LA ABERRACIÓN DEL INCONSCIENTE, LA NIÑEZ Y EL DIBUJO. Entrevista a Ricardo Muñoz Izquierdo

The unconscious, childhood and drawing. Interview with Ricardo Muñoz Izquierdo

Por: Daniel Felipe Rojas Cardona

Estudiante de artes plásticas | Universidad de Caldas | daniel.11512613@ucaldas.edu.co

Daniel Felipe Rojas: En la presente entrevista me gustaría indagar sobre la incidencia que tiene nuestro inconsciente en el dibujo, así como los procesos de creación que se desprenden de este y qué tan permeados están por nuestra niñez. Para comenzar quisiera preguntarte ¿Cómo iniciaste en el mundo del arte?

Ricardo Muñoz Izquierdo: En un ámbito profesional sería desde el 2006 o 2007. Me formé en la Universidad Tecnológica de Pereira, estudié sólo hasta séptimo semestre de la Licenciatura en Artes Visuales porque vi que pasaban cosas más emocionantes y poderosas por fuera de la academia, entonces decidí seguir procesos formativos con artistas de la región de Manizales y Pereira, por ejemplo, con Liliana Estrada Manzur una artista y gran maestra con la que abrí mis posibilidades creativas; también con Carlos Enrique Hoyos y James Llanos, entre otros artistas. Mi vida ha estado pensada y direccionada hacia el arte. Por esta razón comencé a realizar proyectos tanto individuales como colectivos, apliqué a convocatorias que fueron indispensables para fortalecer la disciplina, tener cronogramas de trabajo, cumplir objetivos, entregar informes. Creo que eso en mi proceso ha sido indispensable..

Daniel: ¿En la niñez te interesaste por el arte?

Ricardo: En mi trabajo artístico el medio recurrente y reiterativo es el dibujo: me considero un buen dibujante. Ese ha sido mi énfasis inicial, no sólo desde la academia sino desde la infancia. En la escuela los compañeros me pedían dibujos o que los dibujara a ellos; los vecinos también me empezaron a buscar y me di cuenta que el dibujo y la imagen tenían poder. Para mí era muy importante la copia, el ver, replicar e imitar, pero era más importante tener un momento creativo, no consideraba el resultado como una copia vacía.

Recuerdo mucho la influencia de todo el anime: los Caballeros del Zodiaco, Dragón Ball Z; los íconos occidentales, las películas de Walt Disney: Blanca Nieves, Pinocho, etc., en general, la pantalla del televisor fue uno de mis primeros tutores formativos. Creo que en Latinoamérica nos tocó la TV como el centro de la casa, la ausencia allí de los padres es muy recurrente, y permanecíamos mucho tiempo solos con esa pantalla, con ese bombardeo de imágenes. Recuerdo la gráfica, los álbumes de fútbol de la FIFA, también unos personajes llamados Garbage Pail Kids: eran niños grotescos, escatológicos, excesivos que, sin duda, tuvieron una influencia muy fuerte en mis intereses.

Figura  1. Garbage Pail Kids Album, sticker trading cards. 1985-1988.  (Art Spiegelman, Mark Newgarden and John Pound).

Daniel: ¿En qué momento encontraste tu estilo gráfico y las ideas sobre las cuales querías trabajar?

Ricardo: En el 2007 realicé una exhibición que se titulaba Noche y Niebla, como el decreto de la Alemania Nazi para desaparecer a quien hiciera parte de la oposición del regimen durante la noche y en la niebla. Era un contenido bastante fuerte, político, esos fueron mis inicios; la construcción de ese proyecto duró casi dos años y estaba constituido por dibujos en carboncillo sobre papel de grandes formatos, hablamos de 250 x 180 cm aproximadamente, trabajados desde el realismo fotográfico: una especie de réplica fotográfica o de fotocopia en mi caso. Específicamente, lo que hacía era desgastar las fotos iniciales de referencia por medio de fotocopias y luego las replicaba por medio del dibujo en carbón sobre papel.

Figura 2. Muñoz R. (2007) N.N. de la serie Noche y Niebla. [Carboncillo y tinta sobre papel] 150 x 200 cm. Fotografía cortesía del artista.

Luego percibo que no estoy siendo muy sincero conmigo, o tal vez sí lo era, pero me di cuenta que eso no me interesaba por completo y no me llenaba, entonces descubro que la gráfica, la cultura popular, las influencias de Norteamérica, las revistas, el universo pop, el anime, la TV, el videoclip, era lo que realmente me apasionaba, lo que estaba más ligado a lo que yo quería contar. Apoderándome un poco de esa estética, en el año 2012 participo en la convocatoria de Estímulos del Ministerio de Cultura, específicamente el área de pasantías nacionales, y fui acreedor de la misma, entonces lo que hice fue trabajar bajo la tutoría de un artista, yo escogí a Juan Mejía, artista colombiano profesor de los Andes. Decidí realizar el proyecto con él, lo que fue como un respiro porque económicamente entró por primera vez algo para realizar un proyecto con tranquilidad y tiempo. La mentoría de Juan Mejía fue impresionante, también teniendo en cuenta que antes trabajaba con artistas de la región, muy locales, mientras que aquí ya comparto con un artista que tiene una una visión mas amplia del arte. El pasar de una ciudad pequeña a la capital fue emocionante. El proyecto se titulaba Piss and Love, como “Orina y Ama”, y aquí es donde aterrizo este imaginario desde la gráfica. Lo que hice fue pervertir un poco la iconografía occidental infantil, pervertir personajes como Pinocho, Pluto, Donald, mezclándolos con lo escatológico, lo visceral, lo siniestro, lo grotesco, con el exceso y también empiezo a dejar de lado esa idea de la obra de arte intocable dentro de un marco de vidrio. Comienza a existir para mí la fragilidad y algo que me interesa mucho: lo precario. Este proyecto fluye en soportes diversos: papeles encontrados, cartones que tienen una memoria, el papel desgastado donde se guarda el pan, los vidrios, espejos etc., donde existe una nueva posibilidad de abordar lo que quería hacer con el dibujo. Ahí es donde realmente creo que soy más sincero conmigo mismo y con lo que quiero contar, decir, preguntar, reflexionar.

Daniel: En algunas entrevistas previas has hablado sobre el automatismo en el dibujo y de cómo muchas veces tus obras van surgiendo por sí solas. Con base en esto me gustaría preguntar: ¿Qué tanto surge de tu obra desde el consciente y que tanto desde el inconsciente?

Ricardo: Hay un momento en que las referencias a la iconografía occidental infantil desaparecen y comienzo a crear un imaginario personal con unos códigos particulares, que igual son universales porque estamos hablando del pensamiento humano; cualquiera podría generar reflexiones a partir de esas imágenes y ahí es donde comienza a existir esa manera de accionar desde el automatismo. Por ejemplo, lo que pasa con el cadáver exquisito de los surrealistas, que hacían dibujos completamente del inconsciente entre tres artistas: el primero dibujaba la parte de arriba, doblaban el papel, el segundo no podía ver lo que había hecho el primero y realizaba la parte de la mitad, luego el tercero se encargaba del fragmento de abajo; al final abrían y completaban una imagen, un cuerpo completamente extraño, enigmático pero muy interesante pese a no haber una claridad en su significado.

Daniel: Cuando realizas obra o empiezas a dibujar, ¿cómo es tu proceso de creación?

Ricardo: Hay diversos caminos y pienso que uno no debería casarse con uno: es como autocensurarse. El arte es una de las áreas del conocimiento que más libertad tiene, además de que puede trabajar junto con cualquier disciplina, algo muy difícil de comprender. Y aunque dibujo sin pensar mucho, eso tampoco es absoluto: realmente tengo muchas historias que acabo de conocer, personas, lugares que visité y todas esas experiencias están ahí.

Daniel: ¿Cómo una biblioteca mental?

Ricardo: Claro, incluso a veces uno puede utilizar la “biblioteca mental” a conciencia, pero existen otros momentos en que se cita desde el inconsciente: el mismo cerebro o el mismo ente o el mismo cuerpo, abre cajones y comienza a sacar. Quiero hacer un animal, por ejemplo, o hay una obra que alguien encargó, una institución quiere que haga unas piezas para una exhibición donde la temática es el cuerpo, entonces vemos que ya hay unas líneas iniciales y que se puede trabajar con base en eso, pero hay otro momento donde yo simplemente pongo el lápiz sobre el papel y fluye. Ahora, eso en el dibujo pero en la pintura es un proceso más lento: uno habla con la pintura, se va construyendo lentamente, hay que dejarla descansar, discutir con ella y uno termina siendo llevado por la pintura; ella es la que tiene la energía central, uno simplemente va, se deja guiar, le realiza preguntas, crea diálogos. Eso es algo muy misterioso del arte y específicamente de la pintura: esta tiene un poder muy fuerte y ella misma halla su final, su camino.

Daniel: En el arte sucede que muchas veces se tiene una idea de lo que se quiere hacer, pero el resultado es algo muy diferente…

Ricardo: Lo que te decía de los caminos. Por ejemplo, hay procesos creativos que van primero desde la teoría y después desde la práctica, desde la idea hasta aterrizarla. En el arte también existe el camino contrario: hay piezas que vienen desde el objeto mismo y después uno puede preguntarse qué significa el objeto y tratar de representarlo desde la teoría. Creo que en el arte cualquier camino es muy válido, estoy seguro que existen muchos más para llegar a la creación en las artes visuales.

Daniel: Respecto a algunos de tus dibujos recientes como: Freakland, ó ocaso en la tierra del nadie olvida nada o Hiperliberacion del ser, rituales de montaña, me gustaría saber ¿De dónde surgen estas obras, los títulos y los conceptos de las mismas? ¿Extraes los conceptos de las obras o ya hay algo previo antes de la elaboración de estas?

Ricardo: Estoy muy abierto a lo que esté pasando, a los materiales que tenga en el momento, al lugar donde este trabajando, puedo estar con un colega, un artista o alguien cercano y podemos ir compartiendo qué es lo que está aconteciendo con la pieza. Hay que estar muy atento, específicamente si hablamos desde lo bidimensional. Digamos, tengo una imagen en la cabeza: quiero trabajar sobre el “diablo”, ¿qué podría hacer con eso?, tengo este banco de imágenes entonces puedo buscar allí algo que se acerque a ese tema o simplemente busco en internet: “diablo vintage”, por ejemplo, aprovechando la tecnología; me pueden aparecer diablos desde cartoons, publicaciones gráficas, una caja de fósforos de “El Diablo”, entonces aprovecho esto para iniciar: selecciono la imagen que me interesó, empiezo a trabajarla, probablemente esa imagen no va a ser igual, me apropio, la transformo. La pintura da la posibilidad de borrar cuando se quiere, de volver a hacer, de tachar, de replantear cosas y el automatismo de nuevo hace presencia: hay cosas que no las pienso mucho y que simplemente comienzan a funcionar a partir de algo. Y sobre los títulos, de cómo surgen, la literatura siempre ha sido un aliado para ello. Actualmente no leo tanto como solía hacerlo hace unos años, pero creo que en el tiempo que fui obsesivo con la lectura y la poesía, la literatura marcó y nutrió mi imaginario personal.

Figura 3. Muñoz R. (2022). Freakland, ó ocaso en la tierra de nadie olvidada nada. [Lapicero sobre papel] 152 x 70 cm. Fotografía cortesía del artista.

Daniel: ¿Tienes algunos referentes o autores específicos que nos pudieras compartir?

Ricardo: Si hay muchos. Por ejemplo, Patricia Highsmith, que tiene una literatura corrosiva muy interesante y que siempre me impactó. Los libros: Estoy desnudo y otros cuentos y Hombres salmonela en el planeta porno de Yasutaka Tsutsui. Mis referentes están muy ligados a intereses por el exceso, el horror, el error, lo siniestro, lo grotesco, lo irónico, la sexualidad, la pornografía, el punk. También está el cine de David Cronenberg, David Lynch. La generación Beat Norteamericana que fue completamente excesiva, William Burroughs con El Almuerzo Desnudo. También tengo una lista muy grande de personajes cercanos, hombres, mujeres, que nutren el banco de mi biblioteca mental.

Daniel: Tus dibujos tienen imagenes realistas y formas surrealistas ¿Sueles empezar desde el realismo y este se transforma en este lenguaje tan propio o a veces empiezas desde lo transfigurado y surge este realismo de allí?

Ricardo: Creo que, de nuevo, puede ser un caso o el otro, pero generalmente inicio desde una imagen realista reconocible que se va descomponiendo en una posible narrativa que después se puede transformar, estallar, atomizar y explorar posible excesos de la imagen.

Daniel: Ahora nos comentabas que en la pintura a veces es muy profunda una conversación con el material, como si se hiciera ella misma. Háblanos un poco sobre una de tus pinturas más recientes: Delirium Trimurti.

Ricardo: Es una pintura de gran formato de 260 x 145 cm. La Trimurti es la triada, la trinidad, las tres formas, en este caso muy cercano a las deidades hindúes; también al cristianismo pero más al hinduismo. Personajes monstruosos de varios brazos transmiten esa imagen icónica de la India, se acercan al imaginario de Oriente y de Medio Oriente; una imagen monstruosa pero también religiosa: ves las montañas, ves cómo está ligado a la psicodelia, los colores fuertes, personajes pequeños realizando actividades, algunas excesivas, hay un hombre sobre una nube que está erecto pero está soñando. Es algo entre ensoñación y el psico realismo que está ligado a eso de mirar hacia adentro. Y, de nuevo, yo no tengo claridad absoluta por lo que generan mis trabajos al 100%, creo que es importante dejar siempre esa posibilidad de lectura al espectador: es primordial.

Figura 4. Muñoz R. (2019). Delirium Trimurti [Acrílico y vinilo sobre lienzo] 260 x 145 cm. Fotografía cortesía del artista.

Daniel: ¿Hay algún público específico al cual dirijas tu trabajo?

Ricardo: Por lo general está dirigido a un público joven, porque mis obras tienen un lenguaje más contemporáneo, más veloz, del exceso, la repetición, el fragmento. Por eso hay muchos fragmentos en mis dibujos y pinturas, por eso hay diálogos entre las imágenes: están dirigidas a un público actualizado, ligado a las redes sociales y al cine, al público que observa varias pantallas a la vez, ve el celular, el computador, el televisor.sor.

Daniel: ¿Consideras que tu quehacer artístico habla de quién eres, de ti?

Ricardo: Creo que sí, considero que es bastante autorreferencial.

Daniel: ¿Algo así como lo que decías de ser sincero con uno mismo?

Ricardo: Sí, pero también existen artistas que son sinceros hablando de otros universos, llegan a una unicidad dentro del pensamiento humano: cuando se habla para uno se habla para todos. Considero que es evidente que hay un reflejo directo en el otro, también estoy hablando del mundo, de la historia, de lo que me pasa, de lo que le pasa al otro, de lo que le pudo haber pasado al otro. Hay cosas que no existen, hay otras que sí son reales, que son datos históricos, pero yo los puedo transformar, manipular y se pueden así crear nuevas historias, nuevas narrativas o nuevas preguntas.

Daniel: ¿Qué opinas de las expresiones: “Eso parece hecho por un niño” o “Hasta un niño puede hacer eso”?

Ricardo: Considero que pueden ser unas lecturas muy simples, poco reales, poco profundas, porque detrás de una imagen siempre hay algo más que no tiene que ver ni siquiera con lo infantil: siempre existe una historia detrás que puede ser muy compleja o anecdótica.

Daniel: ¿Qué sientes que te mueve como artista?

Ricardo: Yo decidí hacer arte, ser artista y generar preguntas por medio de esos procesos intelectuales o simbólicos porque me di cuenta del poder del arte y lo considero así, fuerte y vigoroso. El arte, a mi parecer, tiene unas profundidades a las que no llegan las otras áreas del conocimiento: puede llegar más allá porque siempre está abierto al misterio, a lo enigmático, también acepta el error. Hay una frase que me gusta mucho, que es un título de un video que realicé, “El momento heroico del error”. El error es primordial, el arte es también una especie de mentira, una especie de momento intangible, extraño, errado, que existe en una inter realidad.

Enlace 1. Muñoz R. (2021). Antropofagia mental: La fantasía y lo onírico en los proyectos audiovisuales. [Video arte]. (Momento heroico del error).

Daniel: Ricardo te agradezco mucho. Decidí hacerte esta entrevista porque me interesaba el proceso de crear desde la obra, entender desde la obra, conocer desde la obra, el automatismo y ahondar más en ese proceso mental, ese proceso emocional, como dices desde lo visceral, que surge en el momento que coges el lápiz. Desde el inconsciente, lo surrealista y la infancia. Te agradezco muchísimo por tu tiempo, tus respuestas y tu disposición.

Ricardo: ¡A ti Daniel!

Cómo citar:

Rojas, D-F. (2024). El inconsciente, la niñez y el dibujo. Entrevista a Ricardo Muñoz Izquierdo. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4 (6). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2024/10/25/el-inconsciente-la-ninez-y-el-dibujo/

Fecha de recibido: 24 de enero de 2024 | Fecha de publicación: 25 de octubre de 2024

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

ENTRE LA MÚSICA Y EL RUIDO: UNA APROXIMACIÓN AL PAISAJE SONORO URBANO. Entrevista a Roberto Cuervo Pulido

Between music and noise: an approach to the urban soundscape. Interview with roberto cuervo pulido

Por: Kelly Johanna Acero Acevedo

Estudiante Artes Plásticas | Universidad de Caldas | acerokelly571@gmail.com

Figura 1. Cuervo, R. (2016). Sonografía en ausencia del paisaje sonoro urbano. Imagen de su investigación «¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos» (p. 110)

Kelly Acero: Nos encontramos con Roberto Cuervo, un hombre al que no le gustan las etiquetas pero que, eso sí, se considera transdisciplinar. Para iniciar esta presentación, ¿qué nos puedes decir sobre tu vida?

Roberto Cuervo: Me muevo entre disciplinas. Hay unas en las que me muevo más, entre ellas el diseño: he diseñado mobiliario y joyería; lo último que he estado haciendo ha sido una etnografía de diseño con unos amigos antropólogos y sociólogos. También soy músico, no de grado, pero sí de pasión: bajista de garaje. Estoy muy interesado en el tema del sonido, me muevo entre la música y el arte sonoro: considero que toda música es arte sonoro, pero no todo arte sonoro es música. Me gusta la cocina: soy cocinero de calle, soy apasionado por la filosofía y soy investigador.

Kelly: A lo largo de tu trabajo se puede notar un especial interés por el mundo sonoro. Si pudieras rastrear en tu vida un detonante para localizar el nacimiento de tal interés, ¿cuál sería?

Roberto: Nace con la música. Tenía nueve años cuando descubrí qué género de música me gustaba. Soy caleño y estaba muy influenciado por la salsa en mi entorno, pero en la radio empecé a escuchar rock y dije: “Me gusta, quiero investigar sobre eso”. Además, me interesaba mucho el sonido de las chicharras a medio día en tierra caliente: sonaban durísimo y de pronto se callaban y uno no sabía qué había pasado. Ese sonido marcaba el ritmo de la ciudad, por lo menos me lo parecía en la Cali que viví durante esa época.

Kelly: Al revisar un poco tus trabajos se advierten elementos centrales como el diseño, el sonido y la ciudad ¿Por qué tratar con esos elementos en específico y no otros?

Roberto: Eso tiene que ver con mi formación académica porque soy diseñador de base, de pregrado. También, como ya mencioné, tengo interés por la música y cuando empecé a investigar sobre ella me di cuenta que para poder hacer más cruces tenía que elevarla a la categoría de: “sonido”. A todo ello se le suma el concepto de ciudad que surge porque mi maestría es en urbanismo: me gusta mucho el tema del espacio urbano, del espacio público.

Kelly: ¿Y por qué trabajar desde el paisaje sonoro?

Roberto: La categoría de paisaje sonoro es relativamente nueva para mí; descubrí el concepto cuando estaba haciendo mi investigación de tesis doctoral y me interesé mucho por indagar al respecto: ¿de dónde surgió?, ¿quiénes acotaron el término?, ¿cuáles son las características que definen un paisaje sonoro? Me gusta la idea de retar el concepto de “paisaje”: la visualidad es muy dominante desde el punto de vista social y cultural, estamos en una sociedad ojo-centrista en la cual, cuando uno menciona la palabra “paisaje”, se asume que se está refiriendo a todo lo que se puede ver desde un punto. El concepto de “paisaje sonoro” pone en crisis lo visual por que añade el sentido de la escucha. Mi investigación se pregunta por el sentido de ese tipo de paisajes. Además, me interesa la ciudad, por eso añado otro apellido: “paisaje sonoro urbano”.

Kelly: ¿En qué consiste tu proceso creativo?

Roberto: Yo escucho algún elemento de la ciudad y voy construyendo alrededor de él. Por ejemplo, a partir del sonido del tráfico, que se considera negativo, que se mide como ruido contaminante, me pregunto si hay algo más: antes de darle un juicio de valor me interesa hacer una escucha consciente, por lo menos saber qué hay ahí y reconocer elementos, es un acto estético. Carros, personas hablando, pájaros, perros, sonidos de buses, pitos o ambulancias: para mí todo eso es una composición, una obra natural de la ciudad. Hago una construcción de sonidos en mi mente y pienso en cómo externalizarla, ahí se me sale un poco el diseñador y digo: “puedo crear un artefacto que reproduzca esta experiencia estética a los demás”, y como he trabajado el diseño de experiencias incorporo esa metodología a los artefactos sonoros. También me interesa el diseño interactivo y varias de mis instalaciones tienen sensores que modifican el sonido, por lo tanto los artefactos sonoros que diseño en términos generales son montajes multifocales para los que hago grabaciones de la naturaleza, agua, fauna, viento, que contrasto con sonidos de la ciudad: un taladro, un señor en el parque barriendo, unos niños jugando o haciendo bulla; todo lo guardo en estéreo con grabadoras a cuatro u ocho canales y lo voy mezclando, combinando. Cuando las personas se topan con un artefacto interactúan con él casi que con su presencia; por ejemplo, una instalación de un artefacto sonoro que diseñé sobre la quebrada Manizales: el agua sonaba y apenas entraban las personas al espacio se empezaban a distorsionar los sonidos.

Figura 2. Cuervo, R. (2016). Artefacto sonoro urbano interactivo CO-K7-BOG. Carrera 7 calle 40, Bogotá D. C. Imagen de la investigación «¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos» (p. 211)

Kelly: Y ¿cuál ha sido la reacción de los transeúntes que se encuentran con estas instalaciones?

Roberto: Cuando los pongo en la calle hay reacciones de todo tipo: curiosidad y odio; desde personas que me gritan: “Apague esa mierda”, hasta gente que pregunta: “¿Esto qué es?” o “¿Por qué suenan pájaros acá tan duro?”. He hecho artefactos en espacios artísticos cerrados y la disposición es totalmente distinta, la gente va con una idea de: “voy a tener una experiencia estética”.

Kelly: ¿Para ti qué implica aprender a escuchar?

Roberto: Es descubrir un sensorium de uno que no estaba tan desarrollado. Para mi hay tres tipos de escucha: la semántica, la causal y la concreta. La causal es muy común, es cuando yo escucho un sonido y mi mente intenta, desde el punto de vista cognitivo, asociarla a una forma, es como cuando uno va por ahí y dice: “Se oye un carro, se oye a Juan o se oye una pelota cayendo”. La escucha semántica es cuando a lo que escucho le doy un significado; por ejemplo, cuando oigo una sirena e inmediatamente lo asocio con que hay peligro o hay que hacerse a un lado. Finalmente, la escucha concreta, la menos común, que es percibir el sonido por el sonido mismo, es decir, describir el sonido desde sus atributos como fenómeno físico. Pero ¿Cuáles son los atributos del sonido? Los básicos son intensidad, frecuencia y duración; hacerse consciente de ellos es una experiencia estética y puede servir para aprender a armar un paisaje sonoro.

Kelly: ¿Crees que en ciudades como Bogotá es posible trabajar la sensibilización de las personas frente al tema de la escucha?

Roberto: Aquí hay una conexión emocional-sensorial de los habitantes de Bogotá en la distancia con los Cerros. Si yo traigo un paisaje sonoro de los Cerros a la ciudad estoy ofreciendo otra capa de conexión emocional con ellos y creo que con eso se contribuye a generar consciencia en los habitantes.

Kelly: Hablas de traer el sonido de los Cerros a la ciudad, pero ¿Cuál es el impacto de los sonidos de la ciudad sobre el resto de especies que la habitan?

Roberto: ¿Qué es lo que pasa en la ciudad? Aparece el sonido del motor del carro, del pito, de la gente hablando y como no hay consciencia sonora sobre eso se monta con todo y se termina creando un fenómeno llamado enmascaramiento: contaminación. ¿Qué pasa en la naturaleza?, pues también hay un montón de ruido: he hecho sonometrías en los Llanos que han llegado a los 85 – 90 dB, incluso más fuerte que en la ciudad; pero es que la naturaleza tiene composición, equilibrio, armonía, entonces el tema ya no es de dB sino de frecuencias. Hay una especie de grillos que se comunica solo a 10.500 Hz, y al mirar en un espectrograma se ve que el grillito solo vibra en esa frecuencia y el resto vibra en otra, como sintonizar la radio. Esto es súper bonito, porque cuando se graban sus sonidos, que se oyen durísimo en la naturaleza, el grillito está por acá, la ranita por allá, el ave por acá y cada quien ocupa su espacio. Es como hacer un espectrograma de una canción: vos escuchas el bajo, una guitarra, otra guitarra, una voz, dos coros, la batería y se escuchan 10, 15, 20 canales distintos. La naturaleza hace una canción natural de una composición y armonía perfecta, en cambio nosotros los seres humanos no. Y no solamente la contaminación del aire y del agua hacen que algunas especies se vayan o se mueran: si el grillito canta en una frecuencia que el sonido de la ciudad enmascara, los grillitos no se oyen entonces no se encuentran, no se aparean, no se reproducen y se mueren.

Figura 3. Cuervo, R. (2016). Comportamiento acústico de la reflexión sonora: carrera 7 con calle 72. Fuente: Imagen de la investigación «¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos» (p. 211)

Kelly: ¿Podrías narrar alguna experiencia o descubrimiento que te haya marcado explorando el mundo urbano desde lo sonoro?

Roberto: Yo creo que mi experiencia con las aves al levantarme temprano a grabar; puedo decirte: “Esto es un copetón” y, sin verlo, ya sé cómo es la gráfica en la sonografía. También grabar la belleza del agua cuando se sube a los Cerros Orientales. Aquí en el apartamento estamos al lado de la quebrada Las Delicias y suena lindo, en la parte de arriba el agua está cristalina y suena bien; más abajo está contaminada, pero suena igual, es como la capa de la belleza de eso que está podrido.

Kelly: ¿Cuál crees que es el papel de la música en la investigación-creación sonora?

Roberto: La música son sonidos y silencios organizados en una línea de tiempo con una intención estética. Lo que yo hago es coger sonidos y silencios que grabo, los organizo y los mezclo en el Logic: igualito que como si hiciera una canción. Pero como he tenido muchas discusiones pongo la música por un lado y el arte sonoro por otro; a veces, si la situación es de etiquetas digo: “Presénteme como artista sonoro”. Aunque no soy graduado en música tengo conocimientos en teoría musical, sin embargo, me desligué de ese rótulo, para poder meterme en “otra idea de música”, en la que, si yo escucho un paisaje sonoro, escucho una canción allí; pero, a mi juicio cuando hago paisajes sonoros estoy haciendo música.

Referencias

Cuervo, R. (2016). ¿Cómo escuchar la ciudad? La experiencia de los paisajes sonoros urbanos [Tesis doctoral]. Manizales: Doctorado en Diseño y Creación, Universidad de Caldas.

Cómo citar:

Acero, K. (2022). Entre la música y el ruido: una aproximación al paisaje sonoro urbano. Entrevista a Roberto Cuervo Pulido. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4(6). Disponible en: 

Fecha de recibido: 15 de febrero de 2022 | Fecha de publicación: 26 de junio de 2024

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

CURADURÍA Y CARNAVAL: Conversación con Andrea Ospina Santamaría

Curatorship and carnival: Conversation with Andrea Ospina Santamaria

Andrea Ospina Santamaria

Profesora Artes Plásticas | Universidad de Caldas | andrea.ospina@ucaldas.edu.co

Erick Suescún

Estudiante Maestría en Artes| Universidad de Caldas | ericksuesk@gmail.com

Gustavo Castellanos

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | gustavo.11810470@ucaldas.edu.co

Hugo Ladino 

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | hugo.2051814195@ucaldas.edu.co

Isabel Galvis

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | isabel.galvis1234@gmail.com

Juan David Martínez 

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | juandamarzulu@gmail.com

Kelly Sosa

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | kelly.2051716446@ucaldas.edu.co

Nisdanis Contreras

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | nisdanis.11615325@ucaldas.edu.co

Pedro Rojas

Profesor Maestría en Artes | Universidad de Caldas | pedro.rojas@ucaldas.edu.co

Figura 1. Manuela Jaramillo (2018). Máscara, anónimo (artesano Riosucio, Caldas). [Fotografía]. Alianza Francesa de Manizales.

Andrea Ospina: Lo que les contaré hoy hace parte del trabajo de grado Pa’ Gozar: Relatos visuales en torno al carnaval que realicé en el programa de Gestión Cultural y Comunicativa de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales. Fue uno de los primeros acercamientos a mi área de trabajo que es la museología y la gestión del patrimonio. Me gustaría contarles de dónde parten ciertos conceptos claves de este proyecto, algunos pilares que me permitieron conceptualizar el proceso investigativo. El proyecto se basó en una investigación curatorial alrededor del tema de la fiesta y del carnaval. Pero, también en estudiar cómo el arte contemporáneo, la curaduría y la cultura popular, entre otros ámbitos, tenían que ver con el quehacer de la gestión cultural. 

El primer concepto que entra en esta investigación es el de “arte contemporáneo”. Se trataba de pensar desde dónde quería yo abordar las artes, en este caso las obras de la exposición, o desde dónde quería reflexionar ese concepto de lo contemporáneo. De ahí el primer posicionamiento y es ¿qué nos permite conocer el arte contemporáneo? Jorge Sepúlveda y Guillermina Bustos, dos investigadores situados en São Paulo, tienen una definición que me servía mucho para explicar cuál era ese enfoque que yo quería dar a la investigación: el arte contemporáneo nos permite acercarnos a cómo funcionan los recursos simbólicos de un espacio, es decir, es una herramienta para situarnos en lo local, para comprender que hay formas de vida en un espacio específico y cotidiano. En esa cotidianidad aparece lo que está “funcionando” y el arte es una herramienta para entrar a cuestionar, preguntar, a volver a poner la mirada en todos esos códigos, así descubre cómo se construye, qué cosas se hilan con otras, qué cosas influyen en otras. A través de experiencias sensibles, de juego, o muchas veces ficcionales, podemos situarnos en un espacio determinado. Creo que esas son las herramientas que en su momento me interesaban del arte contemporáneo. 

Una segunda categoría es la “curaduría”, entendida como una forma de investigación. Camilo Ordoñez, un autor colombiano, en uno de los textos que hablan de curaduría en Colombia, Relatos de poder, menciona que la curaduría es una serie de prácticas contextualizadas, a partir de la construcción y la transformación de una práctica cultural. Esta práctica cultural sería la circulación artística, en este caso, o la circulación de recursos visuales a través de discursos contextualizados. Me gusta mucho cómo plantea este autor la investigación curatorial porque la posiciona como un problema de relaciones frente a lo que está pasando en cada lugar. Siempre he creído que a la curaduría y al arte contemporáneo no se les puede resumir en una definición contundente y cerrada —que se preste a generalizaciones—, porque cambian muchísimo según los circuitos locales y para mí ese es un primer acercamiento para pensar en esas prácticas situadas. La curaduría depende de cómo se atraviesa, cómo la leemos en lo local y en cada una de las investigaciones que la utiliza. A partir de eso la idea fue generar diferentes búsquedas metodológicas que me permitía lo curatorial. En este caso, se realiza una exposición, pero una exposición que tuviera componentes de mediación, de investigación, de adecuación museográfica y todo lo que implica la gestión, como las comunicaciones, la posproducción, la consecución de recursos, entre otros aspectos de un proyecto curatorial completo que me interesaba realizar.

Entendiendo el arte contemporáneo y la curaduría más como metodologías de investigación, como formas de acercamiento al pensamiento local, otro de los términos que me interesaba era el de “cultura popular”. Me acerco a ver la cultura popular como un embudo, que me lleva al tema específico de lo festivo. Dentro de la cultura popular la fiesta es importante para reflexionar sobre las relaciones entre arte contemporáneo y los contextos sociales, así como un repertorio de sonoridades y visualidades que se encuentran en el ámbito de lo cotidiano o en el espacio de lo subalterno. La cultura popular excede, sobrepasa y, muchas veces, contradice los sistemas artísticos y eso es lo que la hace tan hermosa y tan rica. Ella tiene esta imposibilidad de ser retenida, tiene la cualidad de ser totalmente líquida, vaporosa, es imposible de controlar. Esto integra la capacidad de entender un contexto social y cómo este maneja no sólo visualidades específicas sino además unos ritmos que son muy difícil de comprender, porque para ello se necesita mucho más que las palabras y el lenguaje escrito. Para poder sentir y conectarse con esa cotidianidad y esa subalternidad no basta una regularización de las grandes instituciones, sino que están los diálogos y las sensaciones que tenemos al interactuar entre nosotros dentro del espacio comunitario. 

Figura 2. Manuela Jaramillo. (2018). Vista sala Fiesta, , Pa´ gozar. [Fotografía]. Alianza Francesa de Manizales. 

Además de las categorías de arte, curaduría y cultura popular, está la de “tiempo festivo”. Las festividades son como pequeños rituales que cada quien define, que las comunidades definen, que incluso como especie hemos definido, para poder entrar a tener ciertos diálogos sociales que sobrepasan nuestra vida personal. Estos nos  hacen conectar con otros, no solo con otros humanos, sino  conectar con ciclos de la tierra, de la vida y del cuerpo, que se convierten en motivo de celebración y de encuentro. Cada grupo social tiene maneras de escenificar la cultura, de expresar sus anhelos y de perpetuar sucesos que queremos celebrar, que queremos que se queden en la memoria y que se conviertan en tradición, en algo que se pueda pasar a los otros. Estos momentos de regocijo público y privado son lo que llamamos tiempo festivo. Pero, ¿por qué tiempo? Esta es una pregunta clave al pensar en la fiesta. La fiesta genera otro calendario, otra forma de vida. Si lo piensan, uno podría contar su vida a partir de sus fiestas tal como la cuenta a partir de los años, que es lo que hacen algunas comunidades que determinan su calendario a partir del inicio y fin de ciertas celebraciones. 

La fiesta es fantástica porque está entre lo cotidiano y lo extraordinario. Desde el término fiesta surge un rizoma inmenso, que podría extenderse sin fin, de relaciones que surgen y que la fiesta determina, por ejemplo: la saturación, el ambiente, la escenografía… El tema de escapar de una rutina, unas instituciones y una forma de pensar, para buscar una libertad y ciertos placeres que parecen estar prohibidos. Pero también nos lleva a pensar en relaciones de poder: hay discursos incomodos e imposiciones dentro de lo festivo. El humor es una de esas cosas que caracterizan el tiempo festivo, así como la sátira, hay un sarcasmo implícito en todo lo que pasa. También está el hecho de que es un rito, uno que se basa en la saturación de conceptos, de visualidades, de sonoridades, de consumo, de estados del cuerpo y de la materia. Todo se excede dentro de la fiesta. 

Figura 3. Andrea Ospina. (2018). Vista sala Carnaval, Pa´ gozar. [Fotografía]. Alianza Francesa de Manizales. 

En el catálogo de la exposición se puede ver que trabajamos con varias fiestas diferentes, pero obviamente la madre de todas las fiestas siempre va a ser el carnaval. El tiempo del carnaval es el que llaman el tiempo fuerte. Hay que pensar que solo en el territorio colombiano hay cuatro mil treinta y cuatro fiestas declaradas patrimonio, en diferentes comunidades. En esta investigación se trabajaron cuatro: el de Barranquilla, el de Diablo en Riosucio (Carnaval de la palabra), el de Negros y blancos de Pasto, y el Carnaval del perdón de Sibundoy (Bëtscnáté).

En la región Caribe hay 127  carnavales, 32 en el Pacífico, 38 en la región Andina, Orinoquía solo tiene 3 porque es un territorio con menos asentamientos y hay 18 en Amazonía, la mayoría de ellos de carácter indígena. Esta es una distribución supremamente variada. El carnaval tiene varios componentes: por un lado, tiene unos sujetos y por otro unos objetos de veneración. Hay ciertas cosas a las que se rinde culto y ciertas personas que lo hacen. Esta es una relación básica que está en todos los carnavales. Los carnavales suelen estar ligados a un espacio, a un territorio, por ejemplo, en el caso de Riosucio, habría que pensar en el Cerro Ingrumá donde se dan ciertos rituales que detonan el carnaval. Son lugares específicos: calles, tránsitos, puntos naturales, que tienen conexión con el territorio y un tiempo social, un momento específico de celebración. Así como unos lenguajes y símbolos que se determinan en cada una de estas fiestas. 

Los carnavales, casi siempre, tienen tres tipos de actos: primero, los preliminares: los pregones, la declamación de decretos, las convocatorias y aperturas. Luego están los actos centrales, que es lo que pasa en la semana que conocemos como carnaval —porque el carnaval tiene un tiempo más extenso —los cuales sueles terminar con cierto duelo, y los actos complementarios, todos estos que van nutriendo la tradición a través de los años y que van cambiando. Actos complementarios son, por ejemplo, ciertos desfiles secundarios que no tienen que ver con los símbolos principales pero que ya son parte de la programación y son aceptados por la comunidad como parte del carnaval. 

La historia del carnaval en Colombia es muy curiosa, porque empieza nada más y nada menos que en Bogotá (aunque creo que actualmente es la ciudad menos carnavalera del país). De 1686  data el primer documento sobre un carnaval. Es muy curioso porque es una carta, pero esta no dice que sea el año de su primera edición, o sea, no sabemos a ciencia cierta cuándo se hace el primer carnaval, Een realidad es una solicitud de una comunidad indígena local de Bogotá a la arquidiócesis del moment, para que se autorice retomar una feria de venta de productos. Entonces sabemos que ya se había dado un carnaval en ocasiones anteriores, porque en esta carta están solicitando que los vuelvan a dejar vender, especialmente licores y comidas, dentro de su programación. ¿Qué es lo que se sabe sobre esto? Que, en la Iglesia de La Peña, se hacía una fiesta originalmente de una comunidad indígena, de la que poco a poco se va adueñando la municipalidad para controlar y disminuir las posibilidades de expresión de esta comunidad. La gran mayoría de historias sobre carnavales son así, eran festividades que ya hacía una comunidad y que fueron reprimidas de con una violencia simbólica como una forma de apropiarse y controlar esa celebración, al ponerle horarios, misas, ciertas formas de pensamiento aceptadas, para que ellos tengan que ceder ese espacio simbólico por lo cual tienen mucho mestizaje y sincretismo. Justo sobre Bogotá habla Jorge Acevedo en la exposición con sus trajes de residuos festivos y un performance en la madrugada en las vacías calles de una Bogotá que parece nunca dormir y siempre ser habitada. 

Después de dejar claros estos conceptos clave, me gustaría comentar el resultado. Esta exposición se llamó Pa´ gozar: relatos visuales en torno al carnaval y se realizó en 2018 en la Alianza Francesa de Manizales. Al preguntarme ¿Cuál es mi interés en la festividad? Como cosa rara —porque pasa mucho en las investigaciones — tiene que ver con una carencia. Uno investiga sobre aquello que le falta, yo carezco de festividad porque Manizales no tiene un carnaval, el tiempo festivo en mi vida nunca ha sido tan determinante, no comprendía muy bien cómo funcionaba y no me sentía conectada con las festividades de las comunidades que yo misma habito. De ahí parte la búsqueda que me condujo a la exposición. 

Figura 4. Andrea Ospina. (2018). Registro performance David Pupiales. [Fotografía]. Alianza Francesa de Manizales.

La exposición fue una muestra colectiva en la que parte de los participantes eran artistas, colectivos o artesanos invitados de diferentes regiones del país y había un museo virtual. ¿En qué se basa entonces esta exposición? En pensar que los carnavales son una zona de excepción, un espacio en que se da una permisividad inusitada. Hablamos de carnaval, de la fiesta, del humor, de la crítica, pero también del desencuentro, de las tensiones entre muchas cosas y de ciclos en los que las relaciones de poder cambian.

El proyecto se dividió en dos ejes curatoriales. El primero “Lo que emerge”, se refería a la fiesta expandida y estudiaba tres ejes. Iniciaba con la “fiesta infantil”, todos tenemos relación con la fiesta de cumpleaños en algún momento de nuestra vida, así que para mí era piedra angular del entendimiento de lo festivo, para poder sentir el carnaval después. Luego viene la “fiesta urbana”, una con la que la mayoría de personas estamos muy relacionadas: con el hecho de salir un fin de semana y de frecuentar ciertos espacios festivos. Y, después, está la “fiesta rural”. Con estas tres fiestas sí tenemos relación las personas que vivimos en Manizales y que no tenemos carnaval.

La sala de la fiesta expandida tenía, en lugar de un texto curatorial, un mapa con las relaciones que existen entre la fiesta y las transformaciones que esta determina: las preguntas por el qué es la fiesta y qué nos permite en nuestra vida cotidiana. Iniciaba con un ejercicio participativo, propuesto por un colectivo local llamado Las profesionales, conformado por Andrea Zúñiga y Aixa Echeverry. El ejercicio consistía en una invitación a que contaras una fiesta inolvidable para ti. Fue muy lindo porque permitía que lo primero que te encontrabas en la exposición era pensar en tu propio tiempo festivo. Con ese recuerdo en la cabeza era más fácil comprender todo lo que venía después. 

Otra de las obras de este espacio era la Serie de borrachos, de Dylan Quintero, donde él trabajaba la relación entre una comunidad rural que trabajaba en medio de la minería y a la que él empezó a frecuentar. Se trataba de un bar de vereda, espacio en el que siempre se hacen presentes ciertos personajes como el borracho, por supuesto, el vendedor o los habitantes locales, quienes se conocen y se cuidan entre sí. Era un homenaje a este espacio de paso, pero también de vida frecuente dentro de la comunidad. 

Por otro lado, estaba Laura Camila Ramos (Rattus), con una obra muy curiosa, Antifiesta, que se basa en la idea de que la fiesta es un espacio de incomodidad para muchas personas (además de que siempre nos hemos resistido a cierto tipo de celebraciones con los que no estamos de acuerdo). Esta es una mezcla entre la fiesta urbana y la fiesta popular, en los casetes encontrábamos cumbias ya que ella se decía: “no me gustan las fiestas, pero si me ponen una cumbia yo la bailo, aunque cause confusión, porque la cumbia está mal vista por relacionarla con cierta cultura popular baja”. Esta es la postura que ella tiene frente a la fiesta que ha sido relegada y malinterpretada por ciertos agentes de poder como algo que no es digno de mostrar, que no es digno de mencionar. 

Además, estaba una pieza de Alejandra Villamizar, quien realiza un acercamiento, a través del vídeo y la pintura, a los recuerdos de la infancia. Habla de lo incómodo que es el espacio de la fiesta y el cumpleaños dentro de la infancia. Recuerdos que son a la vez muy caóticos y desagradables. También tuvimos una intervención de Sebastián Rivera: una instalación muy grande con ciertos elementos recurrentes en la fiesta, como colores o sonidos. Hay canciones que se usan en la hora loca colombiana y a las que hace una edición sonora para tomar distancia de ese referente. Pero el punto central de esta obra es la intervención a una reproducción de La última cena, la fiesta que determina toda la tradición del rito católico, se trata de una fiesta a la que tenemos devoción y está presente en gran cantidad de casas de entorno urbano y rural, es la fiesta canonizada por la historia occidental. 

En este mismo lugar estaba la obra Coral de Mateo Quintero Castaño, que pregunta por la materialidad de la fiesta y determina que en la fiesta hay ciertos objetos que tienen vida propia, cuya existencia depende tan solo de los días festivos. Pensemos, de nuevo, en el diablo de Riosucio: es un ser que tiene vida dentro de la fiesta, que muta y que parece un ser vivo, pero no lo es, está ligado a materiales artificiales. En este caso la obra es un coral hecho de bombas que va mutando conforme las personas las arrancan, explotan y anudan (porque para eso son estas bombas). La última obra de esta sala es la de Alexander Gross, quien realiza un libro-arte a partir de la fiesta urbana. Contiene fotografías de espacios de fiesta principalmente europeos, con consumo de alcohol y de drogas. Gracias a que habita la calle a altas horas de la noche, Gross trabaja una fotografía grotesca, muy real y sensorial, en la que te da a entender que la fiesta no es limpia, no es un espacio ordenado, ni ascético. 

Finalmente, está la obra del Colectivo .Co, del que hago parte, es un momento importante dentro de la sala, porque se trata de una contradicción. Después de toda esta investigación llegamos a la conclusión de que todas estas fiestas urbanas o infantiles no eran nuestro carnaval. Al igual que las artes, las fiestas se convierten muchas veces en un espacio reiterativo. La pieza consiste en fotografías de cumpleaños, fruto de una recolección participativa, donde la festividad se reitera; se trata de una imagen muy estadounidense, marcada por una estética extranjera y que se aleja por completo de la cultura popular. Entonces no toda fiesta es una oda a la cultura popular y al encuentro. Ciertas características de la fiesta están ligadas al simulacro y la globalización, no responden necesariamente al carnaval. Uno puede ser tan aguafiestas como quiera, pero por lo menos en el día de su cumpleaños sabe que el tiempo social implica un antes y un después. La última parte de la exposición habla de los casos de estudio que son el Carnaval de Barranquilla, el de Negros y Blancos, el Carnaval del Diablo y el Carnaval del Perdón, abordados desde la fotografía, el performance, los memes, las máscaras y el archivo. Allí también se encontraba un mapa interactivo con información sobre el carnaval. 

Figura 5. Manuela Jaramillo. (2018). Instalación de Sebastián Rivera (Arturo del Futuro). [Fotografía]. Alianza Francesa de Manizales.

Juan David Martínez: Tengo dos preguntas: la primera es sobre lo que mencionas acerca de que hay ciertas relaciones de poder dentro del carnaval, pero al mismo tiempo desaparecen las figuras de autoridad a través de la máscara. Entonces, mi primera pregunta es: ¿Cómo se reconstruyen estas nuevas relaciones de poder? La segunda viene de que yo soy bien amargado y a mí todas las fiestas me caen gordas ¿Cómo se da la antifiesta en el carnaval? 

Andrea Ospina: Sobre la primera pregunta, digamos que las relaciones de poder cotidianas muchas veces se transforman durante el carnaval. Como cuando sales de fiesta con tus papás, se dan espacios de tensión en los que uno se dice “jamás pensé que pudiera compartir esto con esta persona” y la fiesta me lo permite. La fiesta me quita ese límite. Eso es a lo que me refiero con los sistemas de poder. ¿Qué cambia? Por ejemplo: lo que sucede con la iglesia católica. Ella representa poderes institucionales que siguen presentes dentro de la festividad. Piensen en una fiesta de quince. Hay festividades en las que están presentes relaciones de poder que conllevan mucha tensión, en las que se hacen patentes los cuestionamientos de género, porque igual dependen de relaciones de poder incómodas. Asimismo, eso no quita que termines bebiendo con un familiar con el que jamás habías hablado, en el plano personal, esa es una relación de poder que se vuelve horizontal. 

Para hablar sobre la segunda pregunta, hay que decir que la antifiesta es muy curiosa porque muchas personas hoy se niegan a la festividad y también a lo comunitario. Parece algo muy común hoy en día que intentemos no encontrarnos con los vecinos por ejemplo. Pero, en algunos casos, la antifiesta también implica que se genere un ritual propio. Los tiempos festivos son, de alguna manera, espacios de libertad donde uno se permite ser de otra forma, un tiempo que ritualizas, en el que te encuentras con otros y esos otros tiene diferentes caras y matices. 

Hugo Ladino: Pensaba en el tiempo festivo. En la fiesta los tiempos, los espacios y la gente son muy diferentes. Pero lo que me interesa preguntarte se refiere específicamente al aspecto metodológico y el enfoque etnográfico, ¿cuáles fueron las técnicas de recopilación de información?

Andrea Ospina: Durante la investigación hice entrevistas a diferentes personas que participaron activamente en los carnavales y espacios comunitarios. Entonces, por un lado, está esta recopilación directa y, por otro,  una investigación de textos históricos. Hay un texto, por ejemplo, de la Revista Credencial que es sobre el carnaval en Colombia, otro ejemplo son las teorías de Mijail Bajtin entre otros. También hubo una búsqueda más sensible de las piezas artísticas, un acercamiento a personas que se encontraban específicamente dentro de las artes visuales. El proyecto no tuvo el alcance suficiente para centrarme en un solo carnaval e ir a hacer investigación con una comunidad o hacer viajes a los diferentes territorios, que habría sido el ideal. Pero en este caso no se contaba con los recursos, ni con el marco temporal para hacerlo. Por eso se escogieron varios casos puntuales con obras muy pequeñas y no solo un gran tema; porque creo que, en ese caso, por respeto, se habría necesitado un proceso mucho más amplio de investigación con una comunidad específica. 

Pedro Rojas: También hay que reconocer las formas de proceder de la etnografía que tienen que ver con comprender al otro como un extraño. Lo interesante del proyecto Pa gozar es que no se puede reducir a esa mirada. Si revisamos la mayoría de las piezas no siguen esas lógicas, por ejemplo, en el caso de David Pupiales, quien encarna el diablo de Obonuco y trae su danza a la sala, no se trata de una persona que habla de otra comunidad distinta a la suya, él trabaja desde su comunidad, sus prácticas, discursos y pensamientos están enraizados en su territorio. No sigue los métodos de la antropología del siglo XIX que implicaban ir a otro territorio o estudiar una cultura extraña. Me parece que una de las características más significativas de este tipo de procesos curatoriales es que agrupan prácticas artísticas situadas, realizadas en contextos específicos, que no se pueden encasillar en una visión estrecha de la etnografía.

Andrea Ospina: También quisiera hacer una anotación: todos los artistas de la segunda sala pertenecen a las comunidades de las hablan sus trabajos. Incluso Andrés Valencia, que es de Manizales, es hijo adoptivo riosuceño y tiene el respaldo de las comunidades indígenas de Riosucio para presentarse a su nombre a diferentes convocatorias públicas, por eso muestra una serie de fotografías de las cuadrillas del carnaval y del espacio dedicado al Guarapo; así como Camilo Pachón que aunque no es de Barranquilla, lleva explorando el carnaval y lo festivo en su obra por años y habla del caso de la máscara y de los espíritus de la fiesta desde el video y la foto.  

En la curaduría hay un reconocimiento del otro. Soy yo quien acepta que no va a decirle a nadie cómo funciona ningún carnaval del que no hago parte. Yo quiero aprender de ellos, me acerco a que me enseñen. Y por esto en la primera sala me reconozco frente a mí otredad y mi desconocimiento de ciertos ambientes; para poder hablar, en la segunda, con estas personas que están tan enraizadas en sus festividades.

Erick Suescún: Tengo una pregunta ¿Cómo llegaste a los participantes de la exposición? ¿Se realizó una convocatoria, fueron invitados, hacían parte de una comunidad?

Andrea Ospina: Llegué a los participantes gracias a un proceso de investigación basada en el “voz a voz”. Busqué personas clave que podían enseñarme sobre el carnaval y a partir de ellos fui direccionada a otras y así sucesivamente. Se trató de un ejercicio en el que buscaba ampliar las redes. Así llegué, por ejemplo, al Carnaval de Negros y blancos, que es tan institucional, a partir de haber hablado con un docente de la Universidad de Nariño que me puso en contacto con alguien más. Este Carnaval mostró su museo vitrual donde se pueden ver representaciones 3D de las carrozas de algunas ediciones. 

La mayoría de los participantes fueron invitaciones directas gracias al conocimiento de personas que tenían un interés directo en el carnaval. Se trataba de investigadores que ya se encontraban permeados del carnaval o de hacedores, como los matachines en el caso de Riosucio, que ya estaban participando activamente en estos espacios y uno de ellos nos presta máscaras del carnaval que el mismo elabora 

Gustavo Castellanos: Mi duda es sobre el turismo: ¿Cómo hace que el carnaval se transforme o mute? 

Andrea Ospina: Ese tema es complejo, uno sabe que van a haber procesos de cambio. No debe esperarse cierto esencialismo en las comunidades, porque por eso estamos como estamos, por personas que consideran que en una comunidad indígena no se debe usar celulares porque entonces dejaría de ser indígena. Pero tampoco es factible pensar que, respondiendo a los procesos de globalización, todos los espacios se tornen homogéneos y terminen siendo controlados por los mismos poderes. En este caso son grandes industrias que llevan propuestas específicas, como cantantes de música popular, por ejemplo, a sitios en los que consideran que pueden sacar capital económico. Hay una lógica capitalista detrás, a la que la comunidad no solo se resiste, sino que también es peligrosa para los procesos de diálogo que se pueden dar desde lo local ¿Por qué? Porque es una lógica que sobrepasa la capacidad administrativa y de gestión de las comunidades que gestan los carnavales. No es una lucha horizontal, no es una mutación deseada u orgánica, sino una imposición desde la gentrificación y el daño a los eventos comunitarios.

Kelly Sosa: Entré a la maestría porque mi interés es justamente el ejercicio curatorial y quisiera saber si tienes alguna obra que hayas dejado por fuera en la curaduría ¿Qué aspectos consideras que fueron imprescindibles en la selección de las piezas para la exposición? 

Andrea Ospina: Es súper difícil, yo creo que a uno el ejercicio curatorial lo pone entre la espada y la pared todo el tiempo, lo hace revisar los propios conceptos. Aprendí que ninguna exposición está perfecta, ninguna exposición es neutra. Si yo hubiera querido hablar mal de mi exposición ahora también lo hubiera podido hacer, uno aprende a revisarse y decirse “bueno, hice esto, esto y esto, pero esto no está tan bien”. No tuve que dejar alguna pieza por fuera de forma tajante en esta muestra, justamente porque como fue un proyecto curatorial trabajado con pausa, en torno a una investigación, no tuve que ponerme en esa situación. Pero para mí era innegociable que las obras que hablaban de carnaval fueran de personas que estuvieran directamente relacionadas con el carnaval del que estaban hablando. No quería hacer ninguna tercerización que exotizara a las comunidades. Quería que la comunidad fuera directamente la que hablara. Obviamente esas personas no representan a toda la comunidad, ni más faltaba. Pero sí era necesario que hubiera una relación afectiva consciente y de vivencia de parte de la persona que estaba hablando de la fiesta. La contextualización de la exposición también fue muy importante. Para mí como curadora la mediación es vital. Si no tengo espacios que medien, que hagan que el público se haga preguntas, que permitan espacios de diálogo, el trabajo está incompleto. Que las exposiciones cuenten con espacios de mediación, repito, es vital, porque si no las muestras se vuelven un show. Los espacios de encuentro son un elemento no negociable en los procesos curatoriales como lo fue el espacio de interacción entre David Pupiales y el Cabildo indígena universitario de Manizales. 

Isabel Galvis: En alguna parte de tu trabajo trataste el cómo hablan de una sociedad sus fiestas y quería preguntarte si ¿en todo este tránsito no has imaginado la posibilidad de un carnaval así para Manizales? ¿Qué se retrataría en un carnaval de Manizales?

Andrea Ospina: Me parece muy lindo lo que pasa hoy, por ejemplo, con la Marcha carnavalera, que es un proceso que se hace en Manizales, desde el colectivo Kumanday, que es una organización autogestionada. Ellos se hacen esa pregunta, “¿en torno a qué hay un carnaval en Manizales?” y se mueven en torno al páramo, en torno al espacio de montaña que habitamos. Esta marcha me genera preguntas, porque se trata de un nuevo carnaval, un carnaval autogestionado y con enfoques de educación popular. Te dejo ese dato para buscarlo porque me parece interesante. Pienso que en este momento Manizales no está lista, y no tiene que estarlo, porque no se trata de traer, sino de gestar. Creo que una primera tarea antes de pensar en cualquier otra cosa es reconocer que tenemos una feria y preguntarnos qué tipo de tensiones se dan allí. Preguntarnos: ¿De dónde viene?, ¿qué puede pasar ahí? También para darnos cuenta en qué se basa esa identidad que hemos construido, incluso inconscientemente.

Nisdanis Contreras: Me parece interesante que hay contenedores de memoria de lo que sucede alrededor de los carnavales. Por ejemplo, pienso en los personajes de los carnavales: el Rey Momo, la Marimonda o Joselito Carnaval. A partir de todos estos personajes hay historias increíbles que nos remiten, por ejemplo, a la diáspora africana, a la lucha por la libertad. Cuando uno es pequeño ve a estos personajes y se pregunta ¿Qué hay detrás de ellos? ¿Qué significan? Ahí es cuando los mayores nos cuentan sus interpretaciones y nos hablan de ellos. Entonces uno puede ver, por ejemplo, las cuadrillas del carnaval de Riosucio y saber que guardan todos estos conocimientos y estas memorias para transmitirlos a los más pequeños. Me parece muy importante que estos saberes permanecen allí y se mantienen así los carnavales muten o se transformen.

Andrea Ospina: Aquí hay que tener en cuenta algo, la mutación natural del carnaval. Ahora, por ejemplo, en Riosucio hay una diabla. Igual sigue dando la sensación de que no está muy permitida, pero es muy bonito porque representa el espíritu barrial de ciertas personas que estaban fuera de los espacios tradicionales del pensamiento carnavalesco. O, por ejemplo, el descabezado, este personaje no está desde el primer Carnaval de Barranquilla, el carnaval ha ido transformándose en este caso con el conflicto armado. Hay muchos símbolos que se van agregando y van mutando, pero es diferente porque es a partir de un proceso de construcción comunitaria y no de una imposición de sistemas externos. Es muy bonita esta transformación natural de los espacios festivos y no solo de estos carnavales, sino de los espacios personales, que uno decida cómo celebrar su cumpleaños, por ejemplo, cambia la lógica de las festividades. 

Pedro Rojas: Andrea muchísimas gracias por haber compartido este tiempo con nosotros.

Cómo citar:

Ospina, A. et. al. (2023). Curaduría y carnaval: Conversación con Andrea Ospina Santamaria. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4 (6). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2024/02/18/curaduria-y-carnaval/

Fecha de recibido: 7 de diciembre de 2023 | Fecha de publicación: 17 de febrero de 2024

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

MIRANDO HACIA EL CIELO. ENTREVISTA A CAROLINA CASTAÑO

Looking to the sky. Interview with Carolina Castaño

Por: Manuela Molina Delgado

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | manuela.molina29438@ucaldas.edu.co

Figura 1. Castaño, Carolina. (2011). Mirando hacia el cielo [Instalación]. Manizales: Pinacoteca Universidad de Caldas. Imagen cortesía del artista.

En esta entrevista se aborda la exposición “Mirando hacia el cielo” de Carolina Castaño Castaño, egresada de la carrera de Artes Plásticas de la Universidad de Caldas, Colombia. La muestra es fruto de un trabajo teórico-práctico a partir de la infancia como memoria-emoción y se presentó en la Pinacoteca, el 16, de Mayo del 2011.

Manuela Molina: ¿Por qué quisiste estudiar Artes plásticas?

Carolina Castaño: No sabía qué quería estudiar cuando salí del colegio. Mi mamá me tenía super apurada, me decía: “Póngase a estudiar. Usted ya va a terminar el colegio, inscríbase a algo”. Me presenté como primera opción a Derecho porque sentía que era super contestataria y dije: “Lo puedo hacer”; puse de segunda opción Desarrollo Familiar y pasé a esa. No llevaba ni la mitad del primer semestre y dije: “¿Yo qué estoy haciendo acá? Esto a mi no me gusta”. No cancelé ni siquiera el semestre, simplemente no volví a ir.

Tenía una amiga que acababa de entrar a Artes Plásticas. Ella iba a hacer los trabajos a mi casa y yo, sin comprender el arte porque era una pelada de 18 años sin saber qué quería con su vida, viendo todo lo que estaba haciendo dije: “Yo quiero”. Fue muy chistoso porque para entrar a Artes Plásticas era con examen y todo. Me acuerdo que ese día nos dijeron: “Dibujen lo que vean, hagan un dibujo de lo que quieran”. Yo había llevado una caja de colores de Prismacolor y dibujé el pelícano porque no tenía idea de qué más hacer; luego el profesor en la entrevista me preguntó: “¿Tú por qué dibujaste eso?” y yo: “Pues porque era lo que vi”. Fue muy chistoso: todo mundo con unos super dibujos y yo con el muñeco de Prismacolor. Pasé, yo pensé que no iba a pasar. Fue muy lindo, me gustó mucho. Nunca perdí una clase, nunca perdí materias y eso que en el colegio era la más vaga de la vida: me daba pereza todo. Eso sí, era super relajada: salía de clase y me iba a jugar cartas o a tomar vino dentro de la universidad. No me arrepiento de haber estudiado artes.

Manuela: En tu exposición “Mirando hacia el cielo” se pueden observar nubes, estrellas y corazones de diferentes tamaños, colores y materiales, al igual que un arcoíris y césped de papel celofán ¿Por qué decidiste usar estas formas, materiales y colores?

Carolina: La exposición se llama “Mirando hacia el cielo” porque a mí toda la vida me ha gustado caminar y ver el cielo, los colores, las formas y las nubes. En un principio quería llenar la Pinacoteca con césped pero dije: “Obviamente césped no se puede”, entonces pensé en pasto artificial pero salia super costoso. Luego se me ocurrió una idea: tenía una amiga que hacía tapetes con una malla, que es como una especie de anjeo, y dije: “Ya sé, voy a hacer tapetes de papel celofán. Uno de mis referentes eran los sonidos de los dulces: de pequeñita cuando alguien tenía un dulce y lo movía yo iba y le decía: ¿Me da?”, creo que nos pasaba a muchos. Me imaginé a la gente entrando a la exposición, pisando el tapete, tocándolo y quería que de alguna forma los llevara a ese sonido de la infancia.

El césped fue lo que me tomó más tiempo: nueve meses, haciendo un metro cuadrado por mes. Y eso que había gente que iba a ayudarme, cada uno con su aguja y echando chisme; me decían: “Te voy a visitar”, y yo: “Si vienen, me ayudan a tejer». Luego de un mes dije: “No, no voy a llenar toda la Pinacoteca porque se me van dos años”. Lo que alcancé a hacer fueron alrededor de nueve metros que los extendí como un camino de honor, largo, pero la verdad mi intención era llenarlo todo.

El proyecto se había convertido en algo muy personal y quería que fuera algo más general, entonces me puse a hacer entrevistas. Así fue como llegué al resto de elementos. No era súper selectiva: una vez le dije a un amigo: “Ey, tengo que hacer unas entrevistas” y me dijo disque: “¿Sí?, vamos que voy a ir a yo no sé dónde” y entonces por allá le decía a la gente: “¿Me puedes llenar esto?”. Preguntaba sobre la relación que tenían con su infancia, cuáles eran esos elementos, esos personajes que relacionaban con su niñez. Aparecieron entonces la nube, el corazón, el arcoiris, que al final también eran muy míos. Quise hacerlos con felpa porque los relacionaba con los peluches y la infancia. En eso me gasté menos tiempo que en el césped: los tenía súper craneados, tenía los moldes y lo cosí todo a mano.

Figura 2. Castaño, Carolina. (2011). Mirando hacia el cielo [Instalación]. Manizales: Pinacoteca Universidad de Caldas. Imagen cortesía del artista.

Figura 3. Castaño, Carolina. (2011). Mirando hacia el cielo [Instalación]. Manizales: Pinacoteca Universidad de Caldas. Imagen cortesía del artista.

Manuela: ¿Cuáles fueron tus referentes?

 Carolina: En esa época estaba en furor Ágatha Ruiz de la Prada con sus corazones, sus estrellas y todo. Había otra, Annette Messager, ella hacía personajes cosidos a mano y los pegaba sobre la pared, y Sarah Applebaum que hacía instalaciones super coloridas y tejidas. También en esa época me movían mucho Joan Miró y Paul Klee por sus formas y sus colores. De hecho, en una clase donde teníamos que hacer mimesis de obras, hice muchas de Miró; para mí él era el ser más increíble que existía.

Manuela: ¿Cómo reaccionaron los espectadores el día de la inauguración?

Carolina: ¡Nunca había visto a tanta gente que no quisiera salir de una sala de exposición! Ese día habían tres inauguraciones pero la sala mía estaba llena y la gente no se quería ir. Desde el principio tenía súper claro que quería hacer algo que no fuera solamente para adultos sino también para niños, entonces invité a grandes y chicos y si les daba por tocar que tocasen: los materiales eran suavecitos y no se iban a dañar si los tocaban y si se ensuciaban pues nada, era tela y no pasaba nada.

Se escucharon todo tipo de comentarios. Los profesores más clásicos no parecían muy contentos pero el resto si eran como: «Wow». Me acuerdo que Diego Escobar me dijo: “Ver esto por acá, esta exposición, es como estar en otro lugar del mundo, no en Manizales”. Además justo en mi corte la mayoría hicimos instalaciones y eso nunca se había visto en la universidad: todo mundo se graduaba con pinturas, esculturas, cerámicas, grabados y ya.

Lo que no me gustó fue que casi no abrian la sala: fue La Patria y un montón de gente a hacer registro de la exposición y no pudieron porque la sala estaba cerrada.

Figura 4. Castaño, Carolina. (2011). Mirando hacia el cielo [Instalación]. Manizales: Pinacoteca Universidad de Caldas. Imagen cortesía del artista.

Manuela: ¿Qué fue lo que más te gustó del proceso de creación?

 Carolina: ¡Ay, todo! Empezando por entender que todo lleva un tiempo. Trasnoché mucho pero me gustaba, lo disfrutaba porque era sentarme y escuchar música en mi casa: corría el comedor, la sala y tiraba todo al piso para coser; mi mamá decía: “Carolina, no estamos viviendo acá”. Sentía que era una cosa mía, era un tiempo que me tomaba para hacer y reflexionar frente al proceso: una forma de meditar. Yo siento que el arte para mí ha sido eso, un ejercicio de meditación. Cuando terminé la universidad se me olvidó todo eso y dejé de hacer arte. Al momento de retomarlo volví a esa idea: no es de afán, no es corriendo, no es cuando tú quieras sino que el mismo tiempo lo va definiendo.

Manuela: ¿Por qué quisiste trabajar el proyecto desde la memoria de la infancia específicamente?

Carolina: Creo que fue a partir de unos ejercicios que nos puso Diego Escobar en una clase. Teníamos que hacer un diario de un objeto que llevásemos a toda parte y consignar cómo interactuaba la gente con él; hice dos columpios con dos cojines impresos con fotografías de mi familia. Sentí que habían muchas más cosas que hacer: si tenía unos recuerdos super lindos de la infancia, ¿por qué no hablar de ellos?

De hecho, eso lo trabajo con los pacientes de la clínica. No lo abordo desde la infancia, porque sé que hay algunos que han pasado por situaciones muy densas, pero me gusta preguntarles por recuerdos lindos: siento que hace que el pensamiento se transforme.

Manuela: ¿Desde hace cuánto estás trabajando en la Clínica San Juan de Dios?

Carolina: Estoy reciente, llegué en septiembre de 2022. Yo me devolví en pandemia para Manizales, me dediqué a hacer arte, me dediqué a ser artista y como vivir del arte es tan difícil necesitaba conseguir otro trabajo. Lo he disfrutado mucho porque siempre he dicho que el arte funciona para muchas cosas y uno con los pacientes se da cuenta de eso. Pero no desde la imposición como en el colegio o en la universidad: si usted quiere hacer un árbol color fucsia hágalo, sin cohibirse; por ejemplo, hay un señor que representa la soledad con una cabra que se llama Luciana. Eso es el arte: una forma de expresión personal. El arte es terapia, el arte salva. Creo que es un lugar donde me podría quedar mucho tiempo.

Manuela: ¿Continúas trabajando con los conceptos de memoria e infancia?

Carolina: Sigo trabajando con la memoria, pero se ha ido transformando, finalmente todos hablamos de la memoria a nuestra manera. Cuando terminé la universidad salí peleada con el arte, me dediqué a otras cosas, me fui a vivir a Medellín y allí trabajé en muchos proyectos sociales. En la pandemia retomé el arte. Primero empecé con ilustraciones, dije: “Quiero volver a dibujar, hace muchos años no dibujo”. Me aparecieron retos de dibujo diario y empecé por ahí. Una amiga publicó una foto de ella cuando era pequeña y la dibujé; después de eso el ejercicio que hice fue decirle a todos mis amigos que me pasaran fotos de ellos cuando eran pequeños, los dibujaba y se los regalaba. Fue lindo porque era volver a la idea de la memoria. Después Laura Puerta me invitó a hacer una exposición en La Jaus, “Estas no son copias”, en la que expuse reinterpretaciones de arte clásico, moderno y colombiano, esta exposición a su manera también sigue siendo un trabajo sobre la memoria.

Figura 5. Castaño, Carolina. (2021). Estas no son copias [Pieza de invitación]. Manizales: La Jaus. Imagen cortesía del artista.

También tengo otro proyecto que está en proceso. Me di cuenta que yo no había hecho un duelo por mi papá, que murió cuando yo tenía once años. El año antepasado encontré un libro, “Cómo Maté a Mi Padre” de Sara Jaramillo, que cuenta la historia de la autora cuando era pequeña y de su papá, que lo mataron. Entonces dije: “Juepucha, yo nunca he hecho una cosa así”, aunque hice guiños en “Mirando hacia el cielo” se suponía que no tenía que hablar de eso si ya lo había superado. Ahorita estoy en proceso de investigación, de escritura y de búsqueda de elementos. Me gustaría que el proyecto no se quede en algo solo mío, sino que se aborde desde lo colectivo: siento que lo que me pasa a mí le pasa también a muchas personas: lo chévere, lo malo, lo bueno y qué interesante conversarlo.

Cómo citar:

Molina, M. (2023). Mirando hacia el cielo. Entrevista a Carolina Castaño. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 4 (6). Disponible en:https://portal-error-1913.com/2023/10/11/mirando-hacia-el-cielo/

Fecha de recibido: 7 de enero de 2023 | Fecha de publicación: 10 de octubre de 2023

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

¿QUÉ SIGNIFICA SER CONTEMPORÁNEO?

What does it mean to be contemporary?

Alexander Ortiz Bedoya

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | alexander.ortiz12385@ucaldas.edu.co

Gustavo Adolfo Arias Arango

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | gustavo.arias26905@ucaldas.edu.co

Susana Uribe Madrid

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | susana.uribe26904@ucaldas.edu.co

Ana Henao Tamayo 

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | ana.henao26902@ucaldas.edu.co

Marisabel Rincon

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | marisabel.rincon28043@ucaldas.edu.co

Jolie Paola Vargas Camacho

Estudiante Maestría en Artes | Universidad de Caldas | jolie.36617223740@ucaldas.edu.co


Paola Vargas. Definir qué es ser contemporáneo puede ser un tanto confuso, puesto que la palabra en sí misma hace alusión a lo que existe en la época actual o aquello que existe en un mismo tiempo que otra cosa o persona, en cuyo caso todos aquellos que estamos viviendo en este momento somos contemporáneos y a su vez cualquier persona en su momento fue contemporáneo de algo. Sin embargo, si nos referimos a lo contemporáneo en el arte, se podría decir que se hace alusión más que a la actualidad, a una línea de pensamiento. A lo largo de la historia se puede decir que han habido diferentes líneas de pensamiento que caracterizan una época o periodo de tiempo. Estas líneas han recibido un nombre que las identifica, que busca definir las ideas generales que las caracterizan; no obstante, es difícil de asegurar a ciencia cierta, pero creo que difícilmente una persona perteneciente a la época del neoclasicismo, por dar un ejemplo, se refiriera a sí mismo como un neocla- sicista, creo que estas denominaciones se fueron haciendo más evidentes en tiempos posteriores, cuando al mirar hacia atrás se podían identificar ideas, lineamientos o conceptos similares.

De acuerdo a lo anterior, me atrevería a decir, que es probable que en el futuro el arte producido en la época que ahora denominamos contemporánea, podría recibir otro nombre, teniendo en cuenta la dicotomía que se genera a partir de la definición de la palabra y además es posible que exista otro concepto que la defina mejor, puesto que a lo largo de la historia podemos ver cómo llega un punto donde la sociedad siente deseo de cortar con la continuidad de unos métodos de creación que ya no satisfacen las inquietudes de aquellos quienes los producen y de una sociedad en general, así que en el momento que la línea de pensamiento cambie es probable que nazca otra que igualmente podría ser llamada contemporánea.

Ya habiendo planteado lo contemporáneo como una línea de pensamiento, que, en teoría, debiera responder a las características culturales de la sociedad actual, se podría decir que esta época ha tenido, para mí, dos determinantes fundamentales, en primer lugar, la violencia, guerras, disputas por territorios, discriminación, migración, entre otros. En segundo lugar, los múltiples avances tecnológicos, que además en los últimos años se han acelerado de forma evidente. Estos dos componentes, creo que han generado también una tercera característica determinante de esta época que tiene que ver con las diferentes revoluciones, que también han contribuido a la transformación de la sociedad y por ende el arte.

Gustavo Arias. Un refrán popular dice: “la herramienta hace al maestro”. Personalmente creo que, si bien no lo hace, sí condiciona su desarrollo. En cierta medida, la herramienta restringe la creatividad. La obra se adapta a las herramientas del artista. Dicho esto, considero que la evolución de la tecnología influye directamente en la concepción del arte contemporáneo. Los alcances de las herramientas que hoy facilita la tecnología permiten que los artistas piensen en obras que hace unos años eran inimaginables.

Ana Henao. Entiendo lo contemporáneo como una respuesta, una reacción a lo que viene o está sucediendo. Tiene una relación con la ciencia y la tecnología, pero también tiene relación con la libertad. Poder expresar libremente lo que somos, lo que sentimos, lo que pensamos: eso es libertad, en el arte y en todas las expresiones. Es la cualidad más valiosa que en mi concepto tiene el mundo contemporáneo, una realidad multicultural, de transforma- ciones. Somos contemporáneos porque damos respuesta de nuestra época, por ende, es algo inherente. Incluso, lo que estamos haciendo en este momento de hacernos preguntas sobre una realidad y dar las opiniones, esa capacidad de cuestionarnos ya nos hace contemporáneos. Para entender esta pregunta pienso en otra pregunta ¿En qué medida nos podría entender una persona de 500 años atrás? Todo es diferente, la manera en que veía el mundo, sus dioses, su religión, etc. La respuesta a esto es que uno es producto de su época.

Marisabel Rincón. ¿Qué es lo contemporáneo? Es una expresión cultural y simbólica que nos sitúa en un aquí y ahora, un punto de realización en el que convergen las nuevas tecnologías y el conocimiento que nos permite entender las realidades, transformarlas, trascenderlas, interpre- tarlas e incluso crearlas. En medio de las dinámicas sociales de la era de la globalización, la hiperrevolución tecnológica y los nuevos paradigmas de las culturas, somos contemporáneos en la medida que situamos reflexiones del pasado en el presente, comprendiendo las construcciones sociales y sus posibilidades de transformación. Se trata de un proceso reflexivo y crítico que posibilita nuevas apropiaciones culturales, estéticas y artísticas.

Susana Uribe. De lo que implica ser contemporáneo, plantearía dos preguntas que no contestaré: ¿Qué importa? ¿Quién decide qué importa? Existencia simultánea, presencia, urgencia en tener conciencia o presencia, vigencia como la necesidad de pertenecer al propio tiempo. Según Agamben: “El sujeto contemporáneo es arrojado a una orfandad”. Esto sería otra visión de lo contemporáneo donde el sujeto no siente pertenencia o identificación con el propio tiempo, no está alineado al valor de la nación, del conjunto y del pertenecer a un grupo. Para mi, ser contemporáneo también va ligado a la fragmentación, una meteorización de los valores que teníamos en la modernidad, donde hay un extravío a través del asedio de la telepresencia, frente a la oferta comercial, de lugares, marcas, redes sociales, la hiperesti- mulación de los sentidos y este afán por pertenecer, terminamos sintiéndonos extraviados. Por otro lado, se plantea una destrucción en términos de segregación del individuo, para quien no logra esta correspondencia, está pertenencia al conjunto. Ser moderno implicaba cambiar constantemente, el movimiento y la novedad; ahora en este tiempo es una vorágine y una hiperes- timulación que considero conlleva a un anestesiamiento, realmente no hay un despertar de conciencia.

Natalia López. ¿Qué es arte contemporáneo? Lo que no es arte moderno, la contraparte, el arte del presente, actual, mezclado con el vértigo del cambio, pero que busca percibirlo. Arte veloz, simultáneo, confuso, anacrónico. Arte que permite sospechar del arte, en palabras de Agamben: “Pertenece verdaderamente a su tiempo, es verdaderamente contemporáneo aquel que no coincide perfectamente con él, ni se adecua a sus pretensiones y es por ello, en este sentido, inactual. Pero, justamente por esta razón, a través de este desvío y este anacronismo, él es capaz, más que el resto, de percibir y aferrar su tiempo y tomar distancia”.

Jorge Hernández. Ser contemporáneo es situarse en el momento actual, actuando como una suerte de pivote entre el pasado y el futuro. El hombre contemporáneo tiene el reto de actuar como un punto de inflexión entre lo que fue y lo que puede ser, de esta manera se ocupa de las oscuridades de la actualidad con miras a mejorar el tiempo venidero.

Mariana Ariza. Lo contemporáneo son aquellos aconteci- mientos que interactúan en un tiempo determinado, con nosotros, nuestros sentimientos, pensamientos, memoria y sensibilidad. Somos contemporáneos de lo que ocurre a nuestro alrededor desde que nacemos hasta que morimos y esto puede aplicar tanto a un individuo como a una generación completa. Pero si lo miramos desde una perspectiva artística, esto puede cambiar un poco. De repente, el artista con su manía de irreverencia, puede tomar la decisión de elegir algo (fotografía, texto u objeto) y traerlo al mundo contemporáneo. Claramente eso violaría cualquier ley, principalmente de la ciencia histórica, pero el arte va más allá, así que estás restricciones no son aplicables. En ese orden de ideas, el artista toma aquello que ha sido consignado en un libro o en un archivo, que tiene peso porque pertenece a algo o a alguien, por su valor material, y se empeña en rescatar la esencia y síntoma de aquello que observan. De esa manera, a medida que van rescatando, van creando un nuevo archivo cuya importancia se redirecciona a aquello que transmite y comparte con sus espectadores. Entonces, el arte contemporáneo es aquello que retoma, transforma, revive y transgrede. Este tipo de arte se renueva en miras de la coyuntura y la dificultad, aunque el artista contemporáneo también tiene la capacidad de crear su propia coyuntura o momento/objeto trascendente y significativo que llame su atención para después intervenirlos e interpelarlos.

Alexander Ortiz. Ser contemporáneo es preguntarnos por las dinámicas del mundo de hoy y, paralelo a ello, desde la experiencia que a cada uno le ha correspondido, ubicarse en temporalidad, pensamiento y cuerpo. Es mirar adelante pero sin dejar de mirar el atrás, pasado y presente; una puerta que permite pasar de un lado al otro y que indiscutiblemente solicitará una respuesta frente a donde nos ubicamos, tanto espacialmente como en el entramado de relaciones en lo social y lo cultural que constituyen la colectividad en la cual nos hacemos como individuos. Ser contemporáneo nos exige una postura frente a los cambios y tránsitos en los últimos tiempos, en el que el individualismo conlleva a reflexionar sobres las propias creencias, quizás una filosofía o religión, que la que nos aferramos, nos re-ligamos, con una miradas múltiples sobre el mismo asunto.

Esta contemporaneidad reclama a lo diverso, lo plural, lo incluyente, las minorías, la diferencia, lo singular que se enfrenta a la deshumanización. En una rotunda congregación de solitarios, la familia ya no es la consanguínea, cada uno la elige, la identidad se compra en el supermercado; el amor, el sentimiento y el placer se ofrecen en el menú. El agite de la guerra, la coyuntura económica, la transitoriedad, la contaminación del planeta, la pandemia, el aislamiento social y la incertidumbre constante en la que nos encontramos, detonan otras angustias, que reclaman respuestas inmediatas y urgentes: la natura, el planeta, la salud, la soberanía alimentaria. Ser contemporáneo es la posibilidad de desvirtuarse y al mismo tiempo potencializarse, en un acto escénico y performático donde estos dos formatos o esquemas, son también contenido y sentido, todo un documento de la reflexión del pensamiento o la plástica que habla del hombre, su sentir y producir hoy.

Paola Vargas. En mi campo, que es la arquitectura, donde entre otras cosas, en el afán de reconstruir las ciudades y dar albergue la mayor cantidad de personas posibles, se generó un fenómeno en el cual las ciudades se fueron densificando incluso al nivel de casi ser un caos, lo cual ha generado que en contraposición a esto, en la actualidad las personas de cierto modo hayan retornado a entornos naturales, en búsqueda de una vida más tranquila que incluso se hable de arquitectura sostenible en la cual se busca un mejor aprovechamiento de los recursos y desacelerar el deterioro ambiental. Pero esto no hace para mi alusión a una nueva forma de pensamiento, sino que es de cierto modo una vuelta al origen, pero desde otras posturas.

Marisabel Rincón. Mi proyecto es contemporáneo porque busca entablar un diálogo entre el pasado y el presente, brindando la posibilidad de emanar un producto que perdure como memoria en el tiempo, como un ejercicio de reflexión que aporte a la construcción de identidades dentro de las comunidades de las que hacemos parte.

Susana Uribe. Siempre me preguntaba de qué manera mi proyecto es contemporáneo, y llegaba a pensar que mi proyecto más que contemporáneo era anacrónico; sin embargo, logré identificar este anacronismo directamente relacionado con lo actual y lo que implica ser contemporáneo. Desde las preguntas planteadas en el proyecto con los retratos y relatos de la realidad o desde las inquietudes que surgen de los viajes y recorridos contemplando el paisaje y siendo parte de la experiencia de llegar a otras culturas, vamos siendo contemporáneas al participar del presente y de los cambios sociales o culturales que surgen allí. Implica para este proyecto ser contemporáneo al plantearse nuevos interrogantes, o tener preguntas a lo que surge y sucede desde estas realidades. También desde lo subversivo que plantea el proyecto a esta gran máquina que es el sistema y sus afanes de funcionamiento, desde el sentido de la pausa y la contemplación para tener una verdadera experiencia de compenetración con el entorno; lo percibo desde esta transgresión con el tiempo como contemporáneo.

Ana Henao. Mi proyecto es acorde a lo contemporáneo porque representa uno de los valores que mencionaba anteriormente: La libertad. En mi proceso personal de narrar el paisaje partiendo de diferentes derivas. Se representa la realidad, de una manera que no es lineal, que no sea totalmente representativa, hay una distorsión de ella ya que va ligada a la experiencia, a los sentidos, a la manera de ver el y entender el mundo en un sentido personal, subjetivo.

Jorge Hernández. Creer en el amor, a eso le he apostado en mi trabajo. El amor sería el único motivo capaz de hacer al hombre, rodeado de realidades tan desgastantes, pensar en un mundo diferente, más amable, más empático. Ser contemporáneo ha de ser creer desinteresadamente, creer en que podemos cambiar el mundo, por lo menos el mundo circundante; es creer en que los sentimientos son parte primordial de la vida y que hay que tenerlos en cuenta, desde el subconsciente y el inconsciente. Mi pintura es una apuesta por descubrirme dentro de ella, por amarla en su esencia, que es mi esencia. Es una apuesta por entenderme y comprender mi papel de artista que ha de ser el de pedagogo para el mundo.

Natalia López. ¿Qué es ser contemporáneo en Colombia? Vivir en un paraíso tercermundista, asumiendo la contemporaneidad. Vivir la guerra preventiva, la represión de la homosexualidad, la obligatoriedad de la religión en la escuela o la sustitución de los derechos sociales por la caridad, aquí hacen más ricos a los ricos, aumentan las legiones de pobres y la indiferencia a la catástrofe ecológica. Enfrentar nuevas manifestaciones artísticas que no encajan con lo que conocíamos. Modificando nuestras categorías, nuestras suposiciones y nuestros argumentos, es decir, buscando superar en lo posible la distancia entre la teoría y la experiencia.

Jorge Hernández. Ser contemporáneo en Colombia es apostar por la educación, pensar en un país diferente, con más oportunidades para quien a costa de mucha lucha logra terminar sus estudios y para quien decide no hacerlo. Ser contemporáneo en Colombia es creer en que es posible otra realidad, una en la que se pueda acceder a la educación, el alimento y la vivienda de manera natural; una realidad en la que no mueran personas a manos de fuerzas estatales. Una realidad en la que los recursos se distribuyan de manera eficaz, de tal forma que salve a los niños de la muerte por desnutrición, a los adultos mayores de morir en decrepitud; a los hospitales de recoger sus muertos en las salas de espera. Ser contemporáneo en este país de lindas personas y horrendas realidades es soñar, soñar con verraquera y, recogiendo las palabras de mi compañera “es soñar con lo que parece imposible”.

Gustavo Arias. En Colombia, un ejemplo de contemporaneidad es una finca con una garrucha. Herramienta que facilita el transporte de kilos y kilos de café montaña arriba, en poco tiempo y sin la necesidad de muchos campesinos. También son un ejemplo las gaitas desarmables, con empate de corcho y aluminio. En cierta medida, la productividad que ofrece la tecnología contemporánea pone en riesgo la permanencia de los oficios ¿Dónde queda el zapatero del barrio?, ¿el fotógrafo del pueblo? Lo contemporáneo también va ligado a la necesidad de cambio. A cuestionar paradigmas y estructuras, es una especie de insurrección. Finalmente, lo contemporáneo también tiene fecha de caducidad. Es como un producto que será reemplazado por una nueva y renovada versión. Todo lo viejo, en algún punto del tiempo y el espacio, fue contemporáneo.

Susana Uribe. Ser contemporáneo en Colombia es cerrar los ojos (como dice el refrán: “ojos que no ven corazón que no siente”) y continuar con el dolor que se lleva a cuestas. En Colombia, son pocos los que tienen acceso a la educación y, por tanto, pocos se pueden adaptar a la exigencia del propio tiempo, pocos en Colombia logran ser contemporáneos. Siguiendo los planteamientos de Agamben: “Contemporáneo es solo aquel que no deja cegarse por las luces de la época y logra distinguir cuáles son sus sombras”. Sin educación y acceso a la información, son pocos los que pueden guardar distancia para comprender que está realmente sucediendo, conocer la realidad cultural, social y plantearse las razones y el porqué de tanta desigualdad (mucho menos exigir derechos y tener criterios políticos). Ser contemporáneo aquí implica apartarse de la figura de “salvador del mundo” y plantearse pequeñas acciones para impulsar un cambio en la propia realidad y en la de los otros.

Paola Vargas. Mi proyecto de investigación va muy ligado a lo que anteriormente he mencionado de lo que representa para mí la contem- poraneidad. Creo que en Colombia siempre nos ha perseguido la escasez de recursos económicos (pobreza) y más aún, la desigualdad (la brecha entre ricos y pobres). Todo esto con el agravante de las diversas problemáticas sociales derivadas de la guerra, no obstante, no se puede desconocer la riqueza natural y cultural que tiene el país, pero que tal vez no hemos sabido aprovechar, en el buen sentido de la palabra. Contrario a enfrentar nuestras problemáticas sociales o enaltecer los valores de nuestra cultura, considero que nos hemos dedicado a adoptar modelos extranjeros, a seguir tendencias a adoptar todo aquello que nos “ayude” a borrar todo aquello de lo que nos avergonzamos, pero de lo que casi nadie se quiere ocupar. Mi proyecto se enfoca en una arquitectura que se genera desde la cotidianidad, desde la experiencia, desde la vivencia del espacio, en general desde las diversas formas de habitar, que es lo que da lugar a diferentes estéticas, incluidas las estéticas populares, algo que seguramente hace parte de aquello que hemos intentando negar, pero que queramos o no, hace parte de lo que nos identifica como colombianos.

Marisabel Rincón. En torno a la pregunta ¿Qué significa ser contemporáneo en Colombia? Escribí el siguiente poema:

En un país quebrado por la violencia, La suma de todas las guerras, Las pasadas y las presentes,

Somos contemporáneos de un acuerdo fallido, De un estallido social,

De un Estado paraco,

De un pueblo cegado y con miedos.

Somos contemporáneos de Una cultura narco, paraca, militar.

De la extracción minera,

De un país sometido por el ubérrimo.

Y aún más, somos contemporáneos Del guarapo y la mantecada,

Del bambuco y la guabina que se danzan en los festivales de alegría.

Somos contemporáneos de un país en resistencia, Soy contemporánea del tamal y la hamburguesa Soy contemporánea del transmilenio malnacido.

También de la mula de carga que se resiste.

A desaparecer y vivir como evidencia de un pasado aún presente.

Ser contemporáneo en Colombia es vivir entre la incertidumbre y la alegría Entre el terror y la esperanza.

Y ahora ¿Qué debería ser contemporáneo en Colombia?

Darnos la pela para que las cosas mejoren. Y destronar a ese paraco hijo de su madre.

O que nos lleve el putas con media de aguardiente.

Pero soy feliz en una nación que se levanta a pesar de sus verdugos.

Cómo citar:

Arias, G. et. al. (2021). ¿Qué significa ser contemporáneo? Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 1(5). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2023/02/14/que-significa-ser-contemporaneo/ 

Fecha de recibido: 21 de septiembre de 2021 | Fecha de publicación: 23 de octubre de 2021

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144