday. Cada uno de los participantes se reconoce a partir de la acción e interacción con las imágenes, los objetos, los archivos y los lugares propios, los cuales posibilitan el viaje narrativo permitiendo ritualizar, motivar e intencionar individual y colectivamente la memoria.

Figura 7. Proceso de montaje Barrio Solferino Manizales -Caldas 2019. Fuente: Cristian Andrés Aristizábal

Figura 8. Proceso de montaje Barrio Solferino Manizales -Caldas 2019. Fuente: Juan Diego Arango



CĂłmo citar:

Aguirre, Y-A. (2022). impresiones de la memoria. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4 (7). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2024/07/03/impresiones-de-la-memoria/

Fecha de recibido: 7 de diciembre de 2022 | Fecha de publicación: 3 de julio de 2024

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

ENTRE LA MĂšSICA Y EL RUIDO: UNA APROXIMACIĂ“N AL PAISAJE SONORO URBANO. Entrevista a Roberto Cuervo Pulido

Between music and noise: an approach to the urban soundscape. Interview with roberto cuervo pulido

Por: Kelly Johanna Acero Acevedo

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas | acerokelly571@gmail.com

Figura 1. Cuervo, R. (2016). Sonografía en ausencia del paisaje sonoro urbano. Imagen de su investigación «¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos» (p. 110)

Kelly Acero: Nos encontramos con Roberto Cuervo, un hombre al que no le gustan las etiquetas pero que, eso sí, se considera transdisciplinar. Para iniciar esta presentación, ¿qué nos puedes decir sobre tu vida?

Roberto Cuervo: Me muevo entre disciplinas. Hay unas en las que me muevo más, entre ellas el diseño: he diseñado mobiliario y joyería; lo último que he estado haciendo ha sido una etnografía de diseño con unos amigos antropólogos y sociólogos. También soy músico, no de grado, pero sí de pasión: bajista de garaje. Estoy muy interesado en el tema del sonido, me muevo entre la música y el arte sonoro: considero que toda música es arte sonoro, pero no todo arte sonoro es música. Me gusta la cocina: soy cocinero de calle, soy apasionado por la filosofía y soy investigador.

Kelly: A lo largo de tu trabajo se puede notar un especial interés por el mundo sonoro. Si pudieras rastrear en tu vida un detonante para localizar el nacimiento de tal interés, ¿cuál sería?

Roberto: Nace con la música. Tenía nueve años cuando descubrí qué género de música me gustaba. Soy caleño y estaba muy influenciado por la salsa en mi entorno, pero en la radio empecé a escuchar rock y dije: “Me gusta, quiero investigar sobre eso”. Además, me interesaba mucho el sonido de las chicharras a medio día en tierra caliente: sonaban durísimo y de pronto se callaban y uno no sabía qué había pasado. Ese sonido marcaba el ritmo de la ciudad, por lo menos me lo parecía en la Cali que viví durante esa época.

Kelly: Al revisar un poco tus trabajos se advierten elementos centrales como el diseño, el sonido y la ciudad ¿Por qué tratar con esos elementos en específico y no otros?

Roberto: Eso tiene que ver con mi formación académica porque soy diseñador de base, de pregrado. También, como ya mencioné, tengo interés por la música y cuando empecé a investigar sobre ella me di cuenta que para poder hacer más cruces tenía que elevarla a la categoría de: “sonido”. A todo ello se le suma el concepto de ciudad que surge porque mi maestría es en urbanismo: me gusta mucho el tema del espacio urbano, del espacio público.

Kelly: ¿Y por qué trabajar desde el paisaje sonoro?

Roberto: La categoría de paisaje sonoro es relativamente nueva para mí; descubrí el concepto cuando estaba haciendo mi investigación de tesis doctoral y me interesé mucho por indagar al respecto: ¿de dónde surgió?, ¿quiénes acotaron el término?, ¿cuáles son las características que definen un paisaje sonoro? Me gusta la idea de retar el concepto de “paisaje”: la visualidad es muy dominante desde el punto de vista social y cultural, estamos en una sociedad ojo-centrista en la cual, cuando uno menciona la palabra “paisaje”, se asume que se está refiriendo a todo lo que se puede ver desde un punto. El concepto de “paisaje sonoro” pone en crisis lo visual por que añade el sentido de la escucha. Mi investigación se pregunta por el sentido de ese tipo de paisajes. Además, me interesa la ciudad, por eso añado otro apellido: “paisaje sonoro urbano”.

Kelly: ¿En qué consiste tu proceso creativo?

Roberto: Yo escucho algún elemento de la ciudad y voy construyendo alrededor de él. Por ejemplo, a partir del sonido del tráfico, que se considera negativo, que se mide como ruido contaminante, me pregunto si hay algo más: antes de darle un juicio de valor me interesa hacer una escucha consciente, por lo menos saber qué hay ahí y reconocer elementos, es un acto estético. Carros, personas hablando, pájaros, perros, sonidos de buses, pitos o ambulancias: para mí todo eso es una composición, una obra natural de la ciudad. Hago una construcción de sonidos en mi mente y pienso en cómo externalizarla, ahí se me sale un poco el diseñador y digo: “puedo crear un artefacto que reproduzca esta experiencia estética a los demás”, y como he trabajado el diseño de experiencias incorporo esa metodología a los artefactos sonoros. También me interesa el diseño interactivo y varias de mis instalaciones tienen sensores que modifican el sonido, por lo tanto los artefactos sonoros que diseño en términos generales son montajes multifocales para los que hago grabaciones de la naturaleza, agua, fauna, viento, que contrasto con sonidos de la ciudad: un taladro, un señor en el parque barriendo, unos niños jugando o haciendo bulla; todo lo guardo en estéreo con grabadoras a cuatro u ocho canales y lo voy mezclando, combinando. Cuando las personas se topan con un artefacto interactúan con él casi que con su presencia; por ejemplo, una instalación de un artefacto sonoro que diseñé sobre la quebrada Manizales: el agua sonaba y apenas entraban las personas al espacio se empezaban a distorsionar los sonidos.

Figura 2. Cuervo, R. (2016). Artefacto sonoro urbano interactivo CO-K7-BOG. Carrera 7 calle 40, Bogotá D. C. Imagen de la investigación «¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos» (p. 211)

Kelly: Y ¿cuál ha sido la reacción de los transeúntes que se encuentran con estas instalaciones?

Roberto: Cuando los pongo en la calle hay reacciones de todo tipo: curiosidad y odio; desde personas que me gritan: “Apague esa mierda”, hasta gente que pregunta: “¿Esto qué es?” o “¿Por qué suenan pájaros acá tan duro?”. He hecho artefactos en espacios artísticos cerrados y la disposición es totalmente distinta, la gente va con una idea de: “voy a tener una experiencia estética”.

Kelly: ¿Para ti qué implica aprender a escuchar?

Roberto: Es descubrir un sensorium de uno que no estaba tan desarrollado. Para mi hay tres tipos de escucha: la semántica, la causal y la concreta. La causal es muy común, es cuando yo escucho un sonido y mi mente intenta, desde el punto de vista cognitivo, asociarla a una forma, es como cuando uno va por ahí y dice: “Se oye un carro, se oye a Juan o se oye una pelota cayendo”. La escucha semántica es cuando a lo que escucho le doy un significado; por ejemplo, cuando oigo una sirena e inmediatamente lo asocio con que hay peligro o hay que hacerse a un lado. Finalmente, la escucha concreta, la menos común, que es percibir el sonido por el sonido mismo, es decir, describir el sonido desde sus atributos como fenómeno físico. Pero ¿Cuáles son los atributos del sonido? Los básicos son intensidad, frecuencia y duración; hacerse consciente de ellos es una experiencia estética y puede servir para aprender a armar un paisaje sonoro.

Kelly: ¿Crees que en ciudades como Bogotá es posible trabajar la sensibilización de las personas frente al tema de la escucha?

Roberto: Aquí hay una conexión emocional-sensorial de los habitantes de Bogotá en la distancia con los Cerros. Si yo traigo un paisaje sonoro de los Cerros a la ciudad estoy ofreciendo otra capa de conexión emocional con ellos y creo que con eso se contribuye a generar consciencia en los habitantes.

Kelly: Hablas de traer el sonido de los Cerros a la ciudad, pero ¿Cuál es el impacto de los sonidos de la ciudad sobre el resto de especies que la habitan?

Roberto: ÂżQuĂ© es lo que pasa en la ciudad? Aparece el sonido del motor del carro, del pito, de la gente hablando y como no hay consciencia sonora sobre eso se monta con todo y se termina creando un fenĂłmeno llamado enmascaramiento: contaminaciĂłn. ÂżQuĂ© pasa en la naturaleza?, pues tambiĂ©n hay un montĂłn de ruido: he hecho sonometrĂ­as en los Llanos que han llegado a los 85 – 90 dB, incluso más fuerte que en la ciudad; pero es que la naturaleza tiene composiciĂłn, equilibrio, armonĂ­a, entonces el tema ya no es de dB sino de frecuencias. Hay una especie de grillos que se comunica solo a 10.500 Hz, y al mirar en un espectrograma se ve que el grillito solo vibra en esa frecuencia y el resto vibra en otra, como sintonizar la radio. Esto es sĂşper bonito, porque cuando se graban sus sonidos, que se oyen durĂ­simo en la naturaleza, el grillito está por acá, la ranita por allá, el ave por acá y cada quien ocupa su espacio. Es como hacer un espectrograma de una canciĂłn: vos escuchas el bajo, una guitarra, otra guitarra, una voz, dos coros, la baterĂ­a y se escuchan 10, 15, 20 canales distintos. La naturaleza hace una canciĂłn natural de una composiciĂłn y armonĂ­a perfecta, en cambio nosotros los seres humanos no. Y no solamente la contaminaciĂłn del aire y del agua hacen que algunas especies se vayan o se mueran: si el grillito canta en una frecuencia que el sonido de la ciudad enmascara, los grillitos no se oyen entonces no se encuentran, no se aparean, no se reproducen y se mueren.

Figura 3. Cuervo, R. (2016). Comportamiento acústico de la reflexión sonora: carrera 7 con calle 72. Fuente: Imagen de la investigación «¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos» (p. 211)

Kelly: ÂżPodrĂ­as narrar alguna experiencia o descubrimiento que te haya marcado explorando el mundo urbano desde lo sonoro?

Roberto: Yo creo que mi experiencia con las aves al levantarme temprano a grabar; puedo decirte: “Esto es un copetón” y, sin verlo, ya sé cómo es la gráfica en la sonografía. También grabar la belleza del agua cuando se sube a los Cerros Orientales. Aquí en el apartamento estamos al lado de la quebrada Las Delicias y suena lindo, en la parte de arriba el agua está cristalina y suena bien; más abajo está contaminada, pero suena igual, es como la capa de la belleza de eso que está podrido.

Kelly: ¿Cuál crees que es el papel de la música en la investigación-creación sonora?

Roberto: La música son sonidos y silencios organizados en una línea de tiempo con una intención estética. Lo que yo hago es coger sonidos y silencios que grabo, los organizo y los mezclo en el Logic: igualito que como si hiciera una canción. Pero como he tenido muchas discusiones pongo la música por un lado y el arte sonoro por otro; a veces, si la situación es de etiquetas digo: “Presénteme como artista sonoro”. Aunque no soy graduado en música tengo conocimientos en teoría musical, sin embargo, me desligué de ese rótulo, para poder meterme en “otra idea de música”, en la que, si yo escucho un paisaje sonoro, escucho una canción allí; pero, a mi juicio cuando hago paisajes sonoros estoy haciendo música.

Referencias

Cuervo, R. (2016). ¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos [Tesis doctoral]. Manizales: Doctorado en Diseño y Creación, Universidad de Caldas.

CĂłmo citar:

Acero, K. (2022). Entre la música y el ruido: una aproximación al paisaje sonoro urbano. Entrevista a Roberto Cuervo Pulido. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4(6). Disponible en: 

Fecha de recibido: 15 de febrero de 2022 | Fecha de publicación: 26 de junio de 2024

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

Monumento a los Fundadores: Elogio a la colonizaciĂłn o negaciĂłn de la vida

Monument to the Founders: In Praise of Colonization or Denial of Life

Daniel Fernando Ruiz GarzĂłn

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | daniel.12011257@ucaldas.edu.co

Figura 1. Ruiz, Daniel. 2024. Fotografía del Monumento a los Fundadores de Roberto Henao Buriticá. Armenia, Quindío

En Armenia, Quindío, hay un parque llamado Fundadores: un lugar con zonas verdes, una fuente que quién sabe cada cuanto reparan, pues el agua que corre por ella huele a podrido; varios charcos de un color terroso opaco y un puente pequeño por donde no transita casi nadie. Quienes deambulan por el parque lo hacen únicamente por inercia. Allí hay una escultura hecha en concreto, es un tronco de árbol talado, en la superficie donde está el corte limpio, descansa un hacha, puesta finamente, como símbolo del hombre pujante. El monumento fue realizado en hierro y bronce por el artista Roberto Henao Buriticá, a modo de conmemoración de las festividades del cincuentenario de la fundación de Armenia en 1939, y a razón de alabar que “en manos del vigoroso hijo de Antioquia se taló la selva espesa, derribando los añosos árboles, donde surgió luego el milagro de la ciudad”, tal y como se afirma en una nota realizada por la Crónica del Quindío en el año 2012. Pero bueno, lo que me compete en este texto no es hablar de un artículo periodístico sino de un monumento que exalta la destrucción de los bosques nativos de la región.

Figura 2. AreaMetro. 2023. FotografĂ­a al Parque Fundadores. Armenia, QuindĂ­o

La naturaleza, el bosque y su vastedad han sido reducidas, a lo largo de la historia del arte, a una simple representación: paisajes en los que se retrata lo “natural” tras un propósito meramente estético, dejando de lado cualquier intención de establecer una conexión con el hábitat.  A su vez, en muchas de estas piezas se exalta lo sublime, mostrando el paisaje como algo trascendente, demasiado extenso e ilimitado. La escultura de Buriticá sigue un poco tal esquema, pero de manera distinta, pues su abordaje de la naturaleza no es una muestra de sublimidad, es una representación que pordebajea la naturaleza, porque instala al hombre en un estadio superior. De esta manera desliga lo humano de lo natural y defiende la idea de que el hombre es capaz de colonizar todo el espacio que lo rodea.

Figura 3. Ruiz, Daniel. 2024. Fotografía del Monumento a los Fundadores de Roberto Henao Buriticá. Armenia, Quindío

El monumento tuvo un proceso de restauración en Julio del 2022, algunas cosas cambiaron: el lodazal que lo rodeaba fue tapado con gravilla, el moho y la humedad que habitaban el tronco se cubrieron y limpiaron, pero, queda la pregunta: ¿no sería mejor que la Gobernación, en vez de restaurar los valores formales de la pieza, se centrase en cuestionar los obsoletos ideales de “progreso” que esta transmite? ¿Por qué conservar un monumento que hace referencia a la destrucción de los bosques que supuestamente la misma gobernación debería tratar de preservar? Por años el Quindío ha sacado pecho de sus lugares de conservación: espacios naturales “respetados”; pero, a la hora de la verdad, al Estado no le preocupa mucho el velar por llevar de la mano el desarrollo económico y la conservación del medio ambiente, lo que da como consecuencia un dominio y primacía del primero sobre el segundo. Tal problemática se demuestra claramente en el turismo desaforado en municipios como Salento o Filandia, en los que se dan extensas filas, de horas y horas de duración, para dar entrada a turistas a predios y reservas naturales llenas de casetas y áreas privadas que no tienen ni las adecuaciones necesarias, ni los planes o estudios del territorio que demuestren un cuidado de los espacios en los que se hallan, afectando enormemente la fauna y flora del departamento.

Se tiene pues, emplazada en un punto estratégico de la capital del Quindío, una escultura cuyo valor reside únicamente en el enorgullecimiento de acciones coloniales y del daño a la fauna y flora de la región. También es un testimonio del nacimiento de una ciudad contradictoria, de doble moral, en la que se saca pecho por sus riquezas naturales, pero que, a puertas cerradas, sigue destruyendo su biodiversidad. Todo en pro del “progreso” porque no encuentran otra forma de pensar un avance sostenible y amigable; es así como el símbolo y escudo de una metrópolis que busca parecerse cada vez más a territorios de colonos, es una lápida con un hacha hecha de hierro y bronce. Y si un monumento municipal que goza de amplio reconocimiento no transmite valores de cuidado del territorio ¿Cómo se espera que sus habitantes exijan la implementación de políticas públicas que garanticen la defensa de la biodiversidad? ¿Cómo se espera que se les exija a las empresas privadas la implementación de un turismo sostenible y a los turistas respeto por la flora y fauna del departamento?

Cuestionar la manera en que construimos monumentos es un paso para volver a pensar el departamento. Abandonar la idea de devastar, de cortar, de la supremacía del hombre, permite empezar a preguntarnos de qué manera los símbolos regionales pueden educar sobre los elementos naturales que componen nuestro territorio y cómo podemos deshacer la imagen violenta que ha traído consigo la colonización. Lo que se hace al reflexionar en torno al símbolo no es cambiar la historia: el pasado está hecho, no puede ser cambiado, pero sí logra cuestionarnos ¿De qué forma se puede generar una transformación del imaginario urbano instalado por este tipo de símbolos? Quizá, con suerte, se desplace el penoso monumento de Buriticá del Parque Fundadores. Cada día que pasa con esta escultura idolatrada en el espacio público es un día más en el que negamos lo vivo y olvidamos completamente lo que somos.

Referencias

Como citar:
Ruiz, D.-F. (2022). Monumento a los Fundadores: Elogio a la colonización o negación de la vida. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4 (6). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2024/05/17/monumento-a-los-fundadores-elogio-a-la-colonizacion-o-negacion-de-la-vida/

Fecha de recibido: 5 de octubre de 2022 | Fecha de publicaciĂłn: 11 de abril de 2024

Manifiesto al crimen

Manifesto to crime

Por: Diego Quintero Sanchez

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas | diego.12012736@ucaldas.edu.co

Figura 1. Quintero, D. (2022). Sin Título [Fotografía]. Manizales. Fotografía cortesía del artista.

Mis tenis rotos no aguantan un paso más, los he obligado a perderse junto a mí por las frías y oscuras calles de cualquier ciudad, callejones en donde el cemento se convierte en monte cuando cae la noche. Bajo el resguardo de Ramón Puntilla y Juanito Alimaña, he sobrevivido en una jungla donde las ratas son autorizadas por cerdos a portar cabras, y yo soy una simple liebre. Llegué a pensar que todo lo que hacía dentro de esta jungla podía llamarlo arte, pero no es así, es mucho más que eso. Cuando entré en el mundo del crimen, poco o nada sabía de él, y no es que ahora lo entienda, pues tengo más preguntas que cuando empecé: la duda ha inundado mi mirada y entendí que la oscuridad que yo habitaba no era solamente física.

Comencé a recibir respuestas claras cuando dejé que el silencio respondiera por mí; abandoné las verdades absolutas y empecé a cuestionar todo, incluso lo que creía incuestionable. Ya no estoy seguro si el graffiti es arte; finalmente, estaría bastante contento de que no lo sea.

Después de 7 años pintando en la calle, comprendo que el graffiti, el verdadero graffiti, es egoísta, pura satisfacción estética.

No se aprende en ninguna academia.

No se vende ni se subasta.

El graffiti no trae fama más que la de una pequeña subcultura.

El graffiti no tiene reglas técnicas.

El graffiti es anĂłnimo.

El graffiti es ilegal.

El graffiti no conoce bandos polĂ­ticos ni religiosos.

El graffiti no es clasista, no discrimina estratos socioeconĂłmicos.

Nadie es dueño del graffiti, ni siquiera su autor.

El graffiti es una ofrenda al crimen.

Si los muralistas le dan valor al entorno urbano, nosotros lo robamos.

El graffiti es sinónimo de abandono y comportamiento antisocial, un recordatorio constante de que la sociedad es frágil e incontrolable.

Desde siempre nos hemos encontrado en la impetuosa necesidad de marcar lugares que visitamos, esto no es algo propio del graffiti. El neandertal pintaba su cotidianidad en las paredes de las cuevas, los romanos acostumbraban a escribir frases de todo tipo en los muros y columnas de la ciudad, los marineros y piratas, al pisar tierra, solían marcar sus iniciales sobre piedras y árboles; hemos resignificado el término para hacerlo nuestro. El graffiti ya no es todo aquello que pintas sobre un muro al exterior.

Es entre Philadelphia y Nueva York en los años 70 donde nace el graffiti. Jóvenes de barrios marginales comienzan a esparcir sus apodos en medio de rejas, muros y vagones del tren. A lo largo de los años, varios escritores han practicado fielmente este quehacer, pero son pocos los que se han dispuesto a contar su historia. Quizás sea bajo la premisa de que el graffiti es efímero y no merece ser recordado, o tal vez hemos vivido tan al margen de la sociedad que no nos sentimos parte de la historia.

Es aquĂ­ donde creo pertinente el uso del arte, usar las dinámicas artĂ­sticas como una forma de contar, desde el privilegio, la realidad que se vive en las calles. Y no, no planeo llevar las letras sucias y callejeras al cubo blanco para que doña Elvira y sus amigas, rociadas de su perfume Christian Dior, se sientan en la posiciĂłn moral de criticar la calle que no conocen. No le puedo ser desleal al graffiti, que todo me ha dado. Por eso, mi arte va dirigido a una pequeña parte de la sociedad olvidada: el ladrĂłn, el indigente, el drogadicto, el callejero, el barrista… Pero no voy a vender el ideal que tanto tiempo el graffiti ha construido desde las sombras: el arte solo será un medio para contar la historia a mis hermanos de la calle. Si el arte es mi condena, harĂ© que toda la pena valga.

Como citar:
Quintero, D. (2022). Manifiesto al crimen. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4 (6). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2024/04/11/manifiesto-al-crimen/ 

Fecha de recibido: 5 de octubre de 2022 | Fecha de publicación: 11 de abril de 2024

ETIQUETAS EN DECONSTRUCCIÓN

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Por: Juan José Narváez

Estudiante MaestrĂ­a en Artes | Universidad de Caldas | jjgonzaleznarvaez@gmail.com

Figura 1. González, Juan José. (2022). Macho [Fotograma]. Armenia, Colombia

-ÂżUsted juega fĂştbol?

El pequeño Juan nunca pensó que la respuesta a esta pregunta aparentemente sencilla pudiera ser determinante para su vida social. A sus nueve años, recién llegado a un colegio de élite, nunca había considerado que fuera raro; mucho menos que sus nuevos compañeros, a quienes ansiaba conocer, fueran a rechazarlo por no patear un balón. Desde ese momento supo que algo no estaba bien, pero se dejó convencer de que el problema era suyo.

Desde que nacemos, poco después de cumplir necesidades biológicas como remover el cordón umbilical, somos sometidos al cumplimiento de necesidades sociales como ponernos nombres y apellidos: agregarnos oficialmente al sistema. Para ello somos sometidos por primera vez a una serie de etiquetas que nos clasifican sin consentimiento alguno. Con el paso del tiempo se nos van asignando más y más y, tal vez sin darnos cuenta, nos definen determinantemente.

La primera vez que experimentó la presión social, Juan era muy pequeño para entenderlo. A sus madres -mamá, abuela y tía, quienes ejercían el rol maternal y paternal en su vida- se les hizo extraño cuando “el niño” les pidió unos guayos, sin embargo, se alegraron de que estuviera haciendo nuevos amigos y lo complacieron con unos botines futbolísticos que solo usaría una vez.

Era la final de los juegos interclases. 4A vs 4C. La regla: todos los niños del salón debían jugar al menos una vez. Como era el último partido, había llegado el debut de nuestro personaje. Tras unos minutos de mucha confusión, Juan puso su rodilla en un lugar infortunado y causó un autogol que le costó el campeonato a su equipo. Ese día la suerte de principiante lo abandonó y dejó caer sobre él la primera lluvia de insultos de su vida. Y así, además del nuevo raro que intentaba ser aceptado por los hombres de su contexto, Juan se convirtió en el niño odiado del salón.

En el Quindío somos hombres fuertes, viriles e imponentes. Con una corporalidad masculina de gallardía y poder (…) ¡Pero qué orgullo es ser un hombre quindiano! (Marín, 2020)

En el contexto sociocultural en el que creció hay una barrera tácita en las relaciones amistosas entre hombres heterosexuales, que muy seguramente está conectada con la región del eje cafetero, y más específicamente el Quindío. Su himno habla de pioneros y arrieros. Arrieros fuertes, de manos trabajadoras y mirada fría, de mula hijueputa, buen aguardiente y una mujer en cada posada. Arrieros machos que nos transmitieron su masculinidad generación tras generación.

Al parecer, la masculinidad es una maldición de la que debemos sentirnos orgullosos, un uniforme carcelario que desfilamos, una condena a la cadena perpetua de los dogmas y la insensibilidad ¿Qué me hace hombre más allá de mis condiciones biológicas? ¿Realmente tengo que definirme bajo este concepto que me causa tanta inconformidad? Me cuesta mucho definir lo masculino sin pensar en un sinnúmero de aspectos negativos. El hecho de ser hombre me remite principalmente a los horrores que han sido perpetrados por varones durante siglos. Cargamos con una deuda histórica que no debemos ignorar.

En la cabeza de cada hombre hay un amo, una voz inconsciente que envía instrucciones a través de un interfono. Ese amo es el jefe del departamento que cada uno tiene asignado en el Ministerio de la Masculinidad. Ese ministerio quiere mantener las reglas. (Perry, 2018, p. 21)

Cuando Juan cursaba su bachillerato, comenzaron a correr rumores sobre su sexualidad entre los hombres de su salón de clases. Su aspecto físico, tierno y amanerado para el juicio de los demás varones, ponía en riesgo las reglas del Ministerio de la Masculinidad y, por ende, a ellos también. La mera idea de la homosexualidad de un compañero era suficiente para huir de él y así no contagiarse de su enfermedad. Los niños pueden ser muy crueles cuando se lo proponen.

Las conductas extremadamente heteronormativas impiden el libre desarrollo de la personalidad y la expresión de sentimientos. Como dice la canción de Aterciopelados, están dentro, muy dentro, como un implante, incrustadas en nuestro interior. Estamos tan acostumbrados a ellas, que creemos que es nuestra naturaleza vivir tan limitados emocionalmente. Y esa frustración del inconsciente masculino puede detonar descargas machistas violentas.

El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente. Imagínense lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género. (Ngozi adichie, 2014, p. 10)

Más adelante, Juan salió de ese círculo cerrado y comenzó a formarse profesionalmente como director de cine. Se sentía cómodo porque se encontraba entre personas diversas con interpretaciones más abiertas de la identidad. Estaba comenzando a sentir libertad para ser quién quisiera ser sin esa carga de las expectativas de género, pero aún así, las etiquetas no lo abandonaron.

-Vos sos un hombre blanco, heterosexual, cisgénero, hegemónico. No me agradás por eso. No me siento segure con vos.

Le decía una persona que no se define dentro de ninguna de estas etiquetas. Esas palabras le dolieron. Saber que alguien sentía inseguridad por su simple presencia, le carcomía. Juan nunca cuestionó las etiquetas hasta que se sintió discriminado por ellas, eso le hizo darse cuenta de su posición de privilegio y las luchas de las personas que siempre han estado al márgen de ella.


No obstante, esa presión que ejerce sobre sí por su privilegio, también le ha llevado al extremo de invalidarse. Últimamente se ha cuestionado si es sensato dedicarse al cine sabiendo que es el momento de quienes no han tenido una voz en el pasado; ha crecido en él un miedo a dar su opinión, pues no quiere caer en la apropiación; y también ha llegado a sentir que no tiene derecho a hablar sobre los temas que le mueven las fibras. Todo esto le ha demostrado cuánto daño le han hecho esas etiquetas.

Juan fue criado por mujeres y eso le hizo sensible a los conflictos femeninos. Le es imposible identificarse con ellos, pues nunca los ha experimentado en carne propia aunque los haya tenido cerca. Sin embargo, no necesita sentirse identificado para sensibilizarse ante el dolor de los demás.

La identificaciĂłn es algo con lo que me siento muy incĂłmoda en el cine. Siempre hay un exceso en ella. Las pelĂ­culas nos obligan a sufrir como el protagonista, nos obligan a ver a travĂ©s de los ojos del protagonista, nos obligan a ser el protagonista (…) Creo que esta idea del protagonista, como algo con lo que nos identificamos y nos confundimos, es una de las grandes enfermedades de nuestro tiempo. En cada cosa que hacemos tenemos que sentirnos protagonistas.” (Rohrwacher, 2019, pp. 157-158)

Identificación. Identidad. Identitas. Idem. Lo mismo. Lo idéntico es lo parecido, pero la identidad implica una disimilitud. Para identificarse es necesario asemejarse y diferenciarse. La identidad es difusa y compleja. Está en constante cambio. En constante deconstrucción. Juan se niega a definirse dentro de cualquier etiqueta y vive luchando internamente para deconstruir las que llevan mucho tiempo instauradas en él.

Será un despropósito mirar tanto al interior.

Avivar el desastre, lanzar leña a la hoguera.

Será necesario seguir el alma en guerra

para calmar las pulsiones del yo.

Será una locura vivir en cuestión

y retar al absurdo paso por esta tierra.

De ser paja que el viento se lleva,

prefiero la duda constante y todo su dolor.

Figura 3. González, Juan José. (2022). Macho [Fotograma]. Armenia, Colombia

Notas

Una vida llena de etiquetas ha desencadenado en un constante cuestionamiento sobre los dogmas de la identidad y una gran inconformidad con las imposiciones de género que se viven consciente e inconscientemente en los procesos de socialización. Por ende, surge la necesidad de mirar hacia adentro y dejarse fluir como individuo, intentar alejarse de la maldición cultural de la masculinidad ¿Qué nos hace hombres más allá de condiciones biológicas y siglos de violencias? Este proyecto es una exploración desde el cine en un desesperado intento de romper las etiquetas y encontrar salidas para la deconstrucción y el desarrollo de nuevas masculinidades. A partir de la estructura dramática de El viaje de la heroína, se plantea la creación de un guion cinematográfico que fluctúa entre el contenido y la forma, tomando provecho de expresiones como el videoarte y el performance para narrar los conflictos internos de las búsquedas de identidades fluidas.

Referencias

Marín Castaño, S. (2020). Sin título [performance]. Recuperado de: https://www.instagram.com/p/CLFRxG0FTn5/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=MzRlODBiNWFlZA==

Ngozi-Adichie, C. (2014). Todos deberĂ­amos ser feministas. Literatura ramdom hause.

Perry, G. (2016). La caĂ­da del hombre. Malpaso Ediciones.

Rohrwacher, A. y AtehortĂşa, J. (2020). Los cines por venir. Editorial CrĂ­tica.

CĂłmo citar

Narváez, J-J. (2022). Etiquetas en deconstrucciĂłn. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4 (7). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2024/04/08/etiquetas-en-deconstruccion/

Fecha de recibido: 7 de diciembre de 2022 | Fecha de publicaciĂłn: 8 de abril de 2024

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144