REVUELTA GRÁFICA CONTESTATARIA COLOMBIANA. Entrevista a David Ernesto Idárraga Gómez (Pústula)

Revuelta Gráfica colombian contestative. Interview with David Ernesto Idárraga Gómez (Pústula).

Por: Andrés Sebastián Padilla Salamanca (Reaktivo)

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | andres.padilla44997@ucaldas.edu.co

Figura 1. Pústula. (2020). Moneda pal profeta [Street art- stencil] Armenia. Cortesía del artista.

Reaktivo: Primero quiero agradecerte por abrirme el espacio para esta entrevista. En esta conversación vamos a hablar sobre la gráfica popular y contestataria, así como de crítica social. También hablaremos de tu trabajo en este campo y tu opinión sobre este movimiento a nivel nacional y regional.

Pústula: Es con todo el gusto. Gracias a ti por el espacio, qué chimba poder hablar de estos temas.

Reaktivo: Para contextualizar de tu trabajo, me gustaría saber un poco sobre tu proceso creativo: ¿en qué o en quiénes te inspiras?

Pústula: Voy hablar primero de la inspiración. En el 2014, me picó el bichito de tirarme sin mente a la calle. Aunque siempre quise incomodar y generar una grafica crítica. En estos años tenía la chispa viva, estaba muy joven, pero tenía claro qué quería decir y a que tema quería llegar. Me inspiré mucho en una artista: Bastardilla. La seguí en youtube, en ese momento estaba muy posicionada. Me gustaban mucho sus carteles. Me movió mucho el movimiento por fuera del país y sus giras, llevando el cartel callejero a cuenta de ella por los países donde pasaba. Estaba dando un rose por Europa. Su trabajo era muy interesante, especialmente en temas de memoria. No era tan directo como lo que yo hago, pero igual era muy crítica. Ella fue mi mayor inspiración para salir a la calle. Así empecé a hacer cartelismo en Pereira, también en Armenia, pero como estudié en Pereira me tiraba más a pintar en esta ciudad.

Otros de mis referentes fueron Toxicómano, por ser un man muy pulido. Tuve la oportunidad de compartir con él en el festival Narrativas Urbanas en Manizales, en el 2017.Un diseñador del putas, juega siempre. Es un referente muy alto, hacía un esténcil muy chimba. Y fuera del stencil me gustaba mucho el trabajo de Guache con sus murales y su tema de denuncia. Y en cuanto a referentes extranjeros, hay un cuchito que sigo mucho, firma como Blek le rat, hacía un stencil muy sencillo, nada ultra complicado, a diferencia de otros artista como Tóxico. Este hacia cosas más simples, pero tiraba unas ratas espectaculares. Jeff aerosol también se tira unos esténciles muy chimba.

Pasando al proceso creativo: conocí el stencil desde que estudiaba y me picó el bicho de hacer cosas en la calle con el arte y la gráfica, para mí el stencil es una locura. Al igual que la serigrafía para mí lo son todo. Me preguntan mucho, por ejemplo, si no puedo hacer nada a mano alzada con aerosol. Y sí, me gusta hacerlo y lo sé hacer, pero me gusta mucho la técnica del stencil: el acabado, lo contundente de la estética como tal, muy influenciada y asociada a la calle, a la escena punkera (aunque no me considere parte de ella me parece muy brutal). La técnica implica todo un proceso de diseño, desde la idea, que anoto y boceto, hasta que me remito a buscar el material, es un gran fotomontaje.

Reaktivo: También me interesa conocer de dónde viene el pseudónimo.

Pústula: Lo del pseudónimo, la «chapa», es una anécdota chistosa. Yo pensaba en cómo hacían los artistas para escoger un nombre; me parecía algo durísimo de lograr. Intenté sacar algunos pero ya estaban muy usados. En ese tiempo, mi cuñado (éramos muy cercanos, como hermanos) estaba muy dedicado al arte, pero más desde la curaduría. Justo en esa época me salía uno que otro barro en la cara y el man me jodía mucho con eso. Empezó a decir seudónimos muy letrados, palabras más rebuscadas, y un día salió con «pústulas». Yo como egh, es una palabra para referirse al pus de los barros. Como te decía, en mi caso el stencil y el arte callejero son full políticos y contestatarios. Entonces pensé ¿Qué mejor nombre que Pústula? Una cosa llena de pus que puede explotar por todo lado, el nombre es crudo, no es algo lindo. Yo necesitaba algo así, directo, y por eso decidí quedarme con esa chapa.

Reaktivo: Me parecen muy bacanos estos referentes; en lo personal, también me inspiran mucho. Cuando viví en Bogotá vi el trabajo de muchos de ellos. También me gustó mucho la anécdota, la verdad nunca había escuchado ese témino y siento que le da más contexto a tus obras. Voy a empezar a hacerte preguntas más específicas sobre tu trabajo. Quería comenzar hablando de algo que me pareció interesante en tu Instagram: el Taller Popular de Artes. Me causó mucha curiosidad, quisiera saber de qué se trata.

Pústula: Nosotros creamos el Taller Popular de Artes en febrero del 2021 con un parcero, cuando estudié en Pereira. Éramos los únicos cuyabros allá, y terminando la carrera nos propusimos crear un espacio para la creación y la eduicación en artes de manera informal. El taller se enfocaba principalmente en la serigrafía. Dábamos cursos supremamente baratos y esa era la onda: brindarle formación a las personas que les apasionara el arte, que quisieran aprender técnicas a un precio más económico, era un espacio muy enfocado en la autogestión. Nos dedicamos a enseñar serigrafía con lo que se tuviera a la mano, buscando que la inversión en materiales fuera mínima, reduciendo costos, buscanso sacar un buen producto sin llegar a ser precarios. Cuando fundamos el taller nos cogió el estallido social. Recuerdo que estuvimos muy activos en ese momento y prestamos el espacio para que las personas hicieran sus carteles. Estábamos ubicados cerca de la Universidad del Quindío. Nos asociamos con organizaciones populares. Ahí funciona, por ejemplo, Fundamana, una organización de madres que buscan personas desaparecidas aquí, en el Quindío, y un sindicato agrícola de campesinos. En el mismo espacio está el Taller Popular de Artes. La gente puede trabajar ahí y también está abierto para nuestros camellos. Estás cordialmente invitado si quieres participar, también tenemos una sala para exponer o para hacer ferias.

Reaktivo: Muchas gracias por la invitación. La verdad me parece re interesante lo que están haciendo, además, también me encanta la serigrafía, así que de seguro estaré pasando para conocer el lugar. Me gustaría hacerte una pregunta respecto a tus obras. Quisiera hablar de la pieza Semillas, un mural grande con un mensaje rural ¿Cómo fue la realización de este muro?

Pústula: Bueno, mi viejo, el mural fue pintado acá, en un barrio de Armenia que se llama 13 de Agosto. Fue una comisión, un trabajo que me salió con un parcero. En ese momento él estaba recibiendo apoyo del SUTEC, el sindicato de profesores. Este loco se mueve mucho, es muy activista y, de una u otra forma, le ha gustado lo que he hecho. El mural era para conmemorar el proceso que él venía desarrollando con el mercado agroecológico, en los colegios públicos de Armenia. Entonces el mural era una apoyo a ese proceso porque en esos mercados agroecológicos se busca no dejar morir la soberanía alimentaria en la región. Esto es un problema, porque hay una fuerte privatización de las semillas, especialmente en zonas ligadas con el páramo, como Cocora, Salento y hacia los volcanes. La gente que vive y siembra en esos lugares, está muy conectada con el tema de las semillas. La idea del mural era mostrar esa identidad que se defiende ante la privatización, una lucha por la soberanía alimentaria, entendiendio que no es un negocio. Acá todo lo quieren comercializar, y este trabajo era un homenaje a esa resistencia en el departamento, en contra de la privatización de las grandes industrias. 

Figura 2. Pústula. (2022). Semillas soberanía de los pueblos [Street art- stencil] Armenia. Cortesía del artista.

Reaktivo: También quería saber tu opinión al respecto de esa mezcla entre lo urbano y lo rural. Digamos ¿Cómo reaccionan las personas en la ciudad y en la ruralidad con los mensajes que dejas en la calle? ¿Cómo perciben este tipo de expresiones?

Pústula: La gente acá, para serte honesto —aunque claro, es mi perspectiva personal— siento que aquí la movida del arte y la cultura está muy quedada, muy pasmada. Esto acá es un vividero muy sabroso, sí, pero Pereira y Manizales tienen otra movida. Armenia está supremamente quedada. Aquí la cultura y el arte no despabilan. Los chinos jóvenes están reviviendo el movimiento grafiti, pero no pasa mucho más. Para mí, en lo personal, el arte debe decir algo, mostrar algo, dejar un mensaje. No solo desde la crítica política —que mi caso— porque también hay muchas otras formas de poner a pensar a la gente. 

Hace falta mucha educación para apreciar el arte. Todavía es juzgado, muchas personas no aceptan este tipo de expresiones de la calle. La reacción de la gente de acá es muy pobre, casi nula. Por un lado, es desmoralizante que no haya una cultura o por lo menos una sociedad quindiana más interesada, está todo por hacer. Si vas a otras ciudades como Bogotá o Medellín, hay miles de personas haciendo arte. Acá somos pocos y eso también puede ser una ventaja, porque es como tener un diamante en bruto por pulir. 

La gente en el campo tiene una recepción más honesta y con mucho más interés que en la ciudad, donde muchas veces pasa desapercibido el trabajo artístico. En el campo hay mucha más nobleza, la gente presta mucha más atención, está más enfocada en todo lo que se aprende y en lo nuevo que llega. La ciudad quita esa esencia y esa capacidad de asombro. La rutina, el trabajo, la cotidianidad, lo que nos nuble y este sistema en el que te ves inmerso, te quita la capacidad de estar presente y aprovechar las cosas que ofrece el arte.

Reaktivo: Bueno, para ir finalizando, la última pregunta es ¿Qué les dirías, desde tu experiencia, a las personas que están interesadas en la gráfica de crítica y que te toman como referente? ¿Qué consejo les darías y que opinión tienes al respecto a la gráfica de este tipo en un mundo que cambia constantemente?

Pústula: Bueno, sobre qué le podría decir a una persona que quiera empezar con esta vuelta de hacer gráfica rebelde, yo diría que lo haga sin mente, pero que indiscutiblemente debe tener en cuenta el contexto, no sólo político sino también sociocultural del país. Acá todavía existe un estigma frente a estas acciones; nos siguen tachando de «mamertos y comunista», y la gente le huye mucho el tema. Muchas veces lo evaden con el consumo del artista de momento, con expresiones más alineadas al sistema en que vivimos. Se exalta la distracción, el ocio, las redes sociales, el consumo… es como si el mismo sistema y el capitalismo tuviera una banda sonora y la gente le apuesta más a eso. A las personas que tratan de mostrar otras perspectivas, otros caminos, otras formas de enfrentarse a la realidad, se las ve distinto. Y no es que nosotros tengamos toda la razón, no, pero sí se invita a una lectura distinta, a tomar distancia de esas lecturas que son completamente impuestas, como un halo de niebla. La gente va en automático, como borregos, sin cuestionarse nada, y cuando alguien les propone un nuevo pensamiento, sienten que uno les va aguar la fiesta. Este sistema logró que las personas se alinearan de una manera tan profunda que cuando se les pide cuestionarlo se enfadan. Y esto también pasa a nivel local, acá en Armenia con los recursos públicos, acá hay muchas problemáticas y a la gente le vale chimba. Si uno sale a denunciar con su obra, de una lo estigmatizan. Es un camino muy duro, así que ese es el titán al que te tienes que enfrentar si quieres dedicarte a esta gráfica. No te van a contratar facilmente para pintar.

Otro consejo es que hay que crear redes. Uno no puede hacer todo solo. Sí se puede sacar cosas de manera individual, si, pero indiscutiblemente dependes de otros. Hay que saber relacionarse, entender con qué personas cuentas, qué otras personas tienen ideas similares y cómo hacer comunidad para hacer este tipo de arte callejero.

Figura 2. Pústula. (2021). Barbarie [Street art- stencil] Armenia. Cortesía del artista.

Reaktivo: ¿Qué consejo les darías y que opinión tienes respecto a la gráfica de este país que ha tenido un cambió en el plano político del gobierno de Duque al de Petro?

Pústula: El tema político es bien complicado, como lo mencionas en este contraste de gobiernos. Hay una lectura sobre ese tema que no apela tanto a los apasionamientos o las opiniones en caliente, es que venimos de muchísimos años en lo que gobernó la extrema derecha en el país, dominando grandes monopolios y acaparando el capital. Además tenemos una historia de violencia muy fuerte: exterminio de partidos de izquierda, persecución a los desmovilizados, es un país ultraconservador, entonces digamos hay mucho material para hacer crítica gráfica. Con el actual gobierno se ha calmado un poco la situación, pero opino que no debe calmarse. Voté por el proyecto político que es un paso para abrir un proceso diferente de país y sigue siendo el proyecto más sensato, porque se propone cambiar las ideas que siempre han estado. La oposición de derecha sigue teniendo mucho poder, son unas bestias, pero con mucho dinero. No han perdido el poder económico que es tan importante en el país, así se haya buscado recuperar el poder político, ellos intentan dejar a la sociedad en tinieblas, porque a eso es que se dedican y han dedicado. Yo sigo firme con la idea de cambiar este país, yo la defiendo. Pero seguimos teniendo material para criticar, con la oposición facha que hay, hay muchos motivos para criticar, increíblemente. Entonces sin decir que tenemos que volvernos un movimiento de propaganda, si debe haber un movimiento contra los fachos, contra la derecha colombiana. No se puede dejar caer el proyecto de país que se ganó. Los que estamos metidos en la gráfica crítica debemos exigir que se materialice el proceso, en 4 años es imposible hacer todos los cambios, pero se han logrado cosas, por lo menos en el sector agrario y en las periferias del país. También ha habido un cambio en el lenguaje y esto es supremamente importante. La gente está un poco más abierta a oponar, a criticar, a tirar su opinión, a decir lo que piensa. Ya hay un poquito más de respeto por la opinión de los demás. Aunque sigue siendo un país muy paraco, con muchas tensiones, sí hay un avance en el respeto a la diferencia. Hay que plantearle cara a los violentos. No nos podemos dormir como gráfica rebelde. 

Reaktivo: Parcero muchas gracias por concederme esta entrevista, que chimba conocer un poco más de tu obra y de tus opiniones respecto de la movida gráfica contestataria, un abrazo gigante.

Cómo citar:

Reaktivo (2025). Revuelta – gráfica contestataria colombiana. Entrevista a David Ernesto Idárraga Gómez (Pústula). Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 5 (9). Disponible en:https://portal-error-1913.com/2025/11/21/revuelta-grafica-contestataria-colombiana-entrevista-a-david-ernesto-idarraga-gomez-pustula/

Fecha de recibido: 30 de octubre de 2025 | Fecha de publicación: 21 de noviembre de 2025

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

CARTA PARA AMELIA

Letter to Amelia

Por: Moises Campo Elías Coral Ceballos (Moshe)

 Estudiante de Artes Plásticas y Derecho | Universidad de Caldas |  moises.coral4376@ucaldas.edu.co

Figura 1. Casimblanco, Laura, (2025). Sin título (Dibujo). Manizales. Cortesía de la artista.

Querida Amelia:

Espero que todo en tu vida esté marchando bien, que tu estancia en el hospital esta vez no sea larga y que pronto puedas venir a casa. Te cuento que por aquí todo está muy bien; el trabajo es pesado y casi no puedo dormir bien por el verano, pero los vecinos siempre son buenos. Esta tarde, la señora Luz me invitó a comer, había preparado una sopita tan buena como la que hacía la abuela.

No he dejado de pensar en la abuela, justo la recordé tanto como para escribirte esta carta después de mucho tiempo. Y sí, me acordé de la silla, de su silla de planchar. 

¿Recuerdas? Esa tarde previa a navidad, cuando jugábamos a ir de vacaciones a conocer el mar y surfeábamos en esa silla, una ola imaginaria nos tiró al piso y su silla de planchar terminó con una pata menos de las que antes tenía.

Me acordé de nuestra alcancía, en la que guardamos por meses esas monedas que de vez en cuando nos daba la abuela; monedas que no alcanzaba para comprar una silla nueva, pero nos ayudaría a que don José, el artesano del pueblo pudiera, como por arte de magia, devolverle la pata a esa pobre silla siniestrada. 

Esa tarde corrimos con la silla en hombros atravesando el pueblo hasta el taller de don José. Al llegar, un hombre de edad nos saludó; sentado en su mecedora bromeó sobre el paciente que traíamos en hombros, diciendo que si era un carro el que nos había atropellado debíamos esperar a la policía. Explicamos que era un objeto preciado para mi abuela y que si la vía así, nos dañaría profundamente su tristeza. Recuerdo tanto que le rogamos que jamás le contara lo sucedido y, con un tono jocoso, él prometió que se llevaría el secreto a la tumba y que la silla quedaría mejor que antes.

Era un 24 de diciembre y, como siempre, las familias del pueblo se reunían a celebrarlo. Nosotros dos, con la abuela, íbamos a la casa de la vecina a rezar y cantar villancicos, pero esa noche unos tiros alertaron a todos y nos obligaron a quedarnos en casa. Al día siguiente se rumoreaba que eran guerrilleros; otros decían que eran paracos, pero lo cierto es que ese 25 de diciembre el niño dios en vez de traernos algo, se había llevado algo de nosotros.

Cuando escuché que fue en casa de don José, sentí que debía recuperar la silla. ¿Recuerdas que me escapé de mi abuela esa tarde? El pueblo era pequeño y, cruzando el río, podía llegar al patio trasero de la casa de don José, así que corrí hasta allí. Grité su nombre, pero nunca contestó. La silla seguro seguía en su taller, me dije, mientras pensaba que la abuela iba a estar muy triste si perdía su silla, pero don José muy diligente ya la había arreglado. Emocionado, no dudé dos veces en tomarla y dejar sobre la mesa todas las monedas que había sacado de nuestra alcancía. Yo estaba feliz.

Llegué a la casa, dejé la silla en la salita y corrí a verte, estabas con la abuela, recuerdo ver que ambas lloraban, pensé habías caído en la presión y habías confesado nuestro crimen, pero al abrazar a la abuela para decirle que viniera a revisar la silla, miré a la calle y supe que la conmoción era por otra cosa.

Don José había cumplido su palabra, la silla estaba perfecta, y si, se había llevado el secreto a la tumba.

Referencias

Molano, A. (2001). Desterrados, crónicas del desarraigo. Bogotá: Áncora Editores.

Cómo citar:

Campo, M. (2024). Carta para Amelia. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 5 (9). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2025/11/21/carta-para-amelia/

Fecha de recibido: 28 de Octubre de 2025 | Fecha de publicación: 21 de Noviembre de 2025

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

ARTISTA AMATEUR SIN MIEDO A NADA: Una crónica sobre como conocí a Antonio Caro

Amateur artist without fear of anything

Por: Mateo Quintero

Maestro en Artes Plásticas  | Universidad de Caldas | mateoquintero05@gmail.com

Figura 1. Caro, A. 2016. Colombia – Malboro. 44 Salón Nacional de Artistas.

Nunca he puesto mucha atención cuando estoy enfrente de alguien famoso e importante, siempre apelo a esa idea de que todos hacen popó, eso ya los hace ser como la mitad de importantes de lo que pueden ser. Prometo que esto tendrá sentido cuando desarrolle la idea, igual no es una disculpa, así soy.

Por cosas de la vida y porque siempre he sido mejor actuando que pensando, me presenté a un programa que formaba a personas afines al arte en el marco del 44 Salón Nacional de Artistas, para que pudiéramos aspirar a ser quienes hicieran el montaje de las exposiciones. Yo, en realidad, pensé -sobretodo porque nunca pienso las cosas de manera positiva- “¡marica, eso no pasa, eso seguro es para robarse una plata!» o cualquier otra cosa que pudiera pensar mi mente revolucionada.

El día menos pensado me llamaron. Al contestar, preguntaron si era Mateo, si me había inscrito, si tenía curso de alturas, que si lo bueno, que si lo malo… y, después de solucionar un par de asuntos burocráticos, terminé detrás del telón del gran show. Digo «gran show» porque para mí, en ese momento, era la exposición de arte o evento de arte más grande en el que había estado, en la que había imaginado estar. Cuando menos pensé, ya estaba metido en un boroló muy fuerte, pero bien, nada malo. Después me di cuenta de que nos iban a pagar. Lo loco es que yo ya estuviera adentro de la producción y aún no supiera ese detalle. Dije: “ah, esto va a ser severo”, y sí, hasta una carta me hicieron para faltar a las clases de la universidad. Si esto fuera televisión la frase sería “¡mamá estoy triunfando!”.

En las clases de montaje -que suena como algo que no pasaría- nos dieron unas lecciones brutales, llenas de tips y conocimientos que solo se aprenden con tiempo haciendo ese oficio, ahí los soltaron uno tras otro. En una clase llegó Juan Fernando Herrán (hágase el favor de googlearlo), ese cucho es de los dioses del arte, pero nada, la misma ley: todos hacen popó. Preguntas de toda clase y chan con chan, aprendí y acabamos el curso, en realidad fueron varias sesiones y llevaron a diferentes personas. 

Al mes, más o menos, de acabar las clases de montaje nos llamaron para trabajar montando las obras del SNA. Cuando llegué, me pusieron a ayudar en la construcción de la obra de Gustavo Toro. Qué man tan bacano: súper formal, con un montón de cosas inteligentes en la cabeza. Y yo, que llegué con mi overol de EMAS (la empresa de aseo de la ciudad, lo compré por dos mil pesos en la galería), amarrado hasta la cintura y dejando ver un peto que había comprado en otro ropero, por menos de lo que valió el overol, con la célebre frase “A ella le gusta como yo le doy”, que yo llevaba con orgullo, para que decir que no, si, sí.

Lo divertido es que, en ese mundillo, desentonar es una actividad que es más difícil cuando se intenta ser singular, que cuando se siguen las líneas de lo que llaman normalidad.

Figura 2. Toro, G. 2016. Son las aguas las que hacen la ciudad. 44 Salón Nacional de Artistas.

Después de ayudar a Gustavo -a quién, por cierto, le quedó muy bello lo que hizo- me pusieron a trabajar (aquí es donde comienza la verdadera historia) con el grandísimo Antonio Caro. Yo sé que ya mandé la ley de que todos hacemos popó y que tales, pero ese cucho es como el Justin Bieber de las artes en Colombia, artista desde joven, irreverente, sagaz, inteligente y manda a comer mierda a cualquiera (la última no es una cualidad que admire pero al cucho le sirvió para muchas cosas). Yo no me asusté mucho. Ustedes dirán: «¡que man tan visajoso!», pero esa regla de que todos hacen popó me ha puesto enfrente de muchos que uno diría “¡QUÉ!”, en mayúscula y con muchas E, y la verdad no me intimidó.

La obra de Antonio la tenían pensada para un morro al frente del Museo de Pereira, ahí afuera de un almacén de cadena, cuyo nombre no sé, ni me importa. En ese morro, más mal tenido que cualquier cosa, pondríamos la obra de don Antonio. Lo primero que hicimos fue volear guadaña. Yo nunca había prendido una guadaña, pero a mi esas cosas me causan intriga y dije: «venga yo arranco». Los otros parecían tampoco haber manejado esa máquina así que aceptaron. Ahí estuvimos la maricadita de dos días, pelando el morrito (que resultó morrote). Cuando ya lo teníamos arreglado, todos devastados y cansados, el man que era como el semijefe (el jefe debajo del jefe, que en este caso se llama “asistente de curaduría”), nos dijo que montáramos la obra. Era un letrero de «Colombia» hecho con la imagen de Marlboro, lo habían mandado a hacer gigante. Me acordé de una obra que hice hace un tiempo, que se llama “Si es grande es arte”, una charla que quizás tengamos después, para no perder el hilo con don Antonio.

Entonces, se trataba del letrero que dice Colombia y comenzamos por los bordes, pusimos la C y la A. Ahí estábamos, dividiendo el espacio para ubicar el resto de letras. En realidad no era tan difícil poner la obra, lo difícil fue pelar el morro. Cuando de un momento a otro, se bajó un señor de un taxi, justo enfrente de donde estábamos. Medía más o menos 1,80 m, el pelo se le alcanzaba a ver como en horizontal, a unos 20 o 30 centímetros de la cabeza, entre blanco y gris. Llevaba una mochila de esas arahuacas, esas que traen de la Sierra (ojalá se la haya comprado a un indígena y no a los hijos de Uribe). Gritaba algo que no alcanzábamos a escuchar desde donde estábamos, yo pensé que estaba celebrando, pero no: el señor que gritaba era Antonio Caro. Yo nunca había escuchado gritar a Antonio Caro, en realidad nunca lo había escuchado. Estaba super ofendido, bravísimo, le salía fuego por los ojos. Ahí detuvimos toda acción: nos quedamos como congelados.

A Antonio le costó más o menos veinte minutos llegar hasta donde estábamos. Cuando llegó, no emitió ni una sola palabra: solo comenzó a quitar las letras que ya habíamos puesto y a guardar las otras. Nosotros, sin preguntar mucho, le ayudamos a quitar las letras y a guardarlas, pero ya sabíamos que algo trágico estaba pasando. No pasó nada más y así acabé ese día, sin saber ni que tenía que hacer al otro día.

Esa noche recibí dos o tres llamadas con indicaciones de ir al morro del museo al día siguiente. Parecía que algo serio estaba pasando. Cuando llegué, al otro día, Antonio estaba esperándonos ahí parado. No estaba de mal genio o por lo menos no tanto como el día anterior. Cuando el grupo de montaje estuvo completo, comenzamos a trabajar, no sin antes tomar gaseosa que había llevado Antonio, que a diferencia de lo que he escrito hasta ahora, parecía un señor bastante bueno y formal: cosas raras de la vida. Montamos las letras en más o menos cuatro horas. Lo hicimos despacio, con calma. Antonio se paró al frente del morro desde donde podía verlo completo y por el celular nos daba indicaciones: «corra esto, suba esto». Así pusimos ese letrero enorme que hacía parte del Salón Nacional y que -por la relevancia del señor Antonio Caro- era una de las piezas había que ver para decir que se había estado en el Salón.

Figura 3. Jess Ar. 2016. Fotografía Instalación Colombia – Marlboro de Antonio Caro. 44 Salón Nacional de Artistas.

Al terminar, volvimos a tomar gaseosa y comimos empanadas. Al parecer, Antonio solo estaba bravo porque habíamos arrancado sin él y respeto su posición. Esa obra se montó unos dos o tres días antes de darle apertura al Salón. El día de la inauguración, estaba en Pereira la crema de la crema del círculo artístico del país, y yo ahí, codo a codo con ellos mientras vestía mi overol. El peto no, porque se lo había cambiado a Paulo Licona (esta es otra historia que estaría muy chimba contar) por la camiseta que llevaba puesta el día que nos conocimos. Uno de los compañeros con los que monté lo de Antonio me buscó y me contó que Antonio Caro nos estaba buscando, si usted lo ve desde mi perspectiva (que es cansona e irritante) aquí el famoso soy yo ¿no? 

Antonio nos quería invitar a comer, cenar como él decía. Paréntesis, lo difícil de utilizar el verbo en pasado es que en este momento doy por hecho que Antonio Caro está muerto y que en paz descanse el señor del pelo en horizontal. Otra cosa que me gustaría anotar es que me gusta más decir paréntesis que poner el signo, y por esto: paréntesis. Antonio murió el 29 de marzo del 2021, me di cuenta por internet, nunca me ha dado mucho dolor de la muerte, en realidad les guardo un poco de envidia a los que se nos adelantan en el viaje. No hice mucho, pero si lo recordé y me sonreí, el cucho en realidad me caía muy bien. No voy a volver a decir paréntesis, pero… sigamos con la historia.

Todos aceptamos la invitación ¿Cómo no va a querer uno comer con Caro? Yo hasta me imaginé en un restaurante fino, sin el overol, obviamente. Nos dijo que si estábamos solos o que si queríamos lleváramos a la pareja. Ese Antonio era un bacán. Cuando nos encontramos con él, en el centro de la ciudad, nos dijo que ya sabía dónde íbamos a comer y emprendió el camino, caminaba rápido como con afán y cada tanto se detenía a mirar cosas como perdido u obnubilado y seguía su camino. En un momento paró frente de algo que yo podría llamar buffet y ahí nos esperó. Nosotros no alcanzamos a seguirle el paso, pero le llegamos. En la puerta nos dijo que siempre venía a ese lugar, que le encantaba. Ahí entendí que Antonio Caro también era una persona normal y mejor me cayó el señor del pelo en horizontal.

Cuando entramos lo saludaron por su nombre y eso quiere decir que era muy famoso o era cierto que siempre iba a ese lugar. Cada quien cogió su bandeja y se sirvió lo que quiso comer. Él estaba adelante de la fila, intentaba hacer recocha y mostrarnos cosas. Nos dijo que comiéramos grasita para que no nos callera mal el amarillo, yo pensé que era un simple chiste, pero no: la invitación incluía la previa de la fiesta de inauguración del Salón. En la cena -como decía Antonio- hablamos de los temas más normales de la vida, nada de arte y esas banalidades. Hizo chistes buenos y otros malos, se reía duro sin importar nada. Eso quiero hacer yo sí triunfo en el arte: reírme duro, que hijueputas.

Terminamos de comer y nos dijo: «vamos al estanco y nos vamos tomando un amarillito mientras llegamos a El Pavo». Paréntesis: El Pavo es como un cuchitril, un lugar donde la gente va a tomar y a escuchar musiquita, pero este es súper retro, súper legendario. Lleva toda la vida en el mismo lugar, siendo el mismo, y se convirtió en un centro bohemio. Tiene un aire a los 80´s que es tan bueno, tan irreal que resulta mágico y más mágico saber que íbamos con Antonio, como en un cuento de Caicedo, vagando por las calles de esa ciudad, con el amarillito -que es bien bravo-, entonados ya todos. Estábamos en un momento que se sentía fraternal, nada que ver con lo que pensaría uno que le iba a pasar con un señor así de importante en un evento así de importante. Ahí estaba yo, que si de algo puedo estar seguro es que la vida no es como uno cree que es. 

Figura 4. Cortés, C. (s.f.). Fotografía Fuente de soda El Pavo. Pereira, Risaralda.

En el pavo Antonio no se sentó ni un segundo. El man bailar, bailar no sabía, pero al parecer él tampoco sabía que no sabía y le encantaba. Bailó con todo el que pudo una tras otra. Interrumpía el baile con una copita de amarillo; muchas veces dijo: “yo vengo por aquí por el amarillito” y seguía en las suyas. Yo, que no bailo, todo huraño me quedé ahí sentado mirando la escena que ya -seguro por el amarillito y por lo feliz que estaba- veía en un tono ochentero. Que recuerdo. De los mejores que me ha dejado esta rara decisión de hacer vida en el camino artístico, que es pantanoso pero gratificante. 

No pasó mucho más. Nos tomamos dos botellas de amarillo: una en la calle y la otra en El Pavo. Bailamos -o bueno mi novia bailó con Antonio Caro- y de ahí nos fuimos para la fiesta del Salón Nacional. Era en un club de la ciudad, una fiesta muy élite, como uno se imagina que son las fiestas de esa gente del arte, nada que ver con la escena en donde estaba yo. Ahí Antonio se perdió, yo creo que saludó y se fue, o lo que sea. 

Mucho después me lo crucé en ArtBo y nos dimos una mirada de compinchería antes de un saludo que me da fuerza para decir: yo conocí a Antonio Caro, que en mi opinión era un cucho muy bacano, inteligente y jovial. Y sí, quizás tenía un genio muy difícil, pero en este mundo con tanta mierda ¿Quién no? Yo no puedo decir mucho más y no quiero hablar de por qué es importante la obra de Antonio, ni nada de eso. Creo que si usted llegó hasta acá o ya sabe de él o no le importa, y en los dos casos la cosa está bien. Siéntase usted, en la cena de esa noche, aquí usted no está leyendo del artista Antonio Caro sino del señor del pelo en horizontal. Contar esto es, para mí, un buen homenaje a Antonio Caro, donde esté las mejores: paz y gratitud. 

Notas

[1] Escribí esta historia hace 9 años en el Salón Nacional de Artistas del 2016. Traté de mantener su estilo y forma, porque me parece prudente ser respetuoso con el que era yo en esa época, no realicé muchas correcciones al texto inicial. 

Como citar:
Quintero, Mateo. (2025). Artista amateur sin miedo a nada. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 5 (9). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2025/10/31/artista-amateur-sin-miedo-a-nada/

Fecha de recibido: 19 de agosto de 2025 | Fecha de publicación: 31de octubre de 2025

INDIGENISMO COMO CREACIÓN ARTÍSTICA. ENTREVISTA A AIDA LORENA JAMIOY CHICUNQUE

Indigenism as artistic creation

Por: Ana María Yepes Pava

Estudiante de artes plásticas | Universidad de Caldas | ana.11911203@ucaldas.edu.co

Figura 1. Jamioy, Aida. (2019). Bëngbe Bojabnachan T set¨sanokan [Tejido]. Manizales: Pinacoteca de Bellas Artes

La creación artística aborda temas muy variados en los que se entra a ciegas, con el corazón en la mano; a veces este se enreda, se ahoga y renace, encuentra lo que no buscaba o pierde lo que más atesoraba. Un día, entre estos tantos enredos, me topé con la necesidad de abordar el arte indígena, por supuesto desde el respeto a las comunidades y sus culturas. Así que decidí empezar mi investigación entrevistando a la artista indígena Aida Lorena Jamioy Chicunque, graduada de la Universidad de Caldas con un proyecto titulado Bëngbe Bojabnachan T set¨sanokan (Nuestra fortaleza desde el dolor), en donde esta representa a mujeres y niñas víctimas, a las que busca regresar el valor y la fortaleza [1]. 

Ana María Yepes Pava: Muy buenos días, Aida. 

Aida Lorena Jamioy Chicunque: Hola, Ana, muchas gracias por la invitación, me hace feliz darte a conocer mi trabajo y responder a tus preguntas.

Ana: Muchas gracias, qué tal si empezamos hablando un poco de tu experiencia de formación en las artes plásticas.

Aida: Mi experiencia fue muy bonita porque pude darles a conocer a los maestros y compañeros de la escuela cómo se vive en el resguardo indígena Camënts̈á Biya, cuáles son sus tradiciones y su cultura. En Manizales poco se ven los indígenas y en ocasiones salía con mi atuendo y mucha gente se me quedaba mirando como raro porque nunca habían visto a una persona vestida así. 

Ana: Tú te identificas como artesana y habiendo pasado por un pregrado de artes, ¿crees que la artesanía se puede convertir en obra de arte? 

Aida: Para nosotros, los artesanos, el arte no es sólo la pintura o el dibujo: la artesanía también es arte y su valor no es menor que el de un cuadro; el trabajo de diseñar un tejido para una manilla, un bolso o un collar, por ejemplo, no es muy distinto al proceso de creación de una pintura. El arte y la artesanía proponen un juego, se complementan, se unen y crean algo completo. 

Ana: ¿Cómo es que obras de comunidades indígenas, que llevan reflejados componentes importantes de sus tradiciones, se convierten en algo mercantil?, ¿cómo venderle a alguien una pieza que tal vez para él no signifique lo mismo o tenga la misma importancia? 

Aida: En mi pueblo mucha gente compra las artesanías solamente por la combinación de colores, porque le pareció bonita; y es una lástima que esas personas no sepan lo que significa la labor o el diseño que está detrás de esa pieza que están adquiriendo. Nosotros procuramos siempre explicarles de la labor y de lo que significan esas obras para nuestro pueblo. Que no compren sólo por comprar. 

Figura 2. Jamioy, Aida. (2019). Bëngbe Bojabnachan T set¨sanokan [Tejido]. Manizales: Pinacoteca de Bellas Artes

Ana: Hablando un poco de tu proyecto de grado Nuestra fortaleza desde el dolor ¿Qué te motivó a tratar los temas que trataste en él?

Aida: Fue en base a una experiencia. Yo trabajé un tiempo con las niñas del barrio San José, ellos me contaban sobre su vida y sus relatos desgarradores me motivaron a tratar el tema de la violación sexual de mujeres y niñas y sus secuelas físicas y psicológicas. 

Ana: ¿Te habría gustado cambiar algo del proceso? 

Aida: Me hubiera gustado invitar a la exposición a más personas víctimas de las situaciones retratadas para motivarles a seguir adelante, darles fuerza, mucho ánimo, que no tengan miedo, que sepan afrontar la vida. 

Ana: ¿A dónde te gustaría dirigir tu quehacer? 

Aida: Me gustaría construir un lugar, un espacio en donde se expusieran artesanías de todos los pueblos indígenas de Colombia, dar a conocer mi obra así como poder conocer la de otros artistas indígenas. También me gustaría seguir con el bordado, darle continuidad a la temática de mujeres y niñas pero enfocándola a cosas de acá de mi pueblo, Sibundoy (Putumayo, Colombia), dar a conocer personajes que salen en el Bëtscanaté (día grande, carnaval tradicional) y participar en eventos, en exposiciones. 

Ana: Para ir finalizando me gustaría preguntarte, ¿qué piensas sobre una persona blanca que quiera abordar el tema indígena como propuesta de creación? 

Aida: Primero me gustaría que esa persona conociera bien el pueblo, la cultura y tuviese mayor relación con la misma antes de llegar a hacer algo. 

Ana: Muchas gracias ¿Algo que quisieras añadir? 

Aida: Agradecerte por la entrevista y por dar a conocer mi trabajo.

Figura 3. Jamioy, Aida. (2019). Bëngbe Bojabnachan T set¨sanokan [Tejido]. Manizales: Pinacoteca de Bellas Artes

Después de la entrevista con Aida pude entender con mayor claridad la humanidad que guarda dentro de ella y en todo lo que realiza: cada punto de cada bordado es un hilo rojo que teje desde su corazón y su esencia directamente en el lienzo; los temas que abarca, las personas que recrea y los sentimientos que transmite hacen de su obra un lazo, un abrazo a quien necesita ayuda, valor y fuerzas para seguir adelante. Aprendí que el arte y la artesanía están en el mismo escalón, aunque la sociedad la mayoría de veces desprestigie a una y enaltezca a la otra.

Notas

[1] La exposición del proyecto Bëngbe Bojabnachan T set¨sanokan (Nuestra fortaleza desde el dolor) de la artista Aida Lorena Jamioy Chicunque se presentó el Julio 9 del 2019, en la Pinacoteca de Bellas Artes, en la Universidad de Caldas, tuvo como texto curatorial la frase: «Hablar de la madre tierra, mujer que pese a las dificultades de hoy, sigue generando vida». Además contó con la asesoría del artista Vicente Matijasevik quien sugirió la realización de los talleres de bordado y materiales reciclados con las mujeres y niñas del barrio San José.

Cómo citar:

Yepes, A-M. (2025). Indigenismo como creación artística. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 6 (10). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2025/08/22/indigenismo-como-creacion-artistica/

Fecha de recibido: 3 de enero de 2023 | Fecha de publicación: 22 de agosto de 2025

Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo.

ISSN: 2711-144

GARRIC Y EL MONUMENTO A LOS MATACHINES

Garric and monument to the matachines

Por: Jhon Jairo Betancur

Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | Jhon.11717502@ucaldas.edu.co

Figura 1. Betancur, Jhon. 2022. Fotografía Monumento a los Matachines. Riosucio, Caldas.

Hoy quiero hablarles del monumento que inspiró fantasías en mi imaginación de niño, compuesto por caricaturas de personajes desconocidos y portador de grandes mensajes que sólo podía especular cuando aún no sabía leer. Pasaba horas jugando a su alrededor, tratando de descifrarlo, de revelar sus secretos, de entender el origen de mi fascinación.

¿Cómo no tener por el diablo y por las artes tan apasionado fervor si en Riosucio, carente de estatuas, fue él quien me acercó con su figura de bronce a las formas de la fundición? Con su mirada amistosa y de forma tan piadosa se acercó a mí, reducido a mi estatura, para que pudiera observarlo, gozar y admirarlo, sentir con mis manos el detalle de cada una de sus formas. El mismísimo diablo, esculpido al altorrelieve sobre una placa —emblema a su vez de la junta del carnaval—, con una antorcha en su diestra y un calabazo en su siniestra, vistiendo la banda de quien es el presidente y regente de la fiesta. Surca los cielos por encima del Ingrumá y se encuentra envuelto por un frgamento de la partitura del himno del carnaval de Simeón Santacoloma. El diablo se encuentra emplazado en el Parque de la Candelaria de Riosucio, Caldas, desde 1967 y rinde homenaje póstumo a los matachines que impulsaron el carnaval. A la derecha del diabólico bajorrelieve se ubica otra placa que contiene un texto del poeta Luis Ángel Mendoza, que reza:

«Quiero que cuando muera
mi desfile funeral sea
con el diablo del carnaval
su himno y su bandera,
para que muestre altanera
la tumba de su poeta
y me cambie la receta
como a Garrik con su mal.
»

(Mendoza, Sf.)

Figura 2. Betancur, Jhon. 2022. Fotografía Monumento a los Matachines. Riosucio, Caldas.


Sorprende que un homenaje tan importante y una placa de fundición tan majestuosa, se encuentre en tan pésimas condiciones de abandono, emplazadas además en un soporte tan incipiente, pasando desapercibido incluso para mis paisanos. Pero allí está. Como diría Mercedes Sosa en su canción Las estatuas: “Su memoria procuran decir sin palabras y nos piden la poca limosna de mirarlas cuando quieren contarnos un cuento de la patria” (Sosa, 1972). Pese a ello, hoy este monumento sigue estando en mis más profundos afectos y, actualmente, siendo consciente de su contenido y significado, guardo la esperanza de que en algún momento tengan conmigo la gentileza de ponerme allí, junto al diablo y sus poetas, con el siguiete epitafio:

Quiero que cuando muera, 

mi desfile funeral, 

sea con pólvora y guarapo 

con capa y antifaz, 

para que llegue al aposento 

del diablo en el Ingrumá 

olor de culebra y de fermento 

y me venga a saludar 

para que me eche sus cuentos 

por toda la eternidad, 

seré su artista en el infierno, 

como lo fui del carnaval.

Y para entender la referencia al final del escrito de Mendoza les comparto el poema Reír Llorando de Juan de Dios Peza: 

«Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra— 

el pueblo al aplaudirle le decía: 

«Eres el más gracioso de la tierra 

y el más feliz…» 

Y el cómico reía. 

Víctimas del spleen, los altos lores, 

en sus noches más negras y pesadas, 

iban a ver al rey de los actores 

y cambiaban su spleen en carcajadas. 

Una vez, ante un médico famoso, 

llegóse un hombre de mirar sombrío: 

«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso 

como esta palidez del rostro mío. 

Nada me causa encanto ni atractivo; 

no me importan mi nombre ni mi suerte 

en un eterno spleen muriendo vivo, 

y es mi única ilusión, la de la muerte». 

—Viajad y os distraeréis. 

—¡Tanto he viajado! 

—Las lecturas buscad. 

—¡Tanto he leído! 

—Que os ame una mujer. 

—¡Sí soy amado! 

—¡Un título adquirid! 

—¡Noble he nacido! 

—¿Pobre seréis quizá? 

—Tengo riquezas 

—¿De lisonjas gustáis? 

—¡Tantas escucho! 

—¿Que tenéis de familia? 

—Mis tristezas 

—¿Vais a los cementerios? 

—Mucho… mucho… 

—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? 

—Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos. 

—Me deja —agrega el médico—perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros. 

—¿A Garrik? 

—Sí, a Garrik… La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa. 

—¿Y a mí, me hará reír? 

—¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta? —Así —dijo el enfermo—no me curo; ¡yo soy Garrik!… Cambiadme la receta. 

¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio! 

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe! Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa. 

El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas».

(Peza, 1884).

En este amado pueblo mío, de literatura matachinesca y desbordante creatividad, el diablo no presume de maléfica influencia: se nos presenta total. Este diablo del carnaval se renueva cada dos años, en persecución de lo actual, y ha dotado a los riosuceños de sentido poético para develar, de las pasiones, lo perecedero y lo artificial. Para nuestro desconsuelo, a pesar de contar con tan prolíficos artistas no gozamos de obras ni monumentos que acompañen nuestra cotidianidad. Ante esta carencia, el diablo, con su monumental presencia, lo compensa en los tiempos del carnaval. Guardamos un respeto sagrado por los viejos matachines, también tenemos esperanza en los nuevos matachines y aunque ante los grandes hitos que nuestro pueblo ha parido se presente titánica la empresa de figurar entre ellos, somos parte de la conservación del fuego de la tradición, pues el diablo ha poblado nuestra infancia de mágicos resplandores.

Figura 3. Betancur, Jhon. 2022. Fotografía El Monumento a los difuntos Matachines, con el cerro del Ingrumá de fondo. Riosucio, Caldas.

Referencias

Mendoza, L. Á. (Sf). El diablo del carnaval. Sin editorial.

Sosa, M. (1972). Las estatuas [Canción]. En Mucho más (pista 4). RCA Victor.

Peza, J. (1884). Reír Llorando. Antología Poética Biblioteca virtual universal.

Como citar:
Betancur, Jhon. (2025). Garric y monumento a los matachines. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 6 (10). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2025/10/25/garric-y-monumento-a-los-matachines/

Fecha de recibido: 19 de agosto de 2025 | Fecha de publicación: 25 de octubre de 2025