Garric and monument to the matachines
Por: Jhon Jairo Betancur
Estudiante de Artes Plásticas | Universidad de Caldas | Jhon.11717502@ucaldas.edu.co

Figura 1. Betancur, Jhon. 2022. Fotografía Monumento a los Matachines. Riosucio, Caldas.
Hoy quiero hablarles del monumento que inspiró fantasías en mi imaginación de niño, compuesto por caricaturas de personajes desconocidos y portador de grandes mensajes que sólo podía especular cuando aún no sabía leer. Pasaba horas jugando a su alrededor, tratando de descifrarlo, de revelar sus secretos, de entender el origen de mi fascinación.
¿Cómo no tener por el diablo y por las artes tan apasionado fervor si en Riosucio, carente de estatuas, fue él quien me acercó con su figura de bronce a las formas de la fundición? Con su mirada amistosa y de forma tan piadosa se acercó a mí, reducido a mi estatura, para que pudiera observarlo, gozar y admirarlo, sentir con mis manos el detalle de cada una de sus formas. El mismísimo diablo, esculpido al altorrelieve sobre una placa —emblema a su vez de la junta del carnaval—, con una antorcha en su diestra y un calabazo en su siniestra, vistiendo la banda de quien es el presidente y regente de la fiesta. Surca los cielos por encima del Ingrumá y se encuentra envuelto por un frgamento de la partitura del himno del carnaval de Simeón Santacoloma. El diablo se encuentra emplazado en el Parque de la Candelaria de Riosucio, Caldas, desde 1967 y rinde homenaje póstumo a los matachines que impulsaron el carnaval. A la derecha del diabólico bajorrelieve se ubica otra placa que contiene un texto del poeta Luis Ángel Mendoza, que reza:
«Quiero que cuando muera
mi desfile funeral sea
con el diablo del carnaval
su himno y su bandera,
para que muestre altanera
la tumba de su poeta
y me cambie la receta
como a Garrik con su mal.»
(Mendoza, Sf.)

Figura 2. Betancur, Jhon. 2022. Fotografía Monumento a los Matachines. Riosucio, Caldas.
Sorprende que un homenaje tan importante y una placa de fundición tan majestuosa, se encuentre en tan pésimas condiciones de abandono, emplazadas además en un soporte tan incipiente, pasando desapercibido incluso para mis paisanos. Pero allí está. Como diría Mercedes Sosa en su canción Las estatuas: “Su memoria procuran decir sin palabras y nos piden la poca limosna de mirarlas cuando quieren contarnos un cuento de la patria” (Sosa, 1972). Pese a ello, hoy este monumento sigue estando en mis más profundos afectos y, actualmente, siendo consciente de su contenido y significado, guardo la esperanza de que en algún momento tengan conmigo la gentileza de ponerme allí, junto al diablo y sus poetas, con el siguiete epitafio:
Quiero que cuando muera,
mi desfile funeral,
sea con pólvora y guarapo
con capa y antifaz,
para que llegue al aposento
del diablo en el Ingrumá
olor de culebra y de fermento
y me venga a saludar
para que me eche sus cuentos
por toda la eternidad,
seré su artista en el infierno,
como lo fui del carnaval.
Y para entender la referencia al final del escrito de Mendoza les comparto el poema Reír Llorando de Juan de Dios Peza:
«Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el más gracioso de la tierra
y el más feliz…»
Y el cómico reía.
Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».
—Viajad y os distraeréis.
—¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Sí soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!
—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho… mucho…
—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.
—Me deja —agrega el médico—perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros.
—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik… La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa.
—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta? —Así —dijo el enfermo—no me curo; ¡yo soy Garrik!… Cambiadme la receta.
¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe! Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas».
(Peza, 1884).
En este amado pueblo mío, de literatura matachinesca y desbordante creatividad, el diablo no presume de maléfica influencia: se nos presenta total. Este diablo del carnaval se renueva cada dos años, en persecución de lo actual, y ha dotado a los riosuceños de sentido poético para develar, de las pasiones, lo perecedero y lo artificial. Para nuestro desconsuelo, a pesar de contar con tan prolíficos artistas no gozamos de obras ni monumentos que acompañen nuestra cotidianidad. Ante esta carencia, el diablo, con su monumental presencia, lo compensa en los tiempos del carnaval. Guardamos un respeto sagrado por los viejos matachines, también tenemos esperanza en los nuevos matachines y aunque ante los grandes hitos que nuestro pueblo ha parido se presente titánica la empresa de figurar entre ellos, somos parte de la conservación del fuego de la tradición, pues el diablo ha poblado nuestra infancia de mágicos resplandores.

Figura 3. Betancur, Jhon. 2022. Fotografía El Monumento a los difuntos Matachines, con el cerro del Ingrumá de fondo. Riosucio, Caldas.
Referencias
Mendoza, L. Á. (Sf). El diablo del carnaval. Sin editorial.
Sosa, M. (1972). Las estatuas [Canción]. En Mucho más (pista 4). RCA Victor.
Peza, J. (1884). Reír Llorando. Antología Poética Biblioteca virtual universal.
Como citar:
Betancur, Jhon. (2025). Garric y monumento a los matachines. Portal Error 19-13. Revista de arte contemporáneo 6 (10). Disponible en: https://portal-error-1913.com/2025/10/25/garric-y-monumento-a-los-matachines/
Fecha de recibido: 19 de agosto de 2025 | Fecha de publicación: 25 de octubre de 2025
